Mehmet Ali Agca, quien intentó asesinar al papa Juan Pablo II en la plaza de San Pedro del Vaticano, en 1981, dejó muy claro en una entrevista que también sería sencillo disparar contra el papa Francisco. Lo dijo en julio de 2013 en el programa La Zanzara, de Radio 24; un espacio de humor de la emisora que pertenece al grupo Il Sole 24 Ore, propiedad de Confindustria, la patronal italiana. El enigmático y siempre sorprendente Ali Agca dijo: “Es fácil dispararle incluso a este papa, pero a nadie le interesa hacerlo. El papa Francisco es solo el rector de una parroquia”. (Recomendamos: entrevista con el papa Francisco sobre el futuro de la iglesia católica).
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Al margen del comentario despectivo del turco, quien aclaró que no lo pensaba matar, hay episodios de amenazas e intentos de asesinar a Bergoglio que han pasado inadvertidos para la opinión pública. Hemos citado ya unos cuantos en el capítulo sobre los servicios secretos, y todavía añadiremos el episodio del 12 y 13 de julio de 2017 durante la visita de Francisco al santuario portugués de Fátima. La seguridad asignada al pontífice detuvo a un marroquí que había comprado materiales sospechosos, como nitratos que se utilizan en la fabricación de bombas artesanales. Convenció a su esposa portuguesa, de profesión bombera, para que se infiltrase en la ambulancia que formaría parte del séquito del papa. El sospechoso estaba vigilado, y el probable intento de hacer estallar una bomba fracasó con la detención del matrimonio.
En agosto de 2021, una nueva amenaza volvió a poner en alerta máxima a los servicios de seguridad del Vaticano. Se había interceptado en Milán un sobre con tres balas de nueve milímetros en su interior. Escrito a mano figuraba el destinatario: “Papa. Ciudad del Vaticano. Plaza de San Pedro. Roma”. Acompañaba a las balas un breve comunicado donde se aludía al escándalo económico protagonizado por el cardenal Angelo Becciu, que sería juzgado en el otoño de 2022 en el Vaticano. El papa Francisco expulsó del cargo a ese purpurado. El motivo fue la compra de un inmueble en Londres por valor de unos 200 millones de euros que se sacaron del fondo de la Santa Sede destinado a los pobres. En relación con esta grave amenaza, solo se supo que el sobre con las tres balas lo enviaron desde Francia. Al margen de este detalle, de nuevo el Vaticano sigue guardando un clamoroso silencio sobre las hipotéticas investigaciones que se iniciaron.
Por la dark web corren todo tipo de amenazas directas contra el papa Francisco por parte de yihadistas y ultras que transpiran odio por todos los poros. A poco que uno se esfuerza, se encuentran videos con gente armada que dispara a una diana donde está la fotografía de Bergoglio. Otros tapados con pasamontañas y exhibiendo cuchillos amenazan con degollarlo, e incluso lo simulan con maniquíes con la cara del pontífice argentino. Acompañan siempre estas amenazas discursos incendiarios de todo tipo que intentan justificar el asesinato. Los yihadistas hablan siempre del “líder de los cruzados” al que hay que eliminar. Los ultras proclaman que es un hereje, el anticristo o un ser diabólico. Nada nuevo, nada que no hayamos visto ya hace mucho tiempo. Aparte de todo esto, lo más curioso son las conspiraciones y los planes diseñados que se van descubriendo en esa internet oscura, cuyo objetivo es asesinar al papa. Muchos de ellos resultan poco creíbles, porque parecen surgidos de la mente de un guionista fantasioso de una serie o una película apocalíptica.
Uno de los proyectos de atentado más espantosos que he descubierto para golpear al papa Francisco y el Vaticano se refiere a una operación que “se está preparando”, según pude leer en octubre de 2022 en una página de la dark web. Debía ejecutarse el día del funeral de Benedicto XVI, presidido por el papa argentino en la basílica de San Pedro. Se hablaba de lanzar una bomba termobárica de alto impulso que se puede comprar en la misma dark web, probablemente a alguna empresa rusa propiedad de mafiosos. Ese artefacto, que se afirma que Rusia ha utilizado en la guerra para invadir Ucrania, también se conoce como bomba de vacío o de combustible. Tiene un alto poder destructivo e incendiario. El 5 de enero de 2023, el funeral de Benedicto XVI transcurrió sin ningún susto, eso sí bajo un impresionante despliegue policial. No cabe duda de que la detonación de una bomba de estas características habría generado una gran explosión y centenares de muertos y heridos, en una zona de varios kilómetros.
Según el proyecto, que aún se podría adaptar a otra ceremonia, se hablaba de lanzarla desde un helicóptero por parte de “sacerdotes y laicos vinculados al FSSP Rad Trads”. La Fraternidad Sacerdotal de San Pedro (FSSP) es una sociedad clerical que surgió de los lefebvristas cismáticos cuyo principal objetivo es continuar con la liturgia antigua preconciliar. Con esta fraternidad, Bergoglio ha hecho una excepción en las restricciones que ha decretado para celebrar la misa en latín. Sí, son tradicionalistas, ultraconservadores, pero difícilmente se les puede vincular con la preparación de un atentado en el Vaticano. Fantasías de los teóricos de la conspiración, con escasa o nula credibilidad.
Marco, un experto en seguridad que trabaja en Milán, donde ha creado una empresa de protección de ámbito europeo, me comentaría que todas estas amenazas e intentos de asesinar a Bergoglio “no parecen demasiado coordinados ni preparados por profesionales. Algunos forman parte más bien de los deseos que de la realidad”. Aun así, “en la mayoría de los casos, todo indica que los kamikazes serían los que llamamos lobos solitarios, imbuidos de fanatismo, peligrosos, impredecibles y que algunas veces, pocas, llegan al objetivo de una manera sorprendente. Si existe alguna coordinación, por lo poco que sabemos y comentamos en los sectores de la seguridad que frecuento, no hay indicios en absoluto de una conspiración internacional. Se trataría de pequeños grupos formados por gente que cree erróneamente que hoy en día acercarse a una personalidad es fácil. El papa, por más que tenga una tendencia indisciplinada a acercarse a la gente y descuidar su seguridad, está rodeado de una nube de profesionales muy preparados que saben cómo actuar ante una emergencia”.
Ciertamente, no parece, por más intenciones y vileza que pongan los que querrían acelerar la desaparición física del papa, que exista un proyecto que sea serio y bien planificado. Los sectores y las personalidades ultraconservadores de la Iglesia tienen muy asumido que en este mundo de comunicación global es difícil ocultar nada. Tarde o temprano se acaba sabiendo prácticamente todo. Sin embargo, el magnicidio iría mucho más allá de la muerte del pontífice y afectaría irremisiblemente la credibilidad de toda la Iglesia universal. Tanto los reformistas como los tradicionalistas quedarían muy tocados. Ahora bien, obviamente, en este ámbito nunca se puede descartar nada.
* Traducción de Ana Herrera. Se publica con autorización de Penguin Random House Grupo Editorial. . Vicens Lozano es periodista e historiador, especialista en Italia y el Vaticano. Ha sido redactor de la sección de Internacional de TV3 de 1984 a 2019. Ha cubierto acontecimientos de gran alcance comunicativo e histórico, como los macrojuicios a la mafia de 1986, la independencia de las repúblicas Bálticas de 1991, la guerra de los Balcanes y el tsunami asiático de 2004.