La concesión para que empresas del país norteamericano puedan explotar 17 campos con reservas de aproximadamente 65.000 millones de barriles es el mayor acuerdo petrolero en la historia mundial. Venezuela posee las reservas de crudo más grandes del planeta, estimadas en 303.000 millones de barriles. Le sigue EE. UU., con 286.000 millones. El tercer lugar en el mundo de los gigantes petroleros lo tiene Arabia Saudita, con 268.000 millones de barriles. Bahréin, por su parte, tiene 175.000 millones de barriles de reservas. Las de Emiratos son más pequeñas: 113.000 millones. Kuwait está por los 103.000 millones y Catar “solo” con 25.000 millones de barriles (si bien es un gigante en el mundo del gas).
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Para hacerse una idea de la impresionante magnitud del acuerdo con Venezuela, recordemos la exclusividad para Estados Unidos de la explotación de 65.000 millones de barriles: la totalidad de las reservas de un país como Rusia son del orden de 80.000 millones. Se proyecta la inversión de hasta 100.000 millones de dólares por parte de la empresa privada y consorcios asociados (como la plataforma North American Blue Energy Partners-NABEP) para rescatar la infraestructura destruida y perforar nuevos pozos, así como para mejorar la calidad del petróleo pesado venezolano. Las concesiones otorgadas incluyen plazos de hasta 100 años para garantizar la seguridad jurídica de los proyectos. También EE. UU. tiene el derecho de adquirir el 20 % del crudo extraído en estos campos, al costo de producción.
¿En dónde estaría la contrapartida?: inversiones de NABEP por 100.000 millones de dólares para reconstrucción de infraestructura petrolera; pago de regalías del 16 % e impuesto sobre la renta corporativa del 34 %. Esto significa que aproximadamente la mitad del producto de explotación de esos 17 campos irá a parar al Estado venezolano. Sumas enormes, tanto para Venezuela como para los inversionistas. Los 65.000 millones de barriles, al precio promedio de 70 dólares el barril, darían una suma sideral de cuatro cuatrillones y medio de dólares (del sistema anglosajón). Sería el presupuesto colombiano de 22 años.
Pero hay más consecuencias: de hecho, con el acuerdo, desaparecen prácticamente las sanciones de EE. UU. a Venezuela. Y lo más inesperado: el anuncio de la presidenta en ejercicio del país, Delcy Rodríguez, de que “muchas empresas hacen fila” para vincularse a proyectos de inversión. Esta declaración y el hecho de que el acuerdo hubiera sido aprobado casi sin debate en la Asamblea Nacional indican una verdadera revolución: la apertura de una parte sustancial de la economía venezolana.
También, legitima a Rodríguez bajo la égida de EE. UU. El presidente Donald Trump ha hablado de la “muy respetada presidenta interina” al presentar el acuerdo. En declaraciones del miércoles 2 de septiembre, dijo que ella quería elecciones, pero que Venezuela aún no estaba preparada para ello. Es la apertura económica relativa, con un gobierno que había predicado y practicado lo contrario, y el reconocimiento del Ejecutivo estadounidense de que la fase de reestructuración económica y estabilización interna no serán de corta duración.
Otro propósito esencial del acuerdo para EE. UU. es aumentar su reserva estratégica petrolera. En 2009 había llegado a 726.000 millones de barriles, y ha disminuido drásticamente a 290.000 millones. Una parte importante de los 65.000 millones del acuerdo con Venezuela irá sin duda a incrementar esa reserva para casos de crisis. El caso de Venezuela muestra un país con grandes recursos estratégicos que pueden hacer la diferencia en el mundo.
Para ver aún más la magnitud en el continente, veamos las reservas petroleras de América Latina: Venezuela, 304.000 millones de barriles; Brasil 16.000 millones; Guyana 11.000 millones; Ecuador 8.300 millones; México 7.470 millones; Argentina 3.000 millones; Colombia 2.000 millones; y Perú 670 millones de barriles. Venezuela por sí misma tiene seis veces más reservas que el resto de los países latinoamericanos juntos.
El efecto en Colombia:
Venezuela pareciera comenzar un camino parecido al de las grandes potencias petroleras del mundo: aprovechamiento intensivo de sus recursos, como una base eventual de bienestar nacional. Por otra parte, un incremento gradual de los ingresos de Venezuela implicaría, por lo menos en principio, un aumento de la capacidad de compra del país y de sus habitantes. Se abre un espacio de oportunidad para una diplomacia activa y propositiva en lo económico.
Dado que la política de EE. UU. en Venezuela es priorizar lo económico, y que la política expresada por el presidente colombiano Abelardo de la Espriella acerca de Venezuela es actuar de acuerdo con EE. UU., es fácil comprender que el tratamiento de los problemas de la frontera común puede tener una insistencia clara en la seguridad y el control territorial, pero aunado a acuerdos económicos con Venezuela que permitan la formalización gradual de las actividades económicas de la enorme frontera de más de 2200 kilómetros.
Muy probablemente, la tendencia a la emigración desde Venezuela va a descender de manera importante en los próximos meses y años. Y otros podrían regresar si existe una economía mejorada, estabilidad y posibilidades de emprendimiento. La presión migratoria podría ser menor o incluso revertirse.
Una reorganización gradual de la infraestructura petrolera, gasífera y de energía hidroeléctrica podría representar una fuente de entendimientos estratégicos con Colombia. Ello permitiría renovar las ideas de interconexión no solo en las zonas de frontera.
Un solo problema existe en perspectiva: las exportaciones colombianas de petróleo son, en una muy alta proporción, hacia los EE. UU. Si ellos van a tener acceso amplio al petróleo venezolano, eso puede disminuir el margen de ventas de Ecopetrol en EE. UU.
En el mediano plazo podemos trabajar por renovar las importantes cifras de comercio binacional del 2007, en especial con la exportación de manufacturas y productos con valor agregado a Venezuela. Ello requiere diplomacia activa, capacidad de adaptación de los empresarios y mucho pragmatismo.
En el sector productivo, es notable el Acuerdo anunciado hace pocos dias, entre el Gno. vecino y el Grupo Gillinski, para actividades petroleras en el Orinoco de Venezuela. Un comienzo promisorio.
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