Horas frenéticas e incertidumbre colmaron el panorama en Venezuela este 3 de enero con la intervención militar de Estados Unidos en diferentes localidades del país, como Caracas, La Guaira y Aragua, que dieron como resultado la histórica caída de Nicolás Maduro, su captura y posterior traslado a Nueva York, junto con su esposa, a Estados Unidos en un buque militar a través del Caribe.
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Todo empezó de madrugada. La quietud de la noche se rompió a la 1:37 a. m., cuando se escucharon las primeras explosiones mientras aeronaves militares estadounidenses sobrevolaban Caracas. Las luces de las detonaciones y las columnas de humo avisaron del inminente ataque en pleno interior del territorio venezolano. Gustavo Petro, el presidente colombiano, fue de los primeros en confirmar el ataque casi una hora después, a través de su cuenta de X.
“A las 2 de la mañana ya yo me iba a acostar a dormir y escucho que pasa un avión muy bajo, pero sonaba demasiado duro, como que el motor sonaba demasiado fuerte. Yo me paré por la ventana principal, que es la que da al Ávila, que es la montaña que de alguna manera bordea Caracas y la separa del mar Caribe. Y cuando me regreso a la ventana del otro lado, veo que suena la primera bomba y, luego de ahí, no pararon las bombas”, relató a El Espectador una periodista venezolana que pidió no ser identificada.
Los principales ataques se situaron en las bases militares venezolanas, claves para el poder político-militar que caracterizó al chavismo, especialmente en el mayor fuerte militar del país, Fuerte Tiuna, al oeste de la ciudad, y en la base militar de La Carlota. “Mis papás están al frente del Fuerte Tiuna, en un barrio de al frente, y también vieron cómo se está prendiendo la montaña, y a ellos les quitaron la luz. Mis padres están un poco incomunicados y, bueno, mis amigos que grabaron videos y cosas en La Guaira vieron que explotaron la naval, que básicamente es donde se forman los marinos, y no tenemos mayor información. El Estado venezolano no ha dicho nada, entonces estamos bajo una situación de incertidumbre, donde nos estamos informando a partir de los reportes que generan los ciudadanos en redes sociales y que, con mucho esfuerzo, están tratando de hacer llegar”, continuó la periodista. Antes de su captura, Nicolás Maduro alcanzó a denunciar una “gravísima agresión militar” y a decretar el estado de conmoción exterior en Venezuela.
Entonces ocurrió la captura: Donald Trump celebró en Truth Social como una gran victoria que habían encontrado al líder del régimen venezolano y a su esposa, Cilia Flores, conocida en el chavismo como “la primera combatiente”, en una residencia en la capital del país.
“Estaba en una casa, que era más una fortaleza que una casa, con puertas de acero, con lo que se llama un espacio seguro, con acero por todos lados. No pudo llegar a entrar ahí y cerrar ese espacio; estaba intentándolo, pero fue asaltado tan rápido que no le dio tiempo. Estábamos preparados con grandes sopletes para atravesar ese acero, pero no los necesitamos, porque no llegó a entrar a esa zona de la casa”, contó Trump durante la jornada a Fox News.
Al tiempo se iban conociendo los detalles de la operación. Ya habían sido meses anticipando una operación militar en territorio venezolano. Trump avisó más de una vez que esta era una opción que contemplaban después de más de 35 ataques marítimos contra embarcaciones pequeñas y por lo menos 100 muertos, entre ellos un colombiano.
Según reveló la cadena CBS y después confirmó Trump, el Comando Sur de Estados Unidos, principal ejecutor de la ofensiva contra Venezuela, estaba listo para ejecutar la operación en Navidad, en plena madrugada del 25 de diciembre. Sin embargo, optaron por priorizar el ataque que hizo EE. UU. en Nigeria contra presuntos miembros de una célula del Estado Islámico. Finalmente, optaron por hacerlo este sábado, 3 de enero, la misma fecha en la que se entregó en Panamá el dictador Manuel Noriega en medio del asedio estadounidense en 1990.
Tan pronto se anunció la captura, Estados Unidos indicó que no iban a producirse más ataques en Venezuela y, hasta el momento de esta publicación, así fue. Más allá de los ataques focalizados en las bases militares, entrada la mañana en Venezuela no se reportaron nuevos ataques ni explosiones, algo que reiteró el secretario de Estado, Marco Rubio. Mientras tanto, según contó Trump, Maduro y Flores fueron extraídos en helicóptero de Caracas y trasladados al buque militar anfibio USS Iwo Jima, y emprendieron camino hacia Nueva York, donde, según la fiscal general de EE. UU., Pam Bondi, serían formalmente acusados por cargos de narcotráfico y corrupción prolongada. Las primeras imágenes de Maduro, difundidas por Trump, mostraban a Maduro con un overol color tierra, con los ojos vendados y con unos audífonos de protección de helicóptero.
Mientras tanto, en Caracas, las tiendas y estaciones de gasolina estaban abarrotadas. La incertidumbre dejó desiertas las calles de la capital, donde no hubo durante el día servicio de metro ni de autobuses y, según contó la agencia EFE, el tráfico vehicular fue casi nulo. “Tengo a mi mamá aquí arriba, en otro supermercado. Vinimos a comprar comida porque uno nunca sabe si harán otro ataque”, afirmó una ciudadana citada por EFE.
En cuanto a los principales remanentes del régimen chavista, se concentraron en rechazar tajantemente la intervención estadounidense. Los hermanos Jorge y Delcy Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional y vicepresidenta del país, están en Venezuela, según confirmaron medios de comunicación. Diosdado Cabello posó con chaleco y casco militar, rodeado de efectivos, al grito de “traidores nunca”, mientras Donald Trump celebró en una rueda de prensa que la operación no dejó ninguna baja estadounidense. Serán horas claves para Venezuela y toda Latinoamérica, con el vilo sobre el futuro político de una nación tras más de 25 años de dominio chavista.
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