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Cien días de Delcy Rodríguez, la dictadora de Trump (Análisis)

Muchas cosas han pasado en Venezuela en estos 100 días, pero no ha pasado nada. La permanencia de la señora Rodríguez en el palacio de Miraflores hoy se soporta más en la anuencia del presidente Donald Trump y el secretario de Estado, Marco Rubio, que en la legalidad de la institucionalidad venezolana.

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Ronal F. Rodríguez
13 de abril de 2026 - 08:00 p. m.
Fotografía difundida por el Palacio de Miraflores de la presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, durante un mensaje a la nación este miércoles, en Caracas (Venezuela).
Fotografía difundida por el Palacio de Miraflores de la presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, durante un mensaje a la nación este miércoles, en Caracas (Venezuela).
Foto: EFE - PALACIO DE MIRAFLORES
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Al cumplirse los 100 días de la extracción de Nicolás Maduro también se cumplen los 100 primeros días de Delcy Rodríguez en la presidencia encargada de Venezuela, punto de corte en el que se suele evaluar la gestión de los gobernantes y que, para muchos, marca el rumbo y prioridades de los gobiernos.

Los 100 días suelen ser el primer período para analizar los gobiernos elegidos democráticamente, son los días en que se posesionan los equipos de gobierno, se publican los decretos estratégicos, se radican los proyectos de ley prioritarios, se dan los discursos y se establecen los mensajes que definirán el tono de la nueva administración. Pero Venezuela no es una democracia, es una dictadura encabezada por Delcy Eloína Rodríguez Gómez, vicepresidenta encargada de la presidencia bajo la tutela de los Estados Unidos, un gobierno autocrático que carece de legitimidad, y estos primeros 100 días marcan la transformación narrativa con la cual el régimen chavista pretende permanecer en el poder.

A pesar de las piruetas legales del chavismo para argumentar la legalidad y constitucionalidad de su permanencia, es un gobierno y un proyecto político que carecen de legitimidad democrática. La Revolución Bolivariana se graduó formalmente de régimen autocrático el 1. ° de mayo de 2017 tras la convocatoria de Asamblea Nacional Constituyente de Nicolás Maduro, con la cual usurpó el poder de la Asamblea Nacional, el poder legislativo de mayoría opositora, después de años de socavar la institucionalidad e instrumentalizar los espacios de participación popular para imponer un proyecto que secuestró al Estado y hundió al país en una emergencia humanitaria compleja. La dictadura que se consolidó tras la celebración de las elecciones no competitivas de 2018 y el fraude electoral de 2024. El origen del poder que hizo vicepresidenta a Delcy carece de legitimidad.

Pero también carece de legitimidad por ser un régimen bajo la tutela que ejercen los Estados Unidos, la extracción de Nicolás Maduro independientemente del carácter dictatorial y represivo del régimen es una violación del Derecho Internacional, que se explica tras años de búsqueda de una salida negociada que fue burlada repetitivamente por el chavismo. Pero esto no deja de cuestionar que la permanencia de la señora Rodríguez en el palacio de Miraflores hoy se soporta más en la anuencia del presidente Donald Trump y el secretario de Estado, Marco Rubio, que en la legalidad de la institucionalidad venezolana.

Paradójicamente después de 27 años en el poder, hoy el chavismo está alineado con los intereses y las narrativas del actual presidente de los Estados Unidos. El proyecto político del fallecido Hugo Chávez que se declaró abiertamente antinorteamericano, uno de los principales detractores de la “intromisión” de los Estados Unidos en la región y el que, en su momento, enterró el ALCA (Área de Libre Comercio de las Américas), hoy está sometido al veleidoso Donald Trump.

La nueva cúpula chavista que se está configurando tiene un discurso que se cuida de no molestar al inquilino de la Casa Blanca, pero que, al mismo tiempo, intenta fingir algo de “dignidad revolucionaria” para no causar mayores rupturas internas que quiebren el frágil equilibrio que les permite permanecer, por el momento, en el poder. Difícil papel el de la presidenta encargada, potabilizar los exabruptos del captor del partido republicano frente a un chavismo fracasado, derrotado y humillado, después de la madrugada del 3 de enero, pero que aún tiene la posibilidad de inmolarse llevar al país en dirección al caos y la anarquía.

Por primera vez el liderazgo político en Venezuela está en manos de mujeres, Delcy Rodríguez es la primera mujer en ejercer la Presidencia de la República, en condición de encargada y en el marco de una dictadura tutelada. Igualmente, el liderazgo opositor está en manos de una mujer, María Corina Machado, quien cuenta con la legitimidad que obtuvo en las primarias de 2023, el respaldo que se granjeó al lograr demostrar el fraude electoral de 2024 y el reconocimiento de ser la premio nobel de paz de 2025, a pesar de la genuflexión con la cual intentó buscar la simpatía de Trump.

El proyecto chavista nuevamente se está reinventando al igual que ocurrió tras la muerte de Chávez, algunos de los esbirros más representativos y poderosos de la dictadura están siendo remplazados: Vladimir Padrino, exministro de Defensa; Tarek William Saab, exfiscal general; o Alex Saab, exministro de Industria y Comercio Nacional, como en su momento ocurrió con Rafael Ramírez, exministro de Petróleos y Minería; Jorge Giordani, exministro de Planificación; o Elías Jaua, exvicepresidente, entre otros que están siendo apartados del poder en los mandos medios y bajos, sin tanto ruido mediático.

Para el público interno se presentan los cambios en el tren de gobierno como una corrección del rumbo que perdió la Revolución Bolivariana, un regreso a la “época dorada” del chavismo. Para el público externo, especialmente ante los Estados Unidos, los enroques son presentados como la llegada de tecnócratas que van a desmontar gradualmente los desbarajustes y alinear la gestión en función de los intereses y prioridades de los norteamericanos. Pero en realidad hasta el momento solo se trata de un cambio de cúpula, con más vínculos y lealtades con la señora Rodríguez, un mensaje implícito de aspiración de continuidad del régimen.

El marco legal se transforma, aparentemente, en dirección a las directrices de Washington como sucedió con la Ley de Hidrocarburos y la Ley de Amnistía, pero tanto las formas como los resultados demuestran que el oficialismo controla toda la infraestructura institucional del Estado venezolano y los cambios realizados no son garantía real de una apertura. La incertidumbre prevalece agudizada por la dependencia de la administración que hacen las autoridades de los Estados Unidos de los recursos, lo que se refleja en lo poco atractiva que resulta Venezuela para la inversión norteamericana y explica el porqué de la “apertura” con los socios estratégicos aliados de Trump, a pesar del America First.

De otro lado, también se cuestiona el desescalamiento del aparato represor del régimen chavista anunciado por Delcy Rodríguez con el cierre del Helicoide, uno de los centros de tortura del chavismo, o el desmonte del CESPPA, Centro Estratégico de Seguridad y Protección de la Patria, estructura de seguridad responsable de la identificación, caracterización y persecución, creada por Maduro en octubre de 2013 y desmontada en febrero de 2026, pero quien fuera su primer es director el general Gustavo González López fue nombrado nuevo ministro de Defensa, a pesar de su prolijo accionar en la violación de los Derechos Humanos. Una pregunta que queda abierta respecto de la Ley de Amnistía, ¿qué va a pasar con los colombianos víctimas de la dictadura, los que fallecieron a manos del régimen y los que continúan presos?

Muchas cosas han pasado en Venezuela en estos 100 días, pero no ha pasado nada. Venezuela no es una intervención exitosa de los Estados Unidos en la región como la promociona el presidente Trump, o incluso, la líder opositora María Corina Machado. En Venezuela no hay libertad y la “estabilización, recuperación económica y transición” de las tres fases del plan del secretario de Estado Rubio por el momento son más transacción, repartición de los recursos venezolanos y perpetuación de la dictadura. Parafraseando, sin los epítetos, aquella frase de Cordell Hull, secretario de Estado, que se suele atribuir al presidente Franklin D. Roosevelt en referencia a Somoza el dictador nicaragüense, y en algunas ocasiones a Trujillo el dictador dominicano, Delcy Rodríguez es una dictadora, pero es la dictadora de Donald Trump.

Consulta el libro: 10 años de la respuesta de Colombia a la migración venezolana. Crisis, respuesta y desafíos del Observatorio de Venezuela de la Universidad del Rosario y la Fundación Konrad Adenauer.

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