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En el norte de Venezuela, socorristas y vecinos se apresuran a remover escombros para tratar de salvar vidas, tras los dos terremotos de 7,2 y 7,5 de magnitud que, con apenas 39 segundos de diferencia, sacudieron principalmente el estado de la Guaira y Caracas, la capital.
Mientras los equipos de rescate extranjeros siguen llegando poco a poco a la zona de la tragedia, bomberos, soldados y ciudadanos, consternados, buscan entre los edificios en ruinas, algunos usando sus propias manos y linternas en zonas sin electricidad.
“Está bajo los escombros y no tenemos el equipo para sacarlo”, señala Yamileth Jiménez sobre su hijo de 19 años, atrapado en su edificio de siete pisos que se derrumbó en La Guaira, la homónima ciudad costera, a las afueras de Caracas.
Y es que La Guaira, el estado costero que limita con Caracas y donde se encuentra el principal aeropuerto del país, es una de las zonas más afectadas. “Lo hemos perdido todo (...) Esperamos que la ayuda llegue pronto”, afirma con desesperación Pedro Pérez, de 64 años, propietario de un taller de tapicería, quien explicó que perdió su casa y su negocio y ahora duerme en la calle con su esposa e hijos.
La magnitud de la tragedia en esta zona es tal que las autoridades venezolanas anunciaron el desvío de equipos de rescate de otras partes del país hacia La Guaira, una zona que sufre desastres naturales con frecuencia: un deslizamiento de tierra en 1999 causó miles de muertes y se considera uno de los peores desastres naturales del país.
Cristian Carreño contemplaba su edificio de apartamentos, calcinado y peligrosamente inclinado hacia un lado. “Lo perdí todo (...) Me imagino que todavía hay gente dentro que no pudo salir. Es increíblemente devastador”, describió.
Mientras tanto, Juan Alberto Mendaño, maestro jubilado, trepaba entre los escombros, pasando junto a un cadáver, cuando divisó a una mujer atrapada que pedía ayuda con la mano. “Que Dios la rescate cuanto antes (...) Cuando oímos el grito, no pudimos hacer nada”, señaló Mendaño.
“Quiero saber dónde está mi hijo”
Como parte de las medidas desesperadas por hallar a sus seres queridos, diversas familias han publicado carteles de personas desaparecidas con fotos, mientras que otras comparten listas de nombres escritas a mano.
Los venezolanos en el extranjero señalaron dificultades para comunicarse con sus familiares debido a la interrupción del servicio telefónico en el país.
En el centro de Caracas, cientos de personas han pasado dos noches refugiadas en parques, estacionamientos y otros espacios abiertos.
Dayana Delgado, madre de tres hijos, preguntó dónde está la maquinaria pesada que las autoridades han prometido y aseguró que son los residentes quienes buscaban entre los escombros de los edificios.
“Quiero saber dónde está mi hijo, si está atrapado o en un refugio”, dijo refiriéndose a su hijo de 8 años desaparecido.
Otra madre sollozó y se derrumbó de dolor al ver cómo envolvían en mantas los cuerpos de sus hijos de 3 y 10 años y se los llevaban. Otras personas gritaban los nombres de los desaparecidos. Algunos permanecían en silencio, conmocionados.
Las horas decisivas: factores que pueden marcar la diferencia para hallar vida
Los terremotos dejan tras de sí una pregunta que se repite entre familiares y equipos de rescate: ¿cuánto tiempo puede sobrevivir una persona atrapada bajo los escombros? La respuesta, según especialistas en gestión de desastres y medicina de emergencias, no es exacta, pero existen varios antecedentes y la supervivencia depende de múltiples factores, entre ellos el acceso al aire y al agua, la gravedad de las lesiones y la rapidez con la que los rescatistas logren localizar a las víctimas.
Los expertos coinciden en que, especialmente, entre las primeras 24 y 48 horas se encuentra el período más crítico para encontrar sobrevivientes. Otros investigadores amplían la llamada “ventana dorada” hasta las 72 horas, consideradas cruciales para rescatar al mayor número posible de personas con vida.
Sin embargo, ese plazo no marca un límite definitivo. Existen casos documentados de personas rescatadas varios días después del colapso de un edificio. Entre los casos históricos se encuentra el ocurrido en 2023, cuando dos hermanos en Turquía sobrevivieron cerca de ocho días atrapados bajo las ruinas tras el devastador terremoto que afectó la frontera entre ese país y Siria, una tragedia que dejó más de 50.000 fallecidos, según estimaciones de Naciones Unidas.
Pero con el paso de los días las probabilidades disminuyen, demuestran los datos históricos.
Las posibilidades de supervivencia aumentan cuando el derrumbe genera cavidades o “espacios vacíos” dentro de la estructura. Estos huecos pueden proteger a las personas del peso directo de los escombros y permitirles conservar acceso al aire. Si además cuentan con agua y presentan pocas o ninguna lesión grave, es posible que sobrevivan durante varios días e, incluso, semanas, aunque estos casos son excepcionales.
No obstante, permanecer atrapado implica otros riesgos. La falta de alimentos y agua, la inhalación de polvo y la dificultad para respirar pueden agravar rápidamente el estado de salud de los sobrevivientes.
En el caso de Venezuela, el clima cálido reduce el riesgo de hipotermia entre las personas atrapadas, explicó al diario ‘The New York Times’ Ilan Kelman, investigador especializado en desastres y salud del University College de Londres. Sin embargo, advirtió que el sistema sanitario venezolano ya enfrentaba limitaciones importantes antes del sismo, lo que podría dificultar la atención de los heridos rescatados.
Los especialistas también alertan sobre los peligros que enfrentan quienes participan en las labores de búsqueda. Los expertos recuerdan que en este tipo de catástrofes algunas muertes han ocurrido poco después del terremoto cuando familiares o voluntarios ingresan a edificios inestables en un intento desesperado por rescatar a sus seres queridos. A ello se suma el riesgo de las réplicas, que pueden provocar nuevos derrumbes y poner en peligro tanto a las víctimas como a los equipos de emergencia.
Más allá de la respuesta inmediata, los expertos subrayan que la magnitud de una tragedia depende en gran medida de la calidad de las construcciones.
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