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Delcy Rodríguez busca ganar tiempo en busca de momentos mejores

Lejos de un escenario de transición democrática inmediata, el nuevo equilibrio de poder en Venezuela parece apuntar a un entendimiento pragmático entre Washington y el chavismo, centrado en la estabilidad y el petróleo, más que en cambios políticos de fondo.

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Txomin Las Heras Leizaola*
24 de enero de 2026 - 01:45 a. m.
La presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez.
La presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez.
Foto: EFE - ZURIMAR CAMPOS/ Palacio de Miraflores
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Sería muy ingenuo pensar que el gobierno de Delcy Rodríguez ha asumido las riendas del poder en Venezuela para entregar posteriormente el mando, sin más, a sectores de la oposición democrática, en el supuesto de que se estén dando los primeros pasos hacia un proceso de transición que el propio secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, dibujó tras los sucesos del pasado 3 de enero en la hoja de ruta de tres fases que presentó para el país caribeño: estabilización, recuperación y transición.

Resulta más realista pensar que el chavismo, profundamente impactado tras la intervención militar norteamericana que se llevó a su presidente, Nicolás Maduro, para ser juzgado en Nueva York, pero aún en control del país y sus instituciones, buscará cualquier forma de sobrevivir, adaptándose a la nueva realidad geopolítica de hegemonía absoluta que está queriendo imponer Donald Trump en el continente americano.

No de otra forma puede entenderse la invitación de Rodríguez al gobierno de los Estados Unidos a “trabajar conjuntamente en una agenda de cooperación, orientada al desarrollo compartido”, palabras que pronunció apenas al día siguiente de la incursión armada de Washington, dejando atrás la retórica antiimperialista que había signado a sus predecesores en el cargo. Es difícil olvidar las palabras de Hugo Chávez en la ONU en 2006 cuando dijo que “el diablo estuvo aquí ayer, huele a azufre todavía en esta mesa donde me ha tocado hablar”, en alusión al presidente George Bush que lo había precedido el día anterior en el uso de la palabra.

Este nuevo e inesperado modus vivendi venezolano-estadounidense quedó patente en las palabras expresadas por la propia presidente interina venezolana el 16 de enero durante su rendición de cuentas ante la Asamblea Nacional de Venezuela, quien en una declaración para explicar la nueva modalidad de venta del petróleo de su país, mediante la cual Estados Unidos se encarga de cobrarlo para luego transferirlo a las autoridades de Venezuela a través de unos fondos soberanos, apuntó: “Estamos avanzando hacia un modelo mixto, más flexible, que promueva la eficiencia y garantice ingresos directos al país”.

Como queda en evidencia, la voluntad del gobierno venezolano de seguir las directrices de Washington está fuera de toda duda y ha sido reconocida por el propio Trump quien afirmó el 14 de enero tras una llamada telefónica con Rodríguez que “hoy tuvimos una conversación excelente y ella es una persona fantástica. De hecho, es alguien con quien hemos trabajado muy bien”.

Pero esta sintonía entre la Casa Blanca y el Palacio de Miraflores parece estar funcionando exclusivamente en el campo económico, en consonancia con las prioridades que se ha planteado el gobierno de Estados Unidos de garantizar en primer lugar la estabilidad en el país caribeño y la reactivación de su industria petrolera, algo de lo que Rodríguez parece haber tomado nota para tratar de asegurar su futuro político.

Hasta la fecha no se ha producido ninguna medida ni gesto en Venezuela que apunte a una transición política hacia la democracia, más allá de la declaración de la presidenta venezolana durante una rueda de prensa el 14 de enero dijo que “se abre a un nuevo momento político” en el país y de la excarcelación a cuentagotas -que no liberación pues siguen sujetos a medidas cautelares- de una fracción todavía muy pequeña de los cientos de presos políticos que hay en las cárceles venezolanas.

La estrategia de las autoridades en Venezuela parece ser la de satisfacer las demandas económicas y petroleras de Trump, ayudarlo a mantener la estabilidad en el país -para lo que cuentan con unas Fuerzas Armadas por los momentos fieles y un aparato represor intacto- y darle tiempo al tiempo a la espera de que las prioridades geopolíticas de Washington apunten a otras latitudes o simplemente se sientan satisfechas con el trabajo que el chavismo les está haciendo.

Salvando las distancias de tiempo y lugar, cabe recordar que tras el fin de la Segunda Guerra Mundial en 1945 los republicanos españoles, junto con los nacionalistas catalanes y vascos que resultaron perdedores en la Guerra Civil de España, guardaban la esperanza de que los vencedores de la contienda encabezados por los Estados Unidos procediesen a sacar del poder al dictador Francisco Franco, con el fin de dejar libre de regímenes fascistas al continente europeo.

Sin embargo, las prioridades geopolíticas derivadas de la Guerra Fría que demandaban una lucha frontal contra el comunismo permitieron que Estados Unidos terminase tolerando la dictadura franquista, lo que fue aprovechado por Franco para reinar a sus anchas por más de 35 años hasta el día en que murió en su propia cama.

*Txomin Las Heras Leizaola es presidente de Diálogo Ciudadano Colombo Venezolano y trabajó como investigador adscrito del Observatorio de Venezuela de la Universidad del Rosario.

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Por Txomin Las Heras Leizaola*

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