
El último piso del Marriott es la sede de facto de la embajada estadounidense en Caracas.
Foto: Todd Heisler | The New York Times
Desde el exterior, el JW Marriott de Caracas tiene un aspecto bastante normal: una torre de 17 pisos de ladrillo expuesto situada en un distrito financiero que antaño fue vibrante, pero que ahora está apagado.
Pero si uno se adentra en su cavernoso vestíbulo climatizado, es obvio que no se trata de un hotel cualquiera.
Un grupo de estadounidenses fornidos, tatuados y bigotudos, que parecen sacados del reparto para una unidad de operaciones especiales vestida de civil, merodean por la entrada y evalúan a quienes entran, negándose a decir qué...
Por Simon Romero y Todd Heisler | The New York Times
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