El fenómeno climático de El Niño, que ya afecta a varios países de la región, llega a Venezuela no solo con altas temperaturas y sequía, sino también como un factor que podría profundizar las desigualdades y la crisis humanitaria que atraviesa el país.
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Venezuela podría enfrentar temperaturas por encima de los niveles habituales desde septiembre de 2026, con aumentos estimados de entre 2 y 3 grados centígrados, según el Centro Internacional para la Investigación del Fenómeno de El Niño (Ciifen). El periodo de mayor intensidad se espera entre octubre y diciembre, cuando podría presentarse una fuerte sequía que añadiría presión sobre servicios esenciales como el suministro de agua, la generación hidroeléctrica y la producción agrícola.
El Niño es un patrón climático natural asociado al calentamiento de las aguas del océano Pacífico que altera los regímenes de lluvia y temperatura en Venezuela y otros países de América Latina. Entre sus efectos está la formación de masas de aire seco que pueden intensificar las condiciones de sequía.
El problema es que Venezuela recibe este fenómeno con un sistema de servicios públicos que arrastra años de dificultades. Fuera de Caracas, los apagones son recurrentes y en algunas zonas se han registrado jornadas enteras sin electricidad. En Guárico, habitantes de Tucupido y Calabozo protestaron durante tres días consecutivos por las fallas en el servicio, mientras que en Chaguaramas los vecinos llegaron a bloquear la carretera nacional. En Altos de Jalisco, en Maracaibo, también hubo manifestaciones por los cortes constantes.
“Venezuela es un país en el cual prevalece la emergencia humanitaria compleja. Si bien después de la extracción de Nicolás Maduro se esperaba una transformación en Venezuela, los anuncios que se han hecho en materia económica siguen siendo eso: anuncios. La transformación material de la vida de los venezolanos no se ha dado”, afirmó Ronal Rodríguez, vocero del Observatorio de Venezuela de la Universidad del Rosario.
Venezuela enfrenta desde hace años una crisis eléctrica marcada por fallas recurrentes, deterioro de la infraestructura y falta de mantenimiento. Mientras el Gobierno atribuye los cortes a las sanciones internacionales, sectores de la oposición, organizaciones no gubernamentales y expertos señalan problemas estructurales y presuntos casos de corrupción.
Para Rodríguez, esta precarización podría hacer que los efectos de El Niño se manifiesten de manera distinta a otros países de la región. La población está acostumbrada a los cortes de servicios y a las dificultades para acceder a bienes básicos, pero esto no significa que el impacto sea menor. Por el contrario, el experto advierte que la situación podría profundizar las diferencias entre Caracas y las ciudades periféricas, donde históricamente los problemas de servicios públicos han sido mayores.
Además, existe poca información para determinar la capacidad real del sistema eléctrico venezolano. Según Rodríguez, la falta de datos dificulta conocer el estado de la generación eléctrica. A esto se suma la presión por aumentar la producción petrolera, que podría elevar la demanda energética mientras la recuperación de la infraestructura requiere varios años.
“No se produce energía de la nada”, sostiene el experto, al señalar que el país arrastra décadas de falta de inversión y rezago tecnológico. En este escenario, considera que la recuperación del sector petrolero podría concentrar recursos y atención estatal, mientras las regiones más alejadas de Caracas quedan más expuestas a los efectos de la crisis.
Una crisis que también llega a los alimentos
El impacto de El Niño también podría sentirse en la producción agrícola y, por esa vía, en el precio de los alimentos. Eduardo Cudevich, ingeniero agrónomo e integrante de la Sociedad de Ciencias Naturales de La Salle, contó a Correo del Caroní que ha recibido reportes de productores de Unare, Guárico, Cojedes y otras zonas de los Llanos que ya han perdido cultivos por la falta de lluvias. Algunos incluso tuvieron que volver a sembrar después de perder la primera cosecha.
Cuantificar las pérdidas, sin embargo, es difícil. Cudevich explicó al mismo medio que Venezuela no cuenta con una red suficiente de estaciones meteorológicas activas ni con datos públicos que permitan comparar el comportamiento de las precipitaciones durante períodos prolongados. Esta falta de información dificulta tanto dimensionar los daños como determinar qué producir y dónde.
A esto se suma el aumento de los precios de los alimentos y las dificultades económicas que enfrentan productores y consumidores. Según lo comentó en el mismo medio Marianella Herrera, especialista en seguridad alimentaria de la Fundación Bengoa para la Alimentación y Nutrición, la inseguridad alimentaria en Venezuela responde a múltiples factores y no puede atribuirse únicamente al clima.
“La inseguridad alimentaria que experimentan la mayoría de los hogares hoy en día en Venezuela viene dada por un componente multidimensional, multifactorial, ¿verdad? Porque si fuera un solo factor, que fuera el fenómeno de El Niño, sería hasta un poco más fácil de revertir y de abordar”, afirmó Herrera para el medio.
Los más vulnerables
El fenómeno podría afectar además a poblaciones que ya enfrentan condiciones críticas. Según un reporte reciente de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), entre ellas están las víctimas de los terremotos de magnitud 7,2 y 7,4 que sacudieron La Guaira el pasado 24 de junio y dejaron más de 4.800 muertos y 16.740 heridos.
La OIM advierte que la gestión de los escombros será uno de los principales desafíos, tanto por el impacto ambiental como por la complejidad de las labores de remoción. Un empeoramiento de las condiciones climáticas podría dificultar estos trabajos, afectar a las comunidades desplazadas y limitar el acceso de los equipos humanitarios. Los daños directos a viviendas e infraestructura podrían ascender a USD 37.000 millones, según una evaluación preliminar de la ONU.
“Respecto a las víctimas de los terremotos, sin lugar a dudas, serán una población que continuará en una situación de alta vulnerabilidad. Sabemos que las autoridades venezolanas no han respondido con las dinámicas que se requieren aún frente a una situación como la que ha enfrentado Venezuela”, afirmó Rodríguez.
Para el experto, las comunidades que ya se encuentran en condiciones de vulnerabilidad podrían asumir buena parte de los costos adicionales que genere El Niño. Así, Venezuela no enfrenta únicamente una nueva emergencia climática, sino que lo hace sobre una estructura social y de servicios debilitada por años de crisis.
“Venezuela no está preparada para atender ninguna situación: ni la crisis por la dinámica de los terremotos, ni la emergencia humanitaria compleja y prolongada en la que el chavismo hundió al país, ni tampoco las emergencias que se causan en materia climatológica por la llegada de El Niño”, concluyó Rodríguez.
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