Estados Unidos y Venezuela coinciden en que Héctor “Niño” Guerrero, uno de los criminales más temidos del continente y líder del Tren de Aragua, murió durante una operación conjunta. Hasta ahí llega el acuerdo. Desde ese mismo momento comenzó una disputa por el relato: mientras Donald Trump presentó el ataque como una operación del Comando Sur, el chavismo se apresuró a reivindicar el protagonismo venezolano y a reducir el papel estadounidense a un apoyo tecnológico.
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De entrada, Trump presentó el golpe como una operación del Comando Sur de Estados Unidos, la dependencia militar del Pentágono encargada de los asuntos militares de la región (como los ataques contra las narcolanchas, por ejemplo). Sin embargo, desde Caracas parece manejarse otra versión de lo ocurrido. “Aquí no había Tren de Aragua. Fue echado de Venezuela. Quedaba un personaje, y desafortunadamente para él y sus seguidores”, dijo Diosdado Cabello, ministro del Interior en su habitual vitrina televisiva, “Con el mazo dando”. También hizo énfasis en un punto que discrepa, hasta cierto punto, con lo anunciado por Trump. Según Cabello, el aporte de Estados Unidos se limitó al apoyo tecnológico especializado y a mecanismos de cooperación e intercambio de información, contrario a lo que afirmó Trump y ya mencionamos: que se trató de una operación militar estadounidense.
La muerte de Niño Guerrero se produjo casi tres años después de que más de 11.000 efectivos venezolanos tomaran la cárcel de Tocorón, el centro penitenciario de Aragua, donde surgió la organización criminal y cuyas instalaciones sirvieron de fortín para consolidar las redes que pusieron en jaque al continente entero. Reportes de prensa señalaron poco después de ese operativo que Guerrero se había refugiado en las minas del sur de Venezuela, pero hasta este junio estaba fuera del radar y del primer plano de la discusión en el país.
Lo que no se puede descartar de ninguna manera, a esta altura, es que se trató de una operación conjunta. ¿Pero las diferencias entre ambas versiones son simplemente de comunicación o revelan cómo se está ejerciendo hoy el poder en Venezuela? Dicho de otra forma, también cabe plantear una contrapregunta: ¿de verdad importa quién hizo qué? Es una duda válida y permite observar con lupa cómo está funcionando realmente el poder en el Estado venezolano, más de seis meses después de la caída de Nicolás Maduro. Para Víctor Mijares, docente e investigador de la Universidad de los Andes, el solo hecho de admitir la cooperación tecnológica refleja una colaboración mucho más profunda.
“Desde antes de la extracción de Maduro ya se había hablado abiertamente de una autorización por parte de Donald Trump para que la CIA actuara en Venezuela. Se presume que esa cooperación no ha hecho sino aumentar desde el 3 de enero y que, en este caso, pudo haber existido una intervención motivada no solo por los intereses de Estados Unidos, sino también por algún sector del chavismo que, al menos públicamente, dijo haber invitado a Estados Unidos a participar en esta operación conjunta (...) Esta localización y la precisión del ataque nos indican claramente que existe una fuerte cooperación entre el aparato de inteligencia y el aparato militar de Estados Unidos con sus homólogos venezolanos”, indica.
Advierte, además, que esto refuerza la teoría de que la cooperación, o los nexos que existen entre Washington y Caracas, tienden, con resultados como este, a proyectarse únicamente a largo plazo, en contra de lo que se ha sostenido en otros momentos.
Las caras del chavismo
Hasta ahora, casi una semana después del operativo, Cabello ha sido la principal voz que se ha pronunciado sobre esta operación. También es cierto que lo que afirma el ministro contradice en cierta forma lo que señaló el Ministerio de Comunicaciones, que fue el primero en confirmar que fue una operación conjunta. Sin embargo, a estas alturas, Diosdado Cabello representa para el chavismo su rostro más ortodoxo: el más arraigado a la filosofía de Hugo Chávez, a quien acompañó desde 1992 en el primer intento de golpe de Estado. Representa el ala más apegada a la defensa de la soberanía venezolana, al relato del enemigo externo y de la amenaza imperialista. Por todo ello, también es el sector más distante de cualquier negociación o canal de comunicación con Washington.
Incluso está involucrado en la conocida acusación formulada por Estados Unidos sobre el Cartel de los Soles, por la que ese país ofreció una recompensa de USD 25 millones. Ronal Rodríguez, investigador del Observatorio de Venezuela de la Universidad del Rosario, lo resume precisamente de esa forma: “Cabello cumple el papel de administrar la narrativa interna del chavismo mientras otros sectores gestionan la relación con Washington”.
“Diosdado Cabello es el encargado de contener, en el plano interno, la percepción de que en Venezuela ese tutelaje representa una pérdida de soberanía. Por el contrario, busca presentarlo como una continuación de la Revolución Bolivariana (...). Es muy llamativa la forma, la puesta en escena y las narrativas que construyen. Hoy, Diosdado Cabello intenta validar las acciones de Estados Unidos, que violan la soberanía nacional, como si fueran un avance de la revolución”, explica.
Mientras Cabello se aferra a la esencia del chavismo, Delcy Rodríguez sigue acomodando a su silueta el Estado venezolano. En las últimas horas removió del Ministerio de Hábitat a quien fuera edecán de Nicolás Maduro, Jorge Márquez. Asimismo, reubicó a la hija menor de Hugo Chávez, Rosinés Chávez, quien se encontraba al frente del Instituto Nacional de Parques y ahora quedará en la Misión Venezuela Joven.
Más allá de quién aportó la inteligencia, la tecnología o ejecutó el ataque, el operativo terminó mostrando algo más importante que la propia caída de Guerrero. Mientras Washington no tuvo inconveniente en presentar la operación como una muestra de su liderazgo en la región, el chavismo se ha esforzado por contar la misma historia desde la óptica de la soberanía venezolana. La diferencia puede parecer un asunto de forma, pero dice mucho sobre cómo Caracas administra hoy la relación.
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