La disputa entre “influencers” chavistas tras la captura de Nicolás Maduro dejó al descubierto tensiones internas dentro del oficialismo que hasta ahora se mantenían fuera del debate público digital. En un contexto donde las redes sociales se han convertido en uno de los principales escenarios de propaganda y movilización política, las fracturas entre figuras afines al régimen evidencian un posible reacomodo dentro de la Revolución Bolivariana.
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El régimen chavista atraviesa una de las crisis más profundas de su historia luego del ascenso de Delcy Rodríguez como presidenta interina, un escenario que intensificó las tensiones internas dentro del oficialismo. En medio de este clima de incertidumbre, varios “influencers” cercanos al chavismo comenzaron a cuestionar públicamente a la nueva cúpula de poder, alimentando sospechas sobre divisiones dentro del movimiento.
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Uno de los casos más visibles fue el de Diego Omar Suárez, conocido en redes como “Michelo”, quien acumula más de 459.000 seguidores en Instagram. El creador de contenido calificó a Rodríguez como una “Judas femenina” y acusó tanto a ella como a su hermano, Jorge Rodríguez, de haber participado en una supuesta conspiración para entregar a Maduro. “¿Qué harían ustedes si me ven a mí con el jefe de la CIA en Venezuela recibiendo instrucciones luego de la captura de Maduro?”, escribió en un mensaje que provocó una fuerte discusión entre figuras afines al chavismo.
Según Alejandra Martínez, directora para América Latina de la Fundación Libertad y Desarrollo, el chavismo habría recurrido durante años a la contratación de “influencers” extranjeros para fortalecer su estrategia comunicacional. Tal sería el caso de Michelo, quien presuntamente habría recibido pagos de hasta USD 5.000 mensuales por parte del Ministerio de Comunicación del régimen venezolano.
Martínez explicó además que actualmente existen fracturas internas entre sectores del chavismo, especialmente alrededor de Delcy Rodríguez, cuyos aliados impulsan un discurso más cercano a Estados Unidos y favorable a las inversiones extranjeras. En ese contexto, parte de la red de “influencers” oficialistas ha comenzado a promover una narrativa enfocada en defender la estabilidad económica y atraer capital internacional.
Las declaraciones de Michelo provocaron respuestas inmediatas dentro del chavismo digital. Indira Urbaneja, cercana a Diosdado Cabello, e Iris Varela defendieron a Rodríguez y cuestionaron al creador de contenido. En contraste, Mario Silva adoptó una postura más crítica frente a la nueva cúpula del oficialismo y expresó su descontento con el rumbo actual del régimen.
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“No puedes estar más enojado que nosotros con lo que ha sucedido en Venezuela […] Estamos tragando arena para negociar con el agresor”, afirmó Urbaneja en redes sociales.
Por su parte, Mario Silva —históricamente cercano a Hugo Chávez— también respondió a Michelo y marcó distancia frente a quienes intentan justificar la situación actual del régimen. “En 2018 no estaba en Washington, como tú (haciendo referencia a Urbaneja), haciendo lobby. Estaba aquí, defendiendo la Revolución Bolivariana”, afirmó.
Para Ronal Rodríguez, investigador del Observatorio de Venezuela de la Universidad del Rosario, el chavismo fue pionero en utilizar las redes sociales como herramienta de conexión política con sectores populares y como mecanismo para impulsar figuras con capacidad de incidencia pública.
Sin embargo, explica que el ecosistema comunicacional del oficialismo cambió con el tiempo: la propaganda dejó de depender exclusivamente de la televisión y migró hacia las plataformas digitales, donde el chavismo necesitaba mantener presencia e influencia.
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Por ello, el peso político de estos influenciadores no debe subestimarse. Las disputas entre ellos reflejan más que simples peleas en internet, evidencian las fisuras internas de un movimiento que durante años utilizó las redes sociales para consolidar y controlar su narrativa pública.
Rodríguez señala además que, tras la salida de Hugo Chávez de la escena pública, Diosdado Cabello asumió gran parte del protagonismo comunicacional dentro del chavismo, rol que todavía conserva a través de su programa Con el Mazo Dando. No obstante, el auge de las nuevas tecnologías transformó el escenario político y obligó al oficialismo a adaptarse a dinámicas digitales más rápidas y descentralizadas.
Según Martínez, una de las narrativas emergentes dentro del oficialismo consiste en presentar cualquier crítica al régimen como una amenaza para la llegada de inversiones extranjeras. Bajo esa lógica, “hay que hablar bien de Venezuela para que los inversionistas tengan confianza”. Ese discurso es identificado por algunos sectores como un “chavismo 3.0” o, en tono crítico, “rodrigato”.
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La experta también advirtió que distintos organismos internacionales han denunciado el uso de “bots” e inteligencia artificial para amplificar propaganda oficialista, técnicas que, según afirma, fueron tomadas de modelos de inteligencia y desinformación utilizados por Rusia y China.
Para Rodríguez, lo que ocurre actualmente en Venezuela refleja un reacomodo interno dentro de la Revolución Bolivariana. Aunque las divisiones existían desde hace años, ahora comenzaron a hacerse visibles públicamente. En ese contexto, resulta llamativo que varios de los principales voceros e “influencers” históricamente vinculados al chavismo se hayan alineado rápidamente con posiciones más cercanas a Estados Unidos.
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