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“Debemos informar que, lamentablemente, ya tenemos 589 personas fallecidas y 2.980 personas heridas. Pero también, hemos rescatado con vida decenas de personas, que nos causa alegría que puedan dar ese abrazo a su familia y a sus seres queridos”. Esa fue la declaración de Delcy Rodríguez el pasado 27 de junio, tres días después de que un doble sismo sacudiera Venezuela.
“Hemos rescatado”.
Esas dos palabras fueron las que más causaron indignación en todo el país, en todas las familias, adentro y afuera. Porque quienes hicieron el rescate no fueron funcionarios del régimen de Rodríguez, un gobierno “encargado” cuyo plazo constitucional de 180 días expiró unos días después de la declaración, el 3 de julio, y que se extendió en medio de cuestionamientos legales.
Quienes en verdad se pusieron en acción fueron voluntarios venezolanos que abandonaron sus trabajos, médicos que convirtieron el maletero de su carro en una farmacia, jóvenes que viajaron desde Barquisimeto a través de barreras que les ponía su mismo gobierno, bomberos brasileños, topos mexicanos, una médica japonesa que necesitaba traductor para hablar con los damnificados.
Dos semanas después de que la tierra se moviera de su lugar hasta unos 40 centímetros, según la NASA, el saldo es de 3.889 muertos, casi 17.000 heridos, más de 800 edificios afectados solo en La Guaira. Y los problemas se apilan como cuerpos en la calle. La emergencia sanitaria, según la Organización Panamericana de la Salud, está “lejos de haber terminado”.
Hasta ahora empiezan a dilucidarse riesgos como los de brotes de zika o sarampión, lo que promete agregar un componente extra de dificultad al ya frágil sistema de salud, no solo por la infraestructura casi nula. La mitad de los profesionales de salud locales fueron directamente impactados: murieron, resultaron heridos o están desaparecidos.
La ONU intenta recaudar USD 300 millones para las labores más urgentes de la recuperación, mientras el Fondo Monetario Internacional negocia cómo desbloquear activos venezolanos congelados en el exterior. Se necesita dinero, y mucho. Se estiman entre USD 12.000 y USD 20.000 millones, como mínimo, para la reconstrucción.
En medio de todo esto, la fotorreportera Sofía Valeria Martínez González fue a La Guaira con su cámara para retratar lo único que el terremoto no pudo derribar: el espíritu de la gente.
Esta selección hace parte de la serie de su trabajo, editada junto a Luis Fernando Luque. Va dedicada a todas y cada una de las personas que han rescatado la esperanza de un país de entre los escombros. Algunos tienen nombre, pero la mayoría no. Como su trabajo, prefirieron quedarse en el anonimato.
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