No alcanzó a transcurrir un mes completo entre la salida de Vladimir Padrino López, el polémico exministro de Defensa de Nicolás Maduro, y su vuelta al gabinete ministerial de Delcy Rodríguez, la lideresa encargada en Venezuela. Este lunes se hizo oficial su nombramiento como ministro de Agricultura y, con este regreso, queda más que demostrado que, más que una purga, el chavismo, en cabeza de Rodríguez, se ha venido reacomodando de forma radical tras la caída y el arresto de Maduro.
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Inicialmente, la salida de piezas clave del entorno del depuesto líder, como Alex Saab, Tarek William Saab o el propio Padrino, parecía perfilarse como una victoria para el ala chavista asociada a Delcy Rodríguez y a su hermano Jorge, presidente de la Asamblea Nacional, quienes hoy concentran buena parte del poder en Venezuela. Pero por lo menos dos de estos últimos han regresado después de haber sido desplazados: Saab (el fiscal), a quien Chávez bautizó como “el poeta de la revolución”, fue designado a los pocos días de su salida como de la fiscalía como jefe de la Misión Viva Venezuela, un cargo en el que, según Delcy, “tendrá la responsabilidad de continuar con esta gran misión para darle vida al alma, al ser nacional, a lo nuestro, lo tradicional, originario y popular, fortaleciendo nuestra identidad cultural y el orgullo de ser venezolanos”.
Si bien Rodríguez ha cambiado a más de una decena de ministros en sus primeros 100 días como líder, movimientos como los de Padrino y Saab ameritan plantear la pregunta de qué tan profunda es realmente la depuración del chavismo. Probablemente este último llegue a un cargo más afín a su pasado con la literatura y las artes. Caso completamente contrario al de Padrino: de ser el principal arquitecto de la integración de las Fuerzas Militares al aparato estatal con Nicolás Maduro, ahora pasa a manejar una cartera completamente alejada de su experiencia castrense y, dentro de la estructura del poder en Venezuela, menos relevante.
“Indudablemente pierde poder. No es lo mismo ser el ministro de Defensa en Venezuela, en un régimen donde el estamento militar tiene un papel fundamental, como lo ha tenido a lo largo de estos últimos 27 años. Pasar de ahí a ser ministro de Agricultura, naturalmente tiene un peso menor”, analiza Txomín Las Heras, analista e investigador adscrito del Observatorio de Venezuela de la Universidad del Rosario. Ya no es la cabeza militar ni el hombre que afrontó, para Nicolás Maduro, algunas de las crisis más complicadas, como las protestas de la década anterior, ni quien estructuró la represión en el país que dejó más de 800 presos políticos antes de la entrada en vigor de la ley de amnistía que se encuentra en proceso.
Tanto protagonismo durante los años hace que también sea una figura difícil de desplazar por completo. Por lo que representa para el aparato castrense venezolano y por lo que puede llegar a saber de todo lo que fueron los 12 años de Maduro (hoy detenido en Estados Unidos por cargos relacionados a narcoterrorismo y cuya administración ha sido acusada de crímenes de lesa humanidad) en el poder, hasta cierto punto tampoco era razonable una desvinculación de tajo.
Padrino no es un ministro más: es parte del engranaje que sostuvo al chavismo en sus momentos más críticos. Nombres como el suyo, como el de Diosdado Cabello y los propios hermanos Rodríguez, han sabido reacomodarse, adaptarse y sobrevivir a las distintas crisis, sin aflojar el poder ni el control del Estado.
“(Mantenerlo) no es tanto un tema de solidaridad y mucho menos un tema ideológico. La información que él maneja compromete a la clase dirigente, compromete a la élite instalada en el poder. Porque fue ejecutor de órdenes tanto propias como de otros. Y las de otros, sobre todo, son las que pesan a la hora de tratar de salvaguardarlo”, sentencia Alejandro Martínez Ubieda, politólogo y exdirector de Relaciones Internacionales del Congreso de Venezuela.
Martínez califica el cambio como un movimiento “gatopardiano”: mover todo para que no cambie nada. Y lo cierto es que, si bien el régimen de Rodríguez sigue adelante y continúa acomodándose con el beneplácito de Donald Trump y la Casa Blanca, desde que los ojos del mundo y de Washington están puestos sobre Oriente Medio, Irán y el estrecho de Ormuz, el acelerador de los cambios ha bajado considerablemente. Se terminaron de consolidar los movimientos que ya habían comenzado, como la puesta en funcionamiento de las embajadas en Caracas y Washington, así como la confirmación de las nuevas personas en los cargos de fiscal general y defensor del pueblo (Larry Devoe y Eglee González Lobato).
En paralelo, otras figuras cercanas al círculo de Maduro no solo han salido del poder, sino que han terminado detenidas o bajo investigación, como el empresario Alex Saab y su socio Raúl Gorrín, de quienes se dijo fueron capturados en una operación que habría contado con cooperación entre autoridades venezolanas y estadounidenses. También pesan procesos judiciales sobre Camilla Fabri (esposa de Alex Saab), vinculada a investigaciones por lavado de dinero, y sobre Álvaro Pulido, detenido previamente por el caso PDVSA-Cripto.
Aunque no está claro hasta qué punto estas decisiones responden a una estrategia política interna, el hecho de que algunos de los nombres más sensibles del entorno de Maduro hayan terminado fuera del juego o en manos de la justicia sugiere que el reacomodo no ha sido completamente simbólico. Según contó a El Espectador Roberto Deniz, periodista venezolano de Armando.Info, Delcy “no ve con buenos ojos” a figuras como Saab o Pulido y prefiere trabajar con “operadores de confianza”.
Todo esto coincide, además, con un momento en el que Washington estaría negociando la extradición de personajes como Saab (según reportes de prensa), mientras avanza el caso contra el propio Maduro.
Pero, más allá de esto, la esencia del chavismo sigue dominando el Estado. Al mejor estilo de esta corriente política, se ha adaptado para sobrevivir. Las Heras introduce una hipótesis que solo comprobará el tiempo: la posibilidad de que el Ministerio de Agricultura sea el primer paso para una retirada paulatina de Padrino. “Quién sabe si luego lo pueden pasar a otro cargo y finalmente termine, poco a poco, desapareciendo del mapa. Es un escenario que también podríamos tener en la mira. Pero eso solamente lo dirá el tiempo”, afirma.
Hilando muy delgado, el exfiscal Saab puede estar en esta misma ruta. En Misión Viva Venezuela está mucho más alejado del poder que durante sus nueve años al frente del Ministerio Público. Ya antes de renunciar comenzaba a dar señales de ello. Cuando corrió el rumor de que Alex Saab había sido capturado en colaboración con el FBI junto con el Servicio Bolivariano de Inteligencia (SEBIN), respondió a El Espectador que desconocía cualquier información al respecto.
Queda por ver si los movimientos de estos primeros 100 días se sostienen en el tiempo. Por ahora, el caso de Padrino López sugiere que los cambios tienen límites claros: algunas figuras pierden poder, pero no salen del sistema. Más que una ruptura, lo que se perfila es una reconfiguración controlada del chavismo, que ajusta sus fichas sin alterar su estructura de fondo.
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