Ama la tierra en que no naciste

El inglés Simon Edwards llegó a Colombia hace diez años, se quedó a vivir en Medellín y en tres años pedirá la ciudadanía. “Me siento parte de esta cultura, de esta ciudad y de este país”, dice.

“Soy el técnico, el volante de creación —un diez de lujo, por cierto—, el presidente y el man que limpia los uniformes del A.F.C. Envigado; equipo que fundé en 2016”, explica el inglés Simon Edwards. Su nombre y rostro se han hecho populares en Medellín las últimas semanas gracias, en parte, a ese equipo de fútbol que creó para jugar en la categoría aficionada de la ciudad con el mismo nombre que el equipo que compite en Primera División. Hace diez años que llegó a Colombia y no tiene por ahora intenciones de dejarla nunca. Aunque no cuenta legalmente con la nacionalidad (por el momento), poco a poco se convirtió en un colombiano más. “Sé más de Medellín que de Londres, porque he vivido aquí toda mi vida adulta; puedo explicarles a los taxistas de la ciudad las rutas mejor que nadie. Para mí Medellín es perfecto, no solo es chévere de visitar, sino que también funciona para vivir”, comenta el inglés, quien ya domina casi por completo los colombianismos.

En 2008, Edwards viajó a Colombia por primera vez como parte de sus vacaciones, siguiendo las recomendaciones de una novia bogotana que tuvo en Londres. Poco sabía del país en ese entonces, pero, según cuenta, la alegría de los colombianos y su positivismo lo hicieron quedarse más tiempo del que tenía previsto una vez aterrizó. La reflexión de este extranjero puede resultar para algunos extraña, pero es a su vez esperanzadora para quienes en tiempos oscuros no encuentran una sola razón para amar al país.

Edwards recalca que hay una diferencia muy importante entre los dos países en los que ha vivido. “La gente acá (en Colombia) está más positiva. Hay muchísimos más problemas aquí que en Inglaterra, pero cuando la gente se levanta en la mañana ve las cosas buenas antes que las malas. Yo podría tener una vida fácil y cómoda en Inglaterra, pero elijo el positivismo y el progreso colombiano. La gente podría apreciar lo bueno que es este país”, comenta. Y una de las cosas que se puede valorar más, según el inglés, es el fútbol colombiano, del cual se convirtió en un ferviente apasionado.

En su colección de tesoros futbolísticos, Simon Edwards guarda diez camisetas de la selección de Colombia de fútbol y por lo menos una docena de prendas naranjas del Envigado Fútbol Club, algunas incluso firmadas por los jugadores del equipo. “En la Liga colombiana soy hincha de Envigado, porque alguien tenía que serlo y ese soy yo”, cuenta Edwards, quien en Inglaterra seguía fervientemente al Arsenal, de Londres. “A mí me gusta apoyar al Underdog, pero también apoyo a todos los colombianos cuando compiten a nivel internacional”, agrega. Edwards pasó de ver a Thierry Henry, Denis Bergkamp, Sol Campbell, Ashley Cole y Cesc Fábregas a Neider Morantes, Giovanni Moreno, Jorge el Camello Serna y Andrés Orozco. Lo que para muchos es una transición abrupta e injustificable, para el inglés es alegría pura e irreemplazable. “La verdad, ya no tengo interés en el fútbol inglés. Es decir, miro los goles en televisión y eso, pero la verdad ahora me gusta más el fútbol colombiano que el europeo. En eso no soy un colombiano típico porque el resto piensa al contrario”, confiesa Edwards soltando una carcajada.

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Mientras el público local abandona a sus equipos y destruye jugadores con comentarios ruines, Edwards es feliz con el fútbol nacional y espera que algún día se convierta en una potencia mundial. “Para mí hay muchísimo talento. Cada área del país produce un tipo de jugador. En el Pacífico hay jugadores atléticos mientras que en el centro son muy técnicos. La diversidad de personas también está en la diversidad de jugadores. Colombia lo tiene todo para ser una potencia en el mundo del fútbol, solo le falta un poco de ideas”, comenta.

Edwards considera que si bien es importante entender los problemas y hablar de ellos, Colombia es un país que también tiene cosas para apreciar. “El país tiene una energía mágica única. Su gente es hermosa y por eso los extranjeros los aprecian muy rápido. Tengo muchos amigos que han venido y ahora quieren quedarse como yo y me preguntan qué pueden hacer para vivir. Es duro, lo sé. Hay problemas y es una nación compleja”, dice el Mono, como lo bautizaron unos amigos en Medellín. “Pero estas cosas son algo que aprecias cuando entras al país o eres de afuera. En tres años pediré mi ciudadanía. Me siento parte de esta cultura, de esta ciudad y de este país. Mi español todavía no es tan bueno, pero esto para mí es mi país. Yo hablo de Colombia como si fuera mía cuando no estoy acá o hablo con otras personas”, concluye el inglés, dentro de poco colombiano.

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Camilo Gómez Forero

Actualidad

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