Panamá es más viejo de lo que se creía

El geólogo colombiano Camilo Montes descubrió que el istmo que separa los océanos Pacífico y Atlántico tiene por lo menos diez millones de años más de lo calculado.

El geólogo uniandino Camilo Montes (foto) trabajó en la investigación junto con su colega Agustín Cardona, de la Universidad Nacional de Medellín. Lina Pérez Ángel

Ahora resulta que el istmo de Panamá es más viejo de lo que se creía. No se formó, como afirmaban los geólogos, hace tres millones de años, sino hace 13 o 15 millones. Y eso modifica muchas teorías de biólogos, oceanógrafos, climatólogos y geólogos sobre el intercambio de especies entre norte y Suramérica, sobre la glaciación y sobre el cambio climático.

Habrá que reprogramar los relojes moleculares que actualmente están calibrados con el cierre del istmo hace tres millones de años, para empezar de nuevo y analizar la información con base en la separación de los océanos Pacífico y Atlántico diez millones de años antes de ese dato.

Esta es la conclusión del artículo publicado ayer en la prestigiosa revista Science, de la Asociación Estadounidense para el Avance de la Ciencia, por los geólogos Camilo Montes y Agustín Cardona, de las universidades de los Andes y Nacional de Medellín, respectivamente, entre otros autores.

Y la “piedra filosofal” que los llevó a esta nueva hipótesis se llama circón, un mineral duro, resistente —el más antiguo conocido en nuestro planeta—, que se encuentra en la corteza de la Tierra en forma de granitos. El circón tiene la ventaja de atrapar el uranio y el plomo, lo que lo convierte en base de uno de los más refinados sistemas de datación: habla de la historia de las rocas de hace un millón de años hacia atrás.

Los geólogos tomaron infinidad de muestras de circones en el norte de Suramérica, en la cuenca de Amagá, una región que anteriormente fue un río y donde hoy, además de circones hay arena, lodo y carbón, así como en la región entre Sinú y San Jacinto, donde Ecopetrol les dio acceso a los núcleos de perforación. Teniendo en cuenta estudios anteriores de la geología en Panamá, comenzaron a ver lo que Montes denomina “esa firma o huella digital panameña de hace 15 millones de años” en regiones colombianas. Las rocas habrían sido transportadas a través de ríos que habían comenzado a fluir y que en ese entonces drenaban de Panamá hacia Colombia y de Colombia hacia Panamá. “Eso implica necesariamente un puente terrestre”, continúa. “Era una hipótesis sólida”.

Pulverizaron las muestras y las separaron con diferentes métodos hasta conseguir los cristales de circón, los cuales, una vez pulidos y vaporizados con la ayuda de un rayo láser, fueron analizados en un sofisticado laboratorio en la Universidad del Estado de Washington, a través de un aparato llamado espectrómetro de masas. De esta manera, “uno puede estimar la edad con mucha precisión”, dice Montes.

“Nosotros no discutimos que las glaciaciones no empezaran hace tres millones de años”, explica. “Los animales efectivamente cruzaron en esa época, pero hacía rato estaba hecho el cierre. Lo que estamos diciendo es que el cierre fue hace mucho más tiempo”. Y quizá lo que frenó a los mamíferos de cruzar de un lado al otro fue la densa vegetación, que se convirtió en un obstáculo. En el momento de la glaciación, cuando la selva se volvió sabana, les quedó fácil el trayecto. Pero eso lo tendrán que estudiar otros científicos.

Ahora, una vez los autores del artículo comiencen a recibir reacciones de la comunidad científica, a favor y en contra, tienen el reto de datar el origen de la cordillera de los Andes, que, según estudios de polen y semillas fósiles realizados por el geólogo Thomas van der Hammen, data de hace cinco millones de años.

Y lo harán con sus estudiantes, incluso con los de primer semestre, en salidas de campo que duran entre 20 y 30 días: utilizando tecnologías modernas como la termocronología y la geocronología, pero también haciendo cartografía geológica básica, “la de a pie, la de meterse en los ríos”, y escarbar bajo la tierra, lo que desde niño ha intrigado a Montes, porque desde entonces pareciera que conversara con las rocas.

 

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