Yeisson ganó el Smart-Films y usará parte del premio para ir conocer el mar con su familia

El joven de Villapinzón que brilló en un festival de cine

Yeisson García sueña con tener su propia productora y hacer cine que nutra con un positivo mensaje a la sociedad. También anhela tener una fundación que brinde educación a los jóvenes más pobres del campo colombiano.

Yeisson dedicó casi tres meses a la realización de su cortometraje. En este utilizó una técnica denominada como 'stopmotion' y empleó más de 9.000 fotografías.Diego Ojeda

Muchos detalles de quién es Yeisson García vienen de sus acciones y no de sus palabras. Su arraigo al campo, por ejemplo, se evidenció cuando se dispuso a preparar un agua aromática con la que se acompañó la conversación que enmarca este artículo. Se dirigió al patio de su casa, arrancó unas hojas de cedrón, las puso a hervir en una olleta y al cabo de unos minutos, su madre, quien llegó para escuchar la entrevista, la sirvió en unos pocillos de porcelana.

Ya en la sala, rodeado de una decoración de radios y guitarras viejas, y con el mugido de una vaca a lo lejos, este joven de 23 años se dispuso a relatar la historia de cómo ganó dos premios en un festival de cine hecho con celulares (Smart-Films), con la particularidad de que él mismo no tenía un teléfono inteligente.

 
Doña Clara Inés y don Néstor Albeiro son los padres de Yeisson. Ellos lo acompañaron en el momento de la premiación, ella junto a él en el auditorio y él, a la salida, viendo la gala desde una pantalla gigante.
Diego Ojeda

“Estaba desesperanzado. En el auditorio donde se realizó la ceremonia se proyectaron los cinco videos finalistas —de 600 que participaron— veía que pasaba el uno y el otro, pero el mío no. Hasta que al final se mostró ‘Un último abrazo’”, comentó. En ese momento se llenó de nervios. A su lado estaba su mamá, doña Clara Inés, mientras que su papá, don Néstor Albeiro, lo acompañaba a la distancia mirando la transmisión en una pantalla, a la salida del recinto.

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“Y el ganador es…. ‘Un último abrazo’”, dijo el presentador. “Cuando mencionaron el nombre de mi corto fue genial. Los nervios se incrementaron al saber que había gente importante del medio allí, que las cámaras estaban apuntándome, no sabía qué decir, no había preparado un discurso, pensé que la voz me iba a salir temblorosa, pero en su lugar me comenzó a picar la nariz y hasta me dio un tic en la cara. Lo peor fue que todo eso se vio en primer plano y por Canal Capital”, recordó con risa.

Este es el corto con el que participó Yeisson:

 

Pero ese momento de luces, cámaras y aplausos tiene su antecedente. En Villapinzón, municipio de Cundinamarca, donde vive Yeisson con su familia, el hogar pasaba por una difícil situación. Este joven recuerda con lágrimas los días en los que el dinero no alcanzaba ni para una panela.

De nuevo, las acciones de este muchacho hablan más que sus palabras, pues a pesar de la falta de recursos se las ingenió para hacer — con materiales reciclados—, el escenario y los personajes con los que cobraría vida a su historia. Con alambres y madera hizo los muñecos, a los que rellenó con arcilla. Su hermana le ayudó a confeccionar la ropa y hasta donó un mechón de su cabello para el pelo y bigote de un protagonista. El corto, asegura, está inspirado en su abuelo Marco García, un hombre de 90 años a quien le guarda un especial afecto. El mensaje de su producción es cuánto se estaría dispuesto a hacer con tal de conseguir ese último abrazo de su ser amado.

 
Don Marco García es el abuelo de Yeisson y la fuente de inspiración de su cortometraje. A pesar de sus canas, su alma parece la de un joven, pues sale con chistes y comentarios que a Yeisson le hacen decir: "Ay, mi abuelito".
Diego Ojeda

A la limitante de recursos se sumó la falta de tiempo, pues él ayuda a su padre en el campo ordeñando vacas y moliendo la gallinaza (estiércol de gallina), que venden como fertilizante. Para la fecha también estudiaba en el Politécnico Grancolombiano, por lo que el único tiempo para grabar era en vacaciones o en las noches y madrugadas de los fines de semana. Con cariño recuerda cómo su mamá, a las dos de la mañana, subía hasta la terraza de la casa, donde había improvisado su estudio, para llevarle una taza de café con leche y pan.

También está el detalle del celular. Él no podía trabajar con su Nokia C1, del año 2010. Necesitaba un teléfono con una cámara para trabajar a oscuras. Optó por pedir uno prestado entre sus compañeros de la universidad. Ninguno le colaboró. Fue su mejor amigo de Villapinzón, un campesino con un P20 Lite, el que estuvo dispuesto a intercambiar su teléfono con Yeisson.

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Su recursividad no solo se ve en los materiales que usó para realizar el video, en el que, por ejemplo, convirtió unas varillas y los retazos del marco de una ventana en un riel para grabar la primera escena de su vídeo. Esto también se evidencia en su día a día. Con los $50.000 semanales que le daba su papá, gastaba $20.000 en flotas para viajar a Bogotá, otros $25.000 en pasajes de Transmilenio y, con los $5.000 que le quedaban compraba un paquete de dulces, al que le sacaba $25.000. “Como me hospedaba en la casa de una tía, aprovechaba el dinero para gastarlo en empanadas”, menciona.

 
Como pudo, Yeisson se las ingenió para crear un riel que le permitiera grabar los primeros segundos de su producción. No hizo falta más que unos cuantos retazos de marco de ventana y una varilla para crear un instrumento que, por barato, ronda los $400.000.
Diego Ojeda

Uno de los mensajes que deja este artista es que "sin importar los recursos, se pueden lograr grandes cosas, porque la pasión prima más que el dinero”. Estas palabras se ven reflejadas en su esfuerzo. Detrás de los cinco minutos que dura este corto hay un trabajo de casi tres meses. La técnica que utilizó se denomina ‘stop motion’ y consiste en hacer un vídeo a punta de fotografías; esto es, tener el muñeco en una posición y tomarle una foto, moverlo un milímetro y tomar otra foto, y así hasta que se complete toda una acción o escena. Para esto tuvo que hacer más de 9.000 fotografías.

“En un solo plano podía demorar hasta seis horas. Cuando terminaba iba al computador y las recopilaba, pero había momentos en el que el celular no hacía muy bien el trabajo de enfocar los objetos, lo que me obligaba a borrar todo, perder ese tiempo de trabajo, y volver a comenzar”, menciona. El fruto de su trabajo, en el que calcula haber invertido cerca de $30.000, fue el reconocimiento de SmartFilms por tener el mejor corto y animación, de allí que haya ganado dos licencias de Adobe, un celular que le dio Motorola como patrocinador y $25 millones.

 
Este fue un trabajo en el que participó toda la familia. Para la fabricación de este muñeco, por ejemplo, su hermana donó un mechón de su cabello para hacerle el pelo y bigote.
Diego Ojeda

Al preguntarle en qué invertiría ese dinero, aseguró que compraría unas vacas, un cultivo de zanahorias y saldaría una deuda. Pero esto es poco a comparación de su mayor anhelo. “Me gustaría viajar con mi familia a conocer el mar. Quiero sentir la sensación de tocarlo con mis pies, viajar en un avión, eso es algo que nunca he hecho”, dice Yeisson con esfuerzo mientras seca las lágrimas producto de imaginar ese momento.

No obstante, hay un sueño que le apasiona más y es el de tener una productora para realizar contenidos que nutran con su mensaje a la sociedad. También anhela tener una fundación que brinde la posibilidad de estudiar a personas de escasos recursos.

Por lo pronto este joven se concentra en el ahora. Con pasión se pone las botas para ir a trabajar el campo, lugar del que se siente orgulloso, pues sabe que a punta de ordeñadas y moliendas de excremento se ha formado su carácter, ese que lo ha llevado a salir adelante a pesar de las adversidades.

 

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2019-10-14T21:00:00-05:00

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2019-10-15T10:50:55-05:00

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Diego Ojeda / @diegoojeda95.

Bogotá

El joven de Villapinzón que brilló en un festival de cine

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