El pulso liberal por la presidencia del Concejo de Bogotá

Horacio José Serpa, el candidato más fuerte, confirma que va por ese cargo y no aspirará al Senado. Dentro y fuera de su partido, sin embargo, provoca resistencia porque consideran que ya tiene mucho poder. Hay otros interesados.

Entre los concejales liberales Horacio José Serpa, María Victoria Vargas, Germán García y Armando Gutiérrez estaría el nuevo presidente del Concejo de Bogotá.

Los acuerdos políticos dicen que en 2017 la presidencia del Concejo de Bogotá deberá quedar en manos de un liberal. Y aunque la bancada de ese partido es de seis integrantes, el que más ha sonado siempre es Horacio José Serpa Moncada, el concejal más votado de Bogotá, con 36.942 votos. Desde el año pasado, sin embargo, han recaído dudas sobre esa posibilidad: primero, porque no era claro si se lanzaría al Senado, algo que lo obligaría a renunciar al cabildo; segundo, porque dentro y fuera del liberalismo hay quienes consideran que él ya tiene suficiente poder y no se le debería dar más, sobre todo en un año preelectoral.

Sin embargo, Serpa Moncada peleará por la presidencia del Concejo. A pesar de los rumores, ya viejos, de que planeaba buscar una curul en el Senado para suceder a su padre (el senador Horacio Serpa Uribe, de 74 años), el viernes pasado le dijo a El Espectador que no lo hará. Presidir el Concejo e intentar llegar al Congreso, agrega, “son dos posibilidades excluyentes”. La razón: en caso de ser elegido presidente no podría durar un año en el cargo, como es lo normal, pues tendría que renunciar a su curul en septiembre próximo para no inhabilitarse como candidato al Senado. Eso implicaría que en la presidencia de la corporación lo reemplazaría el primer vicepresidente, cargo que tradicionalmente ocupa un concejal de oposición. Y eso es algo que las bancadas mayoritarias, afectas al alcalde Enrique Peñalosa, no están dispuestas a permitir.

Su chance de llegar al Congreso se vio frustrado, además, por las dudas jurídicas que abrió el fallo del Consejo de Estado que el año pasado tumbó la elección de Oneida Pinto como gobernadora de La Guajira y en el cual se cuestiona la renuncia a un cargo de elección popular con el fin de lanzarse a otro de similares características. La decisión sólo se refiere a alcaldes y gobernadores, pero en el mundo político nacional hay tal incertidumbre que ya se han sembrado inquietudes sobre las candidaturas a la Presidencia de la República de Claudia López, Jorge Enrique Robledo y Germán Vargas Lleras.

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De ahí que Serpa Moncada anuncie que seguirá en el Concejo y que su papá buscará la reelección en el Senado.

El factor Personería

Serpa Moncada admite que no está definido que el Partido Liberal lo presente como candidato a la presidencia del Concejo, pues eso se definirá en próximas reuniones de bancada. De ahí que se niegue a hablar sobre lo que viene. Él es, de todas formas, el que llega con más peso, no sólo por su caudal electoral sino porque es delfín de una casa política fuerte dentro del liberalismo. Ahora, si todo llegara hasta ahí, el concejal no generaría mayores resquemores, pero en su contra juegan otros factores que hacen que, de ser elegido presidente, termine acumulando mucho más poder del que otros están dispuestos a tolerar.

Cuatro concejales de tres partidos, que pidieron reserva de la fuente, debido al pulso político que se viene, le dijeron a El Espectador que la resistencia contra Serpa Moncada surge por el poder burocrático que ha acumulado en la Personería. Ya es conocida su cercanía con la personera Carmen Teresa Castañeda, no sólo porque ambos son oriundos de Santander (la tierra de los Serpa), sino por las fichas del concejal que han sido nombradas en el organismo de control.

“La resistencia es fuerte contra él. Lo ponemos de presidente y muchos nos jodemos, porque nos dejará sin nada”, admite un concejal de un partido diferente al Liberal. Otro cabildante, sin embargo, opina: “Yo ya entendí que ahí sufrimos una derrota política y hay que aceptarlo. Si los liberales dicen que ese es el hombre, pues ese es porque los acuerdos hay que respetarlos”.

Entre los nombramientos afines a Serpa Moncada en la Personería, el que más genera ruido es el del abogado Samir José Abisambra Vesga, secretario general de esa entidad. En las elecciones al Congreso de 2014, Abisambra se quemó como candidato de la Alianza Verde a la Cámara de Representantes por Bogotá. Desde 2015, sin embargo, comenzó a trabajarle a Serpa e impulsó su candidatura al Concejo. El objetivo ahora, le dijeron dos cabildantes a este diario, es que el funcionario de la Personería se lance de nuevo a la Cámara por Bogotá, en 2018, con el respaldo del concejal liberal.

No es raro que un concejal impulse una candidatura a la Cámara, pero el lío es que, precisamente, de los seis que integran la bancada roja, cinco están en esas, lo que los convierte a todos en rivales directos que no querrán ceder lo mínimo ante sus colegas.

Así, además del posible impulso que Serpa le dé a Abisambra, el concejal Germán García Maya trabajará por una curul en la Cámara para su padre, el exconcejal liberal Germán García Zacipa. Luz Marina Gordillo impulsará la campaña de su esposo, Darío Fernando Cepeda, exconcejal de Cambio Radical. María Victoria Vargas ayudará a su sobrino Juan Carlos Losada Vargas. Y Jorge Durán Silva apoyará la candidatura de Javier Palacios, exconcejal del Partido de la U.

El único de la bancada que queda sin un compromiso de ese tipo es Armando Gutiérrez (que está en su cuarto período), y por eso se perfila como un posible competidor de Serpa en la carrera por la candidatura para la presidencia del Concejo. También se habla de las intenciones que tendrían María Victoria Vargas (ocho veces concejal) y el primíparo Germán García. Los tres, como Serpa, con una estructura política importante en Bogotá.

El panorama comenzará a decantarse este martes, cuando el Concejo vuelve a sesionar después del receso de fin de año. Los liberales tienen casi un mes para decidir. El ganador, independientemente de quién sea, quedará a cargo de manejar la agenda del cabildo en un año que tendrá como proyecto protagonista el nuevo Plan de Ordenamiento Territorial para los próximos 12 años.