Opinión*

¿Es hora de repensar el legado de Enrique Peñalosa?

El editor del portal Planetizen -que la semana pasada ubicó al alcalde como uno de los cien urbanistas más influyentes del mundo- reflexiona sobre las críticas al modelo de ciudad propuesto por el dirigente.

Gustavo Torrijos-El Espectador

Hubiera sido una tontería suponer que la lista de los "urbanistas más influyentes" trascendiera sin controversias. Pero la mayor fuente de polémica fue una sorpresa. 

Muchas personas que leyeron la lista solo vieron un nombre: Enrique Peñalosa, actual alcalde de Bogotá (Colombia). (LEA: Peñalosa, entre los 100 urbanistas más influyentes del mundo según Planetizen)

Luego de que el nombre de Enrique Peñalosa fuera ubicado en la lista, dos temas principales surgieron: Bogotá está fallando, y Peñalosa es un mentiroso y un fraude.

Ese segundo punto podría sorprender a muchos en Estados Unidos, que se han acostumbrado a que se ubique el nombre de Enrique Peñalosa como símbolo de una planificación ambiciosa e innovadora, especialmente en el ámbito del transporte público. Entre la charla TED que describe el sistema de tránsito rápido de autobús Transmilenio como la democracia en acción, los cargos destacados en organizaciones como el Instituto de Política de Transporte y Desarrollo, y sus reiteradas referencias en artículos para publicaciones como CityLab, The Guardian, Citiscope y, sí, Planetizen, no es de extrañar que Peñalosa lograra estar entre los "urbanistas más influyentes".

Tal vez, sin embargo, los norteamericanos que conforman la gran mayoría de los lectores de Planetizen no conocen toda la historia, una historia que ahora incluye una preocupante acusación de fraude académico.

El Espectador reveló en abril de 2016 que Peñalosa carecía de un doctorado en administración pública, como se afirma en el material de campaña política y en una cita dada al periódico brasileño O Globo. (LEA: El tal doctorado de Peñalosa no existe)

Incluso, el observador más acucioso de noticias relacionadas con urbanismo podría haber pasado por alto esa revelación si estuviera leyendo sitios web de habla inglesa, porque hubo muy poca cobertura a medida que se desarrollaba la controversia. Hasta el día de hoy, encontrar cualquier registro de la controversia requiere una búsqueda de Google muy específica.

En respuesta a las acusaciones, la versión de Peñalosa apunta a que las diferencias entre los títulos avanzados que obtuvo se perdieron en la traducción entre París y Bogotá.

Cabe recordar que los esfuerzos anteriores a las reclamaciones por el fraude académico no fueron exitosas, aún con las municiones que se le agregaron a la controversia. Las últimas noticias que encontré sobre el esfuerzo de retirada se produjeron en mayo de 2017, cuando el comité Unidos Revocamos a Peñalosa presentó 700.000 firmas en una petición solicitando una votación de retiro. Más recientemente, El Espectador publicó un artículo sobre la ubicación de Peñalosa en la lista de "urbanistas más influyentes" sin mencionar la controversia reciente.

Sin embargo, las acusaciones de fraude académico son solo una parte de la historia, y la controversia no explica por completo el nivel de críticas dirigidas contra Peñalosa después de que Planetizen publicara la lista de "urbanistas más influyentes". 

La mayoría de las personas que respondieron a la publicación querían que los lectores de Planetizen supieran que ellos consideran que Bogotá es un desastre, al igual que el sistema de transporte público de autobuses que hizo famoso a Peñalosa, el Transmilenio. Incluso antes de las acusaciones de fraude académico, Peñalosa enfrentó serias críticas y amenazas de acciones legales. 

Colombia Reports publicó un artículo en septiembre de 2016 con datos que muestran a Peñalosa como el alcalde menos popular de las grandes ciudades de Colombia. Ese artículo, publicado cinco meses después del escándalo sobre los diplomas de Peñalosa, no menciona esa controversia sobre un doctorado falsificado. El artículo solo hace referencia al historial de decisiones durante el segundo mandato de Peñalosa, que comenzó en enero de 2016. Según esta versión de la historia, los errores políticos de Peñalosa en la cronología de su segundo mandato son los siguientes:

Primero, el alcalde propuso urbanizar una de las más queridas reservas naturales del Distrito Capital, la reserva Van der Hammen, en el norte de la ciudad.

Lo hizo con una arrogancia que enfureció a muchos bogotanos que quieren poder disfrutar un poco de la naturaleza mientras viven en una ciudad de siete millones de habitantes.

Peñalosa luego aprobó la privatización de la empresapública de telecomunicaciones ETB, a pesar de la resistencia ciudadana.

Luego, el alcalde le dio un vuelco a los planes para el metro, proponiendo que funcione sobre el suelo mientras que las compañías extranjeras ya estaban compitiendo por la construcción de un sistema de metro subterráneo.

Esto colocó los planes del metro de Bogotá exactamente donde han estado durante más de 70 años, en ninguna parte.

Peñalosa, en lo que parece ser un intento desesperado por recuperar la autoridad, desalojó a todas las personas sin hogar de la guarida de drogas más famosa de la ciudad, el Bronx, para diseminar el problema del consumo de drogas y el delito menor en el centro de la ciudad.

Esta última jugada no solo aumentó aún más la aversión de los bogotanos hacia su alcalde, sino que también resultó en cargos por violaciones a los derechos humanos. Los intentos de acusar al alcalde habían estado en curso antes de eso, pero solo han ganado fuerza.

CityLab cubrió la controversia del Bronx, y un blog en inglés llamado Planet Tuguria también proporciona una historia sobre el declive de Peñalosa, algo que podría sorprender a los lectores norteamericanos. Tal vez si estas historias tuvieran mayor cubrimiento o aparecieran en los primeros resultados de Google, entonces Enrique Peñalosa habría sido posicionado más abajo en la lista de los "100 urbanistas más influyentes". El legado de Peñalosa, entonces, es incompleto y necesita atención continua y crítica. Su mandato como alcalde dura hasta 2019, después de todo.

Nuevamente, viaja por el mundo y encontrarás historias similares sobre políticos y alcaldes de ciudades grandes y de alto perfil. Cuando alcaldes como Bill de Blasio de Nueva York o Eric Garcetti de Los Ángeles reciben elogios o críticas, los estadounidenses tienen la experiencia y la información para ubicarse en contexto. Es muy difícil para un público norteamericano decir de qué lado de la historia de Bogotá se cuentan estas críticas al alcalde Peñalosa, y si estas críticas son justas. Muchos superlativos han sido enviados a Planetizen en la última semana, la mayoría incluyen la palabra "peor": que Peñalosa es el "peor alcalde" y que el Transmilenio es el "peor sistema de transporte". Así que probablemente sea mejor abordar algunas de estas afirmaciones con un poco de sal.

Puede ser una sorpresa para algunos de los críticos de la lista de "urbanistas más influyentes" que este año, de hecho, estuve en Bogotá. Tomé el Transmilenio, y fui testigo de algunas de sus ventajas (viajes rápidos en rutas dedicadas, llegadas frecuentes y un proceso de abordaje rápido); de sus desventajas (hacinamiento, escape de diesel en todas partes y congestión insondable en cualquier parte del sistema), y también escuché de los habitantes de Bogotá que el sistema había caído en desgracia después de años de abandono. 

En comparación con la experiencia de tomar autobuses en donde vivo, Los Ángeles, es imposible imaginar que el sustituto del autobús que tomo todos los días por Wilshire Boulevard implementará algún día el prepago, el embarque de ida y vuelta, así como carriles separados. La idea de que todos los autobuses tengan primacía sobre el automóvil, como símbolo de la democracia o por cualquier otra razón, es demasiado descabellada incluso para el idealista más pragmático.

En realidad, el metro en Los Ángeles anunció recientemente que consideraría implementar en dos rutas el abordaje a través de todas sus puertas (para acelerar los viajes de tránsito y reducir el tiempo en las paradas). El metro de Boston anunció recientemente los resultados de un proyecto piloto que experimentó el uso de ese sistema. En Los Ángeles y Boston, la implementación de incluso una fracción de las innovaciones de Transmilenio es un éxito digno de publicación, después de años de planificación y pruebas. 

Como los residentes de Bogotá, que lamentan el estado del Transmilenio y de la ciudad, muchas urbes de los Estados Unidos y Canadá todavía intentan desesperadamente, y con solo un éxito mediocre, emular los logros de Enrique Peñalosa. Otras ciudades han tenido más suerte, ya que los sistemas de transporte rápido de autobuses han crecido en popularidad en todo el mundo.

Quizás el aprecio por los logros de Peñalosa en los Estados Unidos y Canadá solo tiene en cuenta un lado de la historia, pero es la historia que contó Enrique Peñalosa, y tal vez es una de las que necesitábamos escuchar.

* Esta columna fue publicada originalmente en el portal Planetizen, que se especializa en urbanismo, movilidad, espacio público y desarrollo sostenible.

** Editor de Planetizen. Escritor sobre temas de urbanismo, arquitectura y planificación.

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