La iniciativa fue premiada por Naciones Unidas

Big data y ciencia: los aliados de los agricultores para entender el clima

Una herramienta creada por el Centro Internacional de Agricultura Tropical, que recoge datos de varias entidades, les está permitiendo a los cultivadores conocer con antelación las temporadas de lluvias y sequías.

Para desarrollar la herramienta, los científicos se aliaron con agremiaciones de agricultores como Fedearroz, Fedecafé y Fenalce, para colectar datos. / CIAT

En Yopal, Casanare, es muy probable que llueva más de lo normal en enero, febrero y marzo de 2018. Esta es una información clave para los agricultores, principalmente de arroz, maíz y café, y resulta de modelamientos computacionales sobre la base de datos históricos y el uso de modernas tecnologías de información y minería de datos para llegar a lo que los investigadores denominan agricultura específica por sitio o agronomía guiada por los datos. Este conocimiento, de acuerdo con el Centro Internacional de Agricultura Tropical (CIAT), evitó una pérdida de 3,6 millones de dólares a 170 arroceros en 2014, lo que hubiera ocurrido si hubiesen plantado la cosecha en la primera de las dos temporadas anuales de cultivo.

La información proviene del portal pronosticos.aclimatecolombia.org, que hasta hoy entrega información climática de Cereté y Lorica en Córdoba, Espinal e Ibagué en Tolima y La Unión en el Valle del Cauca, pero se extenderá a otros municipios del país y ya la usan también en Honduras para café y fríjol.

“Lo que sucedía antes era que la forma como se tomaban esas decisiones era bajo mucha incertidumbre”, dice el agrónomo Daniel Jiménez, experto en big data del CIAT, refiriéndose a la tradición heredada de los abuelos o a las recomendaciones de los vecinos. Esta plataforma ofrece el apoyo de “las tecnologías de información y comunicación a los pequeños agricultores, factor clave para una agricultura climáticamente inteligente en Latinoamérica”, continúa, lo que permite tomar decisiones mejor informadas.

Pero llegar a esas conclusiones no es gracias a las TIC. Es un proceso de doble vía, donde los científicos se han aliado con agremiaciones de agricultores como Fedearroz, Fedecafé y Fenalce, para colectar datos de sus técnicos y de los propios pequeños y medianos agricultores. “Sin los socios no hubiéramos logrado nada”, enfatiza Jiménez. “Esto cambió de ser científicos en los centros de investigaciones a realmente hacer una investigación con gente real”.

A través de las mesas agroclimáticas, en las que se reúnen actores del sector agropecuario a nivel local, especialmente pequeños productores, con técnicos, funcionarios del Ideam y del Gobierno en general, se identifican los posibles cambios en el clima de esa región específica, se analiza cómo pueden afectar los cultivos y cómo reducir el riesgo. De allí surge el Boletín Agroclimático Local, que no sólo resume pronósticos climáticos sino ofrece recomendaciones para proponer la mejor fecha o la mejor variedad para sembrar. Con las federaciones la información se comparte y se retroalimenta con los medianos productores a través de talleres en campo y de sus propios canales de transferencia de tecnología.

“Son soluciones reales para problemas reales”, afirma Jiménez, pues es definitiva la contribución del conocimiento de técnicos y agricultores. “Uno saca los análisis y ellos apoyan en la interpretación, porque también tienen datos que nos comparten; la realidad la da el agricultor que vive día a día los diferentes desafíos en campo y nosotros generamos la ciencia –continúa Jiménez–, por medio de los mejores modelos climáticos, que son cada vez más sofisticados”. Cuando los técnicos consultan la pestaña que se llama “pronóstico” en la página web, pueden ver en tiempo real cuáles son las variedades de arroz que pueden sembrar de acuerdo con el clima.

El análisis arroja tres resultados: si un agricultor de una localidad en particular debe plantar o no plantar. Si el agricultor debe plantar, cuándo debe hacerlo y qué variedad de cultivo debe sembrar en función del clima estacional probable, de acuerdo con el coinvestigador Julián Ramírez-Villegas.

Este proyecto, que comenzó en 2010, recibió en noviembre el premio Impulso para el Cambio que conceden las Naciones Unidas a soluciones para el cambio climático, por permitir a los agricultores ajustar sus prácticas agrícolas y asegurar mayor productividad y, en últimas, la seguridad alimentaria.

 

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