El Magazín

Carta a mi yo pasada

Hace tres años escribí una carta para mi yo futura. En ella, la Camila de 20 años le pedía a la futura, a la de hoy, algunas cosas. Hoy que dejo de trabajar en El Espectador decidí responderle la carta a esa chica. A mi yo pasada. 

Lago del Sol y la Luna en Taiwán. Camila Builes

Hace tres años escribiste una carta para mí, para ti. Una carta que fue el génesis de una vida que duró tres años y medio y que hoy termina. Nos preparábamos para llegar a una ciudad enorme a trabajar en un lugar enorme. En esa carta tenías la esperanza de que ahora, cuando la leyera en ese futuro que parecía tan lejano entonces, me gustara escribir tanto como cuando estábamos en la universidad. Sí, Camila, nos sigue gustando. Pero nos cuesta mucho, nos duele mucho escribir. Se volvió una maldición de la que no podemos -ni queremos- liberarnos y que, al mismo tiempo que nos rasguña el interior, nos mantiene con vida. (Lea aqui la carta: Carta de mi yo pasada a mi yo futura)

No pensaba escribir nada de despedida porque los años me hicieron más prejuiciosa, más temerosa a parecer cursi, pero pensé en que se lo debía a la chica de 20 años que me escribió esa carta una noche de mayo de 2015, con los huesos helados y los nudillos rojos de pelear. Pienso en todo lo que dejamos de decir o escribir por miedo a parecer sensibles. Porque este mundo, este mundo al revés, premia el cinismo, la frialdad, los hechos y los datos sobre las emociones y los espíritus. ¿Cuándo ser sensible se convirtió en un defecto? Me gustaría saber cuándo empezamos a tener tanto miedo de ser lo que éramos. Lo que fuimos.

Nos hicimos más tatuajes, el cabello no creció. Ya vivimos solas. Hemos logrado tantos sueños que teníamos de niñas y estamos acá, escribiendo esto, en medio de una redacción repleta y anestesiada por las noticias y los clics. Una redacción que fue tu casa y tu templo. Conocimos algunos países, viste muchas, muchas películas; pero lo que nos hace sentir más orgullosas en este momento es que siempre fuiste fiel a tu corazón, que escuchaste a mucha gente, que hablaste con mucha gente y todos valieron lo mismo para ti, todos fueron importantes.

Camila, ojalá pudiera viajar en el tiempo y regresar a esa muchacha que escribió la primera carta. Le diría que los miedos que tiene en ese momento no son tan grandes, tan monstruosos. Le diría que terminamos de pagar Icetex, le diría que tenemos una huerta de aromáticas. Le pediría perdón por todas las veces que le fallé, que viví adormecida por la rutina. Le diría, también, que escribimos mucho. Que fuimos felices.

¿Qué es un fin? ¿Qué es un principio?

Estamos solas frente a un proyecto con más de medio siglo de historia. Ese peso está sobre tus hombros. Estamos en el último viernes de cierre de domingo después de haber estado en tantas partes, y con tantos, estamos al lado de los seres que nos salvaron la vida en Bogotá. Dejar atrás es, ahora, la forma de ganarlo todo. Regresar, la única forma de seguir adelante. Aquí, donde todo comenzó, escribo. Empiezo. Allá vamos.

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