Historias de vida

“Mi obra sí refleja mi camino, es mi biografía”: Karen Lamassonne

Noticias destacadas de Cultura

En esta entrega de la serie Historias de Vida, creada y producida por Isabel López Giraldo, presentamos una entrevista con la artista Karen Lamassonne.

Soy producto de varias tendencias y estoy influenciada por distintos lugares del mundo. A razón del trabajo de mi padre, nací en Estados Unidos y luego viajamos a Bogotá a una infancia tropical interrumpida por la década de los sesenta en Nueva York. Tengo seis hermanos (somos cinco mujeres y dos varones), lo que también tuvo un impacto en mi formación.

Dibujé desde muy joven cuando se manifestó mi inquietud artística y mi gusto por retratar, lo que fomentaron y estimularon mis padres. En mi casa el arte estuvo muy presente en nuestras vidas, siempre hubo música, íbamos a museos, mi mamá pintaba y mi abuelo fue orfebre (en Bogotá tuvo la Platería Medina). Entonces provengo de una familia muy artesanal, muy manual: de artistas. Mi padre hacía obras cinéticas, Pop Art, y nosotros por broma le decíamos “Pop’s art.

Vivir en el trópico hizo que me conectara con la naturaleza, lo que me hace vibrar muchísimo. Mi obra es una representación autobiográfica, del lugar donde me encuentro, de mi entorno, de lo que me motiva, me emociona y excita que en ocasiones son imágenes más fantásticas, en otras son perspectivas distorsionadas.

En la escuela fui muy mala estudiante a excepción de todo lo que tuviera relación con el arte o en lo que me ayudara la memoria fotográfica. Durante mi bachillerato en California tuve la fortuna de que el profesor de arte (Charles Garoian) fuera artista, así que durante mis dos últimos años pude tomar clases de arte de alto nivel, casi universitario, con técnica y crítica: es cuando me llega la seriedad de ser artista.

Recuerdo que en uno de los proyectos que hice trabajamos sobre rollos de papel blanco: nos acostábamos y alguien nos delineaba. Mi croquis lo invadí de dedos, lo que resultó muy impactante, en especial por lo que logré transmitir y por mi edad, pues tenía apenas quince años. Colgaron mi obra en una vitrina, pero fue desmontada por lo impresionante que resultaba: podía representar traumas, manipulación, el despertar a la sexualidad, entre muchas otras emociones.

Le sugerimos leer La máscara de la muerte roja, de Édgar Allan Poe, a propósito del natalicio del autor

Es curioso que hace poco estuve trabajando un tapiz de buen tamaño que también es un croquis humano sobre un tapete persa y un lienzo. En él desarrollo un trabajo de manos. La exposición, que se hizo en La Tertulia en el 2017, fue muy completa y en ella vi también cómo las manos son algo que se repite en mi obra a través de los años.

Me gradué de bachillerato y como mi padre empezó a tomar clases nocturnas para adultos en escultura, me invitó a que lo acompañara. Yo ya pintaba, pero igual tomé un curso en pintura y grabado. En 1971 mi vida ya iba en esa dirección.

Pasó un año y regresamos a Colombia, pues comenzó una nueva etapa en la vida de mis padres. Con mi hermana Joyce nos metimos a estudiar en la escuela de David Manzur, quien fue nuestro profesor. Básicamente hacíamos dibujos, pero sobre todo aprendí a tajar un lápiz carboncillo para dejarle una punta larga eterna. Fue el momento en el que empecé a conocer gente del medio y a producir. Me inspiré para hacer una serie en lápiz de color que se expuso de manera privada y donde hice mis primeras ventas. Amparo Vélez de Rengifo, quien vio esa muestra, me hizo una carátula con un escrito en la revista Vivencias de Cali en 1974. Al año hice otra exposición individual en Cali: obra en aerógrafo.

Seguí mi producción en Bogotá y a mis veintiún años tomé una casa pequeñita en la 66, cerca de donde hoy es la Galería Lamazone. Como la tenía que sostener, hice muchos trueques y uno de los que más recuerdo es el de una marimba del Pacífico (muy grande, de chonta con sonidos del agua) a cambio de una de mis obras. En ese momento me parecía que tener una marimba del Pacífico era indispensable en mi hogar. Además del trueque, hice trabajos para amigos arquitectos a quienes ayudaba con planos. Definitivamente en esa época era más fácil producir cosas con los amigos.

Viví en Bogotá un número importante de años durante los cuales se amplía mi círculo. Había participado ya en varias exposiciones colectivas, en Bogotá y en Cali, donde Marlene Hoffman y con otros artistas en un Salón de Arte Joven en Cali. Conocí a Luis Ospina (director, editor, guionista y productor de cine), y a “Los Caleños” a través de mis amigos publicistas en Bogotá. Con Luis Ospina tuve un romance y paralelamente él se fue para Francia a editar una película y yo para Alemania a participar en una exhibición de cinco mujeres artistas colombianas, lo que ocurrió en el año 77 en Hamburgo y Berlín (María Elena Bernal, Margarita Monsalve, Patricia Durán, Eponíne Cuervo y yo).

Estando en Alemania cambié una de mis obras por una cámara a un fotógrafo. Fue la primera que tuve como profesional y a partir de ese momento comencé a trabajar la fotografía. Mi obra siempre ha sido un encuadre fotográfico. Desde muy niña tengo mi vida filmada y fotografiada en cine por mi padre. He tenido esa influencia de ver la realidad en pequeños cuadritos de papel e imágenes proyectadas. Mi ojo siempre va buscando para registrar instantes.

Estando en Europa con Luis Ospina, nos convertimos en una especie de consulado colombiano pues varios amigos llegaban a nuestra casa en París. Entre nuestros visitantes están Oscar Muñoz y Miguel González. A Miguel González lo había conocido en Cali en la inauguración de la exposición que hice en 1975 y con él iniciamos una amistad que me ha acompañado hasta el sol de hoy, ha sido realmente alguien muy importante en toda mi carrera, fue un curador que llevó mi obra a muchos diferentes escenarios.

Le sugerimos leer el homenaje Ramón Illán Bacca: “En mis libros tengo plena libertad”

Siempre he sentido la necesidad de expresarme, es algo que yo tengo que hacer. En algún momento en mi vida soy madre (aunque me estoy adelantando a la historia). Me dediqué a mi hijo por entero, pues él es mi obra maestra. Todo lo que yo hago, mi jardín, la cocina, todo, es una expresión de cómo me siento.

El exponer se convierte en un estímulo para producir una serie de trabajos que van para la muestra, como ejemplos, la serie de los baños, la de interiores, pues se trata de mi entorno. Luego de la producción viene la exposición que implica recibir a la gente y atender sus inquietudes, responder a un compromiso personal porque uno se está exponiendo a través de la obra. Aunque mi obra sea figurativa y representativa de una realidad, para mí tiene algo más que sólo eso, es mi visión y mi emoción, puede llevar elementos que simbolizan cosas para mí.

Después de una vivencia en Paris regresé a Colombia con una conexión muy fuerte con Luis, quisimos estar más tiempo juntos en mi casita en Bogotá y también en Cali. Comencé a hacer cuarto oscuro con Eduardo Carvajal. Pero ya había contado también con Gabriel Ossa en Bogotá que me ayudó a fotografiar mi obra, a llevar un registro, pues me ocurrió que me pedían fotos para la prensa, y él hizo lo propio con mi obra en transparencias.

En 1979 Miguel González me invitó a hacer una exposición en el Club de Ejecutivos de Cali, en donde presenté mi serie de interiores en baños, en la que también retraté personas dentro de la obra. Era un salón múltiple donde hacían diferentes actividades. Recién inaugurada la exposición hubo una conferencia de seguros, y ya comenzando el conferencista interrumpió para decir:

—¡No puedo continuar con estas obscenidades en frente de mí!

Acto seguido mandó descolgar toda la exposición para continuar con su charla. A mí me llamó Elisa Burrowes pasados unos días del hecho, para comentarme y decirme que no se volvería a instalar la muestra. Aunque al inicio me molestó un poco, luego pensé: “por lo menos algo ocurrió con mi obra”. Esa obra viene a la Galería Belarca de Bogotá, ya con toda la prensa comentando lo ocurrido en Cali y luego va a Medellín a la Galería Finale.

Participé en otras colectivas, salones, todo en función de producir y mostrar. Miguel González me conducía, también Umberto Giangrandi (nacido en Pontedera, Italia, 1943, pintor, dibujante y grabador colombo-italiano de amplio reconocimiento), que me ayudó y enseñó muchísimo, y aún hoy lo sigue haciendo.

Comencé en cine cuando trabajé con Lina Uribe, Jorge Pinto y Miguel Torres estando en Bogotá. Hicieron un cortometraje y Lina Uribe sugirió que yo sería buenísima haciendo una dirección artística y me invitó a la de El Último Cliente. Todo esto antes de conocer a Luis Ospina, y a él le comenté de esta experiencia. Luis Ospina inició Pura Sangre, escribió el guión con Alberto Quiroga estando en Cali, yo hice la dirección artística, el story board de toda la película, buscamos las locaciones y ahí aprendí todo lo que requiere el hacer una película desde la preproducción, post producción, edición y demás, como si yo hubiera estudiado en la escuela Luis Ospina (él estudió en UCLA). Fue aprender, entrar en el grupo de cine de Cali, hacer parte de una comunidad de artistas en la que crecimos juntos viviendo experiencias muy intensas en los ochenta.

Trabajé frente a las cámaras, detrás de cámaras y en fotografía. Mi obra empezó a cambiar. Participé en el Salón Atenas, un salón que curaba Eduardo Serrano en el Museo de Arte Moderno de Bogotá (precisamente acaba de terminar la exposición El arte de la desobediencia en el MAMBO, en donde se vio esta producción mía). Eduardo Serrano me invitó cuando yo estaba terminando algunas obras de pintura como descansos de cine.

Hice el video “Secretos Delicados” en donde participaron mis amigos en Cali Sandro Romero, Eduardo Carvajal, Fernell Franco (fotógrafo colombiano pionero en el campo de la fotografía artística en el país que fallece en el 2006), Carlos Mayolo, Miguel González y varios más. Nos divertimos muchísimo. También hice una serie de dibujos 24 Cuadros por Segundo para dicho salón, una animación en homenaje a unos artistas colombianos y mostré una escena del storyboard de Pura Sangre que no se filmó en el rodaje, era una escena porno en una funeraria.

Comencé a elaborar unas pinturas con el tema de Cali y la pareja utilizando la fotografía. Voy por la ciudad fotografiándola en compañía de Fernell para una exposición en La Tertulia. Buscamos lugares que la gente reconociera, monumentos históricos, el puente Ortíz, la ceiba, la Plaza Caycedo, el Paseo Bolívar. Yo en ese tiempo vivía al lado del Paseo Bolívar y al cruzar la calle me encontraba con el parque, el río y los enamorados que se amacizaban allí todos los días en el potrero.

Estas eran las imágenes que capturaba en medio de la brisa de la tarde de una ciudad tan sensual como Cali. Convierto a la figura humana en gigantes que se abrazan en medio de una ciudad pequeña y llena de color. Es mi forma de despedirme, de dejar su retrato: aunque no la suelto del todo, sigue siendo parte integral de mi ser.

Muchos nos fuimos de Cali y vinimos a Bogotá hacia fines de los ochenta a buscar trabajo en la televisión y en ese entonces se estaban haciendo varios medio metrajes en cine. Hice algunos trabajos con Silvia Amaya, Oscar Campo y Fernando Vélez. En edición trabajé con Patricia Restrepo y con Juan José Bejarano, también con Camila Lobo-Guerrero en su largo metraje María Cano, al que le hice la dirección artística.

Cuando llegué a Bogotá una hermana me invitó a un concierto de The Who en San Francisco. Yo soy muy fanática de la música, también en Cali estuve en un conjunto de rock como cantante, aprendí algo de percusión y de guitarra de apoyo. La banda se llamaba Bandaids, integrada por los hermanos Renjifo, Eugenio y Carlos Felipe, Sandro Romero, Larry Joseph (baterista) y yo. Fueron tres o cuatro años de mucho entrenamiento y toques, éramos muy rigurosos y tuvimos un repertorio de más de treinta canciones, composiciones nuestras en español, covers de los Rolling Stones, los Beatles, The Who y el “Motown sound”. ¡Fueron momentos felices e inolvidables!

El after concierto en San Francisco fue con conseguida de novio, apartamento y trabajo (risas). Trabajé en una galería de arte latinoamericano en Grant Street con alguien muy especial que ya murió, Marvin Moss, con quien hicimos una exposición de obra figurativa colombiana.

La galería quedaba al lado de China Town. En este tiempo estuve produciendo nueva obra con muchos cambios. Una técnica mixta con fotografía, collage, y pintura. Hice unas fotografías de desnudos con una pareja. Encuentro impresiones en papel del barrio chino (de los que usan en sus rituales de la muerte, joss paper) algunos brillantes, otros con caligrafía que yo incorporo a mi trabajo. Es el juego erótico de la pareja, en la que se evidencia mucho movimiento, para una obra que expongo en Cali, mis Pegados Mortales, donde Álvaro Vanegas, en la Galería Arte Moderno. Miguel siempre me está acompañando durante todo mi recorrido de vida, así que en esta exposición también está presente.

En Cali monté un taller en un piso más arriba de donde estaba Luis Ospina, con quien me reencontré, esto para terminar la obra de mi exposición. En él hacemos muchas fiestas y en una de ellas conozco a alguien que se vuelve muy protagonista de mi vida y que hace que viaje a Italia, donde me instalé un tiempo. Él se convierte en el padre de mi hijo. Estando en Roma, preparé otra exposición, Encuentros Rehechos, que traje a la Galería Belarca en Bogotá y a La Oficina en Medellín: integré a mi técnica mixta cosas que me encuentro en la calle, elementos que llaman mi atención y que van quedando y sumando.

En ese viaje siento mucho la muerte en Colombia, te hablo de 1993, unos años después de la muerte de Galán y de amigos muy cercanos. Siento una fuerza muy poderosa, una vida dentro de mí, y es cuando se me ocurre que puedo ser mamá, lo que antes nunca había considerado. La muerte me hizo desear generar vida, me invitó a la maternidad.

Después de tres años en Roma me fui a vivir a Atlanta, donde nació mi hijo que hoy tiene veintitrés años, vive en Brooklyn, hace teatro y es músico como su padre (que también es escritor y compositor). Quise dedicarme a él y así lo hice.

Compré una casa que todavía habito y que tiene un prado grande, en el que cultivé un jardín, pues desde niña he amado el contacto con la tierra, con los animales y con la huerta. No perdí continuidad con mi trabajo, pues siempre estuve produciendo algo (de manera reciente hice tapices grandes). Participé como artista de muchas actividades. En subastas, colectivas de galerías y ferias; diseñé, confeccioné y vendí moda entre muchas otras cosas. Trabajé también con Olga Vieira, que manufactura productos en la India para el hogar y durante varios años diseñé candelabros en la empresa de un amigo.

Ahora viajando estoy más dedicada a mis nuevas inspiraciones.

Reflexiones

  • ¿A qué lugar perteneces?

Al mundo.

  • ¿Cuál es ese rinconcito dentro del planeta que sientes muy tuyo?

No lo he encontrado, pues no he terminado en ninguno. Uno toda la vida está buscando.

  • ¿Hay algo específico en tu búsqueda?

No. Yo no creo que la vida sea encontrar algo para quedarse ahí. Si uno llega a un destino, como artista siempre querré expresar algo y crear. Esto no se detiene.

  • El día en que la inspiración se agote será otra forma de morir…

Sí. Yo soy muy activa, tengo mucha energía, me es difícil quedarme quieta.

  • ¿Cómo descansas?

Estando activa. Yo descanso caminando porque llego refrescada. Hago yoga, trabajo en mi jardín y hay una montaña a la que me gusta subir.

Es importante para mí estar activa, de otra forma dejo de existir.

  • ¿Meditas?

No a un intenso nivel. Mis meditaciones son cortas pero efectivas.

  • ¿En tu obra se reflejan los momentos de cambios de vida manteniendo un hilo conductor?

Hay cambios, pero también temas comunes como la sensualidad, como las manos. Mi obra sí refleja mi camino, es mi biografía.

  • ¿Qué es protagonista en tu obra?

Es un poco de todo. En cada lugar hay diferentes sensaciones, pero soy yo quien está ahí. Entonces es mi visión la que se proyecta.

En ocasiones me vuelvo a encontrar material guardado y al verlo sé que llegó su momento, como una fotografía sobre la que siento que ya puedo producir una obra.

  • Se eterniza un instante...

Exacto. Un instante sobre el que logro meterme tiempo después.

  • Te integras a él para alterarlo...

Sí. Para transformarlo con lo que hoy estoy sintiendo. Me cautiva.

  • Entonces tu obra te deja en evidencia...

Seguramente si la vuelvo a mirar ahora, sí. Me permitirá recordar el momento que vivía cuando la produje, me puede llevar a una sensación de algo vivido.

  • ¿Quién eres tú a través del color?

Me gustan los colores calientes como los rojos, pero también me gusta el azul, lo que antes no tanto. Soy una mezcla entre los dos: quizás soy violeta.

  • Percibo una mujer muy en equilibrio

Mi equilibrio es cuando logro estar creando, así sea arreglando el cuarto, sembrando plantas o dibujando. Mi arte es mi terapia.

  • ¿Cuál es el material que te identifica?

En este momento pienso en algo vegetal, en una planta suave. Pero también la tierra que me hace aterrizar, que me da fuerza, que me recibe y que me reta.

  • ¿Cuál es tu elemento?

Yo soy Aries, soy fuego, por lo que necesito aire. Soy medio pirómana, me encantan las fogatas y cocinar en el fuego.

  • La candela permite meditar a través de la observación

Sí. Además para mí encender un fuego o fogata es un reto porque aunque estén mojados los troncos y palos insisto hasta lograrlo.

  • ¿Cuáles son esos instantes memorables que siempre te acompañan?

Cuando me hice mamá. Cuando me despedí de mi padre la última vez que lo vi antes de su muerte. Un aroma que me llevó a viajar en el tiempo, como el del pasto por un trayecto que caminaba.

Hoy atravesaba una calle y pasó un bus contaminante y una señora se quejó. Yo respiré profundo y dije: “qué delicia” (risas)

  • ¿Cómo manejas la adversidad y cómo superas la frustración?

Yo me río. Le busco el lado a lo ridículo, a lo caótico, a lo absurdo. Lo veo como una comedia de errores.

  • Tú no alimentas la adversidad, no la nutres y no te quedas en ella...

No, para nada. No stress.

  • ¿Qué es el tiempo en tu vida?

Para mí es la oportunidad de disfrutar. No siento que se me vaya la vida porque en donde estoy encuentro lo más maravilloso. Soy del aquí y del ahora.

Volver a encontrarme con mi obra es como reunirme con un viejo amigo. Como ayer, cuando fui al taller de Giangrandi, el volver a ver la vieja plancha de nuevo, entintada y de la que salía una copia… Fue fabuloso.

  • ¿Es importante para ti la idea de trascender?

Si lo logro en la gente que me rodea, en la memoria de mis familiares, me hará feliz.

  • ¿Qué te gusta dejar en las personas que se acercan a ti?

Una buena sensación. Algo positivo. Una sonrisa.

Comparte en redes: