Escenas callejeras

El teatro callejero se encargará de garantizar que esta fiesta pueda ser disfrutada por todos.

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El teatro ha sido un elemento para la expresión de las prácticas y tradiciones más populares de la naturaleza humana o de la literatura. Un espectáculo con una impresionante conjugación de actores, maquillaje, vestuario, danza, mímica y escenografía.

La puesta en escena de las obras es dueña de una variedad de movimientos y gestos que transmiten emociones y que espera llegar a la mayor cantidad posible de personas que terminan alimentándose de este arte. Justo con ese propósito surgen movimientos como el teatro callejero, que lleva a parques, calles y avenidas los disfraces o los títeres, en un ágora en donde las clases sociales parecen desaparecer, se tiene un contacto mucho más íntimo con el espectador y la apuesta más fuerte es la de atrapar al transeúnte con la magia de la actuación.

Algo de lo que está convencido Héctor Loboguerrero, director de La Pepa del Mamoncillo, un grupo que ha llenado de teatro los rincones de Bogotá desde hace 18 años. “No sólo hacemos esto porque nos guste actuar en un espacio diferente a las tablas, sino porque el teatro es para todos. Nos tomamos cualquier lugar y, aunque algunas obras tienen requerimientos técnicos más complicados que otras, lo importante es que las estrellas sean la carpa o el sol el reflector”.

Esto lo dice mientras en el parque del barrio Alcázares, donde normalmente ensayan, se escucha de fondo la música proveniente de los instrumentos de la banda Papayasera, un espectáculo de este mismo grupo que involucra el trombón, los tambores, la trompeta, el clarinete y el redoblante interpretados por diez payasos músicos.

Para Loboguerrero es muy importante la comunión entre el teatro y la música, que ésta no sólo funcione de manera incidental sino que sea un personaje principal. Durante el Festival, este grupo tendrá presentaciones en centros comerciales y la carrera Séptima, junto con otras compañías como el Teatro Experimental de Fontibón y DC Arte.

Trabajando por el mismo objetivo de lograr que el teatro llegue a la mayor cantidad de personas en Bogotá, a esta nueva edición del Festival Iberoamericano regresa Ciudad Teatro, en Mundo Aventura, del 18 al 27 de marzo. Un espacio diseñado especialmente para quienes no tengan posibilidades de conseguir una entrada a los teatros principales o quieran ir en familia.

Jimmy Rangel, director escénico de este evento, explica que, tras un año de ausencia, Ciudad Teatro regresa a la escena, porque no todos tienen acceso a las obras en estos teatros. “El festival es como el carnaval de Bogotá, y este espacio es una apuesta para que todos hagan parte. Tenemos una población gigante de los estratos uno, dos y tres que disfruta mucho del teatro y queremos que puedan acceder de manera más fácil”, señala.

Y eso no es todo. Además de disfrutar de toda la programación dentro del evento, que tendrá un costo único de $15.000, los asistentes podrán participar de la agenda académica con profesores que dictarán clases libres, previa inscripción, de improvisación, danza contemporánea o clown. Esta franja se une con la escuela del Festival. Asimismo habrá obras como La maldita vanidad, dirigida por Daniel Díaz, o Momo, de Johan Velandia, espectáculos de mediano formato que llevan más de dos años en cartelera y atraen al público por su calidad y debido a que están dirigidos a toda la familia.

La idea es que nadie se pierda el espectáculo de este arte durante uno de los festivales más importantes del mundo, que defiende la importancia de llevar las obras a las calles y romper la cotidianidad ciudadana.

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