La tribu de los paisas (El monstruo en el hueco V)

Presentamos el V capítulo del libro "El monstruo en el hueco", escrito a modo de correspondencia por Ángel Blas Rodríguez y Mauricio Rubio.

El desfile de silleteros, una de las tradiciones paisas más conocidas, tanto en Colombia como en el mundo. Cortesía

Querido Blas:

Anoto, anoto tus sabias e irónicas observaciones del desbordante patriotismo mexicano y espero tener oportunidad más adelante para hablarte de su correlato paisa. Perdóname de nuevo, pero creo que no debo romper este hilo conductor que me lleva a determinar una especie de continuidad genética: de aburraes a paisas.

Así, si te hablaba de los aburraes es porque las gentes de Medellín, de alguna manera, todavía conservan un deje tribal en sus costumbres: muy apegados al folclor del extinguido campesino –la ciudad desde mitad del siglo XX es por excelencia textilera- y apegados a su particular humor que en la mayoría de las veces pone al antioqueño en el centro de las carcajadas, han tejido unas solidarias redes laborales donde es difícil dar cabida a quien no es de la tierruca. Pero nada que ver con un fenotipo indígena; prácticamente, a diferencia de otras ciudades capitales de Departamento como Bogotá (Cundinamarca), Santiago de Cali (Valle del Cauca), Popayán (Cauca) o Pasto (Nariño), invisibilizado. Ellos están bien mezcladitos (pongamos un aproximado del 93.4% de mestizos y blancos, un 6.5% de afrocolombianos y un 0.1% de indígenas) y, como bien sabes, mejor no hablar de la fama de la mujer de Medellín: delicada belleza y bondades en su tejemaneje sexual. ¡Qué verraquera, Blas, venite, venite p’acá!  

Si está interesado en leer el capítulo anterior de esta serie, ingrese acá: Urbis paternus (El monstruo en el hueco IV)

De aburraes a “paisas”, con este último nombre se les conoce a los antioqueños, el abreviado de “paisanos”, o sea, de las personas que son del mismo país, provincia o lugar que otras, aunque también paisano es el campesino que vive y trabaja en el campo. Aburraes o paisas, ciertamente, las gentes de Medellín son una tribu muy cerrada, un pueblito, eso sí, un pueblito orgulloso. En el Cerro Nutibara, como lugar de visita turística, han levantado lo que se conoce como el Pueblito Paisa, una réplica de una aldea pueblerina de antaño con todos sus ingredientes: iglesia, casa cural, escuela, farmacia, barbería, café y la típica plaza vecinal con su fuente de piedra. La tienda, por supuesto, vende el carril, el poncho, el sombrero y el aguardentico del arriero.

Si está interesado en leer la entrega enterior de esta serie, ingrese acá: Aburrae ciudad (El monstruo en el hueco III)

-Nosotros comemos paisa y defecamos paisa, un ciclo sin fin, somos muy cerrados, sabemos atender al forastero y al extranjero, pero en el fondo hemos establecido una especie de código paisa con el cual sólo nosotros nos entendemos. Así me hablaba Diego Jaramillo cuando se refería al “ser paisa”. Después de haber vivido en Estados Unidos durante dos años consecutivos, hacía un ejercicio de autocrítica, “con la cabecita ya más abierta”, me decía. Este comentario sobre la cerrazón paisa es frecuente escucharlo en el resto del país, comentario que además dibuja las puertas de las instituciones públicas antioqueñas siempre cerradas a las posibilidades del trabajador forastero. ¿Sabés?, el Presidente de esta llamada re-pública colombiana, Álvaro Uribe Vélez, es antioqueño, ¡de Medellín!, nacido un 4 de julio para el orgulloso establecimiento de unas cordiales relaciones usacolombinas. Mirá, te traslado la Admonición a los antioqueños, un certero poema de Julián Malatesta involucrando el carácter de los paisas con el de este soberbio amansador de potros que llegó a palacio:

 

¡Antioqueños…!

 

No os dejéis adular

por el amansador de potros que llegó a palacio,

ni por los escribanos

que llevan las cuentas de sus negocios y arrierías.

En todo el territorio es fama

el coraje que tenéis para vencer los infortunios.

Nuestra tierra tiene huellas

del modo en que vencéis los días

y construís con ellos puentes y caminos.

Está escrito en vuestra sangre el comercio

y la lengua gentil con las naciones,

en todas las artes destacáis hombres y mujeres

y tenéis cantores que llenan de gloria vuestra amada tierra.

A la hora en que emprendéis los viajes

todas las puertas se os abren generosas

y es agua dulce vuestras propuestas de futuro.

 

Sin embargo, hay demasiadas tumbas en Antioquia,

demasiados funerales entristecen la fiesta del arado,

apenas cuando se inicia el día

niños, labriegos hombres

y mujeres que esparcen la semilla del tiempo y las edades

caen abatidos bajo el fuego de los bárbaros

y el gobernante os habla con euforia de la guerra

y como un ebrio os seduce con palabras de zozobra.

 

¡Antioqueños…!

 

¡Preguntadle qué negocios tienen…!

¡Ponedle un poco de malicia a sus maniobras…!

¡Indagad por sus mañas de agiotista…!

 

Este hombre mercadea con caballos y con gentes

y a todos conduce al sacrificio. 

Si desea leer el segundo capítulo de esta serie, ingrese acá: Medellín: La estrella más inquieta (El monstruo en el hueco II)

Un soberbio amansador de potros y, al decir de Jaime Castro, un viejo zorro liberal de la política, un mesiánico cuyas aspiraciones no son producto de una ambición personal. Uribe, quien no ha hecho las grandes reformas necesarias –la agraria, la política, la territorial, la financiera- considera que fue enviado por la Providencia para salvar a los colombianos y que eso es superior a su propia voluntad.

Pero, oye, qué raza de hombres despiertos estos paisas, vivaces, rebuscadores, comerciantes, emprendedores, mantienen siempre encendida y alerta una chispa de gracia, no sé, algo hay ahí, ciertamente, que hace del paisa un ciudadano muy distinto al caleño o al bogotano, menos dados éstos al extraño, pero con códigos mentales, creo, más abiertos, más citadinos. ¿Determinismo geográfico? Je, je, no lo sé. Medellín es un estrecho hueco entre montañas, como te decía, y Cali, por ejemplo, un enorme valle con posibilidad de amplias miras… Por otro lado, el Valle del Cauca es el Departamento que cuenta con el mayor índice de emigrantes -a España y Estados Unidos sobre todo- de Colombia. Las historias de vida que los emigrantes cuentan a familia y amigos residentes en Cali, creo que también conllevan cierta apertura mental.

Si está interesado en leer el primer capítulo de esta serie, ingrese acá: Galaxia Distrito Federal ¡Bienvenidos! (I)

Antioqueño que cierra puertas, pero “antioqueño que no se vara” –dicen ellos- y monta su empresita tiránica con mucho Éxito. Éxito es el nombre que se le da a una gran cadena de almacenes comerciales cuyos promotores y dueños fueron paisas. Imaginate –recuerda, pronúnciala llana-, como dice Daniel Pécaut en su Orden y violencia. Colombia 1930-1954, desde el régimen de Santander en el siglo XIX aparecen como banqueros del Estado central y se mezclan estrechamente a las empresas de los bogotanos, controlan el comercio de exportación y se aseguran el dominio de los medios de transporte. El oro, Blas, el oro por el que morían y mataban los españoles. Las minas de oro de Antioquia les suministraban el dinero líquido que hacía falta en otras partes. Estas minas, de mineros libres, más adelantadas a las del Cauca que recurrían a la mano de obra esclava, y con más avanzada tecnología, a veces de origen extranjero, garantizaban a los comerciantes antioqueños, que intervenían como intermediarios, recursos que les permitían hasta fines del siglo XIX, tener el monopolio del comercio destinado al occidente colombiano. Fijate que en la década de 1870 al 1880 se crean en Antioquia tantos bancos como en Cundinamarca, con los consiguientes beneficios –redes, clientelas- que todavía perduran.

En fin, todavía hablan de los paisas como una “raza superior” y dicen que en sus venas corre un buen porcentaje de genética vasca y judía, vaya usté a saber. Al paisa, ese inquieto bicho, se le encuentra por toda Colombia montando negocios de todo tipo: panaderías, licoreras, cantinas, tiendas y rapitiendas y… ¡qué no falte la bandeja paisa ni la ambulante arepa acompañada de aguapanela! Paisa, paisa, ¡qué hartazgo! ¿Te cuento un chiste paisa? ¡Oh, no, di que no, di que no, por favor! Baste el cinismo del caleño Juan Andrés Valencia: “Los paisas se parecen mucho a los frisoles que tanto les gustan: en medio de su verraquera son blandos como el grano y cuando se juntan en abundancia se “hogan” en su caldo de arribismo gaseoso […]  ¿Cómo pueden considerar emblemático al Edificio Coltejer, un bloque de cemento que simula tener una tienda de camping en el último piso y un poncho largo y desteñido que lo cubre? Además, es el colmo que se enorgullezcan de su ascensor acostado que moviliza a miles de paisas enlatados, la versión criolla de un tarro de Campbell’s Mondongo…” Mirá, Blas, te explico, con ese ascensor acostado, Juan Andrés se está refiriendo al metro aéreo de Medellín, que no es subterráneo como fue el tuyo de tu estancia madrileña.

Me despido por hoy y en otro mejor momento –ya es noche cerrada- te hago saborear la deliciosa callosidad del mondongo.

 

Un fuerte abrazo

Alfonso

 

P.D.: Para que veas hasta dónde llega el temperamento de los antioqueños, te diré que desde 1993, por este Departamento corren noticias de ver andar a un Quijote a lo paisa, el resumen y la adaptación al “lenguaje paisa” de nuestro Don Quijote de la Mancha. Comenzado por Roberto Cadavid (Argos) y terminado por Jorge Franco, no sé, Blas, si en algo te ayudará a comprender el carácter verraco de estas gentes, el compararte un pequeño y conocido fragmento de su lectura. Pertenece al primer capítulo del Don Quijote. Mirá:

 

Don Quijote de la Mancha

Capítulo Primero: Que trata de la condición y ejercicio del famoso y valiente hidalgo don Quijote de la Mancha

[…] En resolución, él se enfrascó tanto en su lectura, que se le pasaban las noches leyendo de claro en claro, y los días de turbio en turbio; y así, del poco dormir y del mucho leer, se le secó el celebro de manera que vino a perder el juicio. Llenósele la fantasía de todo aquello que leía en los libros, así de encantamentos como de pendencias, batallas, desafíos, heridas, requiebros, amores, tormentas y disparates imposibles; y asentósele de tal modo en la imaginación que era verdad toda aquella máquina de aquellas soñadas invenciones que leía, que para él no había otra historia más cierta en el mundo (…) En efecto, rematado ya su juicio, vino a dar en el más extraño pensamiento que jamás dio loco en el mundo, y fue que le pareció convenible y necesario, así para el aumento de su honra como para el ejercicio de su república, hacerse caballero andante y irse por todo el mundo con sus armas y caballo a buscar las aventuras y a ejercitarse en todo aquello que él había leído que los caballeros andantes se ejercitaban, deshaciendo todo género de agravio y poniéndose en ocasiones y peligros donde, acabándolos, cobrase eterno nombre y fama.

 

El Quijote a lo paisa

Capítulo Primero: Hoja de vida de don Quijote

[…] Hasta que de tanta leedera y trasnochadera cuando menos se pensó ya estaba más loco que una cabra con balaca y daba por ciertas todo ese mundo de cañas y exageraciones que contaban en los tales libros, hasta que un día amaneció con la idea dizque de armarse caballero andante pa’ salir a recorrer el mundo a buscar aventuras y a medírsele a cuanto sinvergüenza estuviera por ai poniendo pereque, pa’ que supiera cuántas eran cinco.

Como sabes, entre el paréntesis que no he incluido en el texto de Cervantes, y que El Quijote a lo paisa suprime, aparecen algunos personajes como el Cid Ruy Díaz, el Caballero de la Ardiente Espada, Bernardo del Carpio, Roldán, el gigante Morgante, Reinaldos de Montalbán o Galalón, personajes fundamentales para entender la “loca hazaña” de El Quijote. Pero como dijo el cronista Luis Tejada en 1918, ese admirado, en autodenominación “pequeño filósofo de lo cotidiano”; ese –al decir del profesor Gilberto Loaiza- “artista cínico”, y un antioqueño nacido en Barbosa; como dijo en su crónica titulada Las grandes mentiras, “Decir que […] los antioqueños no son un raza ‘superior y pujante’, sino simples mortales tan perezosos y holgazanes como los boyacenses o los caucanos; […] decir algo que desvirtúe o tratar de probar la falsedad de uno de aquellos innumerables preceptos que las personas crédulas veneran, sería colocarse en inminente peligro de apedreamiento”.

 

 

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Ángel Blas Rodríguez / Alfonso Rubio

Cultura

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