Fiesta del Libro de Medellín

Letras de Brasil

El domingo se inaugura la Fiesta del Libro de la capital antioqueña y Brasil es el país invitado. Por tal motivo, presentamos textos de varios de los escritores que estarán en las distintas sedes del certamen, hablando de literatura, de su país, del arte de crear y de la importancia de escribir.

 

E.T. Llama a casa
Joca Reiners Terron

"Aqui jaz um cara que, nunca soube o seu lugar mas, o das vírgulas, sim", que en español traduce: "aquí hay un tipo que nunca supo su lugar, pero el de las comas, sí". Es la presentación que hace de sí mismo en redes sociales este narrador, poeta, prosista y artista gráfico. Sus textos han sido parte de varias antologías nacionales y extranjeras como Generación 90 y Los cien cuentos brasileños más pequeños del siglo. Estudió arquitectura en la UFRJ y se graduó en Diseño Industrial en la UNESP. Ha escrito novelas, cuentos, poesía y guiones para teatro.

Ha sido creador y editor de Ciência do Acidente, que rescató varios autores como Glauco Mattoso y Manoel Carlos Karam. Organizó la colección Otro Idioma recogiendo a autores como Levrero, Horacio Moya, César Aira, entre otros. Algunas de sus obras son: No hay nada allí, Curva de Río sucio, Del fondo del pozo se ve la luna, La extraordinaria tristeza de Snow Leopard, Hotel Hell, Sueño interrumpido por la guillotina, Electroencefalodrama, entre otros. En la dramaturgia incursionó con los guiones de Tarde o temprano todo muere y Bom Retiro 958 metros. En el año 2010, ganó el premio literario de la Fundación Biblioteca Nacional".

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(Cuiabá, Brasil. 1968)

Un día leí una estadística según la cual, de cada diez personas, cuatro no son hijos de quien piensan ser. Los engañados que vagan por ahí son muchos, pensé, y puedo ser uno de ellos. Esto me hizo preguntarme sobre la cuestión de la identidad. Desde hace mucho tiempo (cuarenta y nueve años, precisamente), la única certeza que tengo es la de que soy brasileño. Es lo que afirma mi certificado de nacimiento. Durante unos años de mi infancia desconfié de ser un hijo adoptado. Todo niño desconfía de eso, creo que a partir del instante en que pasamos a reconocernos en la diferencia que vemos en el otro: “yo no puedo ser hijo de ese de ahí, no tenemos nada en común”. Con la edad la desconfianza aumenta, englobando la patria nativa: “yo no soy igual a esos idiotas de ahí, debo haber venido de otro planeta”. Es un buen sentimiento, según Juan José Saer, que asegura que “de todos los niveles que componen la realidad, lo de la especificidad nacional es lo primero que debe ser cuestionado”, pues es el primero que, sustentado por razones políticas y morales, parece indiscutible.

Los personajes que perdieron su identidad son comunes en la ficción. En Memento (2000),  la película de Cristopher Nolan, el protagonista recreado por Guy Pearce solo se acuerda de aquello que le ocurre en los últimos 5 minutos. De cierto modo, es parecido con lo que vivo ahora, pues no consigo recordar el número de celular de mi hija, pero me acuerdo del teléfono de la casa de mi mamá de hace cuarenta años. Y todos estamos en ese mismo barco. Olvidamos el teléfono del planeta donde vivimos, contrario a aquel alienígena de la película de Spielberg. Ninguno de nosotros tuvo la felicidad de ver su propio nacimiento, e inclusive si lo hubiéramos visto, él bebé que aparece llorando en el video puede ser un farsante. Al menos es lo que afirma esa estadística. “Es mas fácil comprender el cosmos que comprender el ego”, dice Chesterton. La única cosa que ningún hombre puede llegar a conocer es su propio nombre.  Olvidamos nuestro propio significado, y todos vagamos por el espacio sideral sin que nadie cuide de nosotros.

 

 

Una sensibilidad capaz de humanizar la conciencia
André Neves

"La palabra, la imagen y la infancia son materias de mi creación para construir sueños. Existe en mí una necesidad de fantasear y esa necesidad antecede el propio objeto libro. Solo después de eso, sí, llega el lector a la lectura.

Por ser creador de sueños, estar con los lectores me hace respirar ese hiato que separa la vida de la ficción y que provoca un pensamiento. Eso me fascina y revela mi profesión real escondida tras los libros. Ser un promotor de lectura.

Creo de forma sincera que la presencia del autor para responder o interpretar su creación no funciona como estímulo, porque la literatura tiene que ser autónoma, trasciende mediante una luz que encendemos para iluminar nuestras elecciones, para que seamos mayores, para que seamos libres. En los libros somos nuestros propios lectores y eso va más allá de sus creadores.

Pero ese silencio íntimo que provoca la modulación de ideas y pensamientos en otros imaginarios es lo que me estimula a ser artista, y ser artista es explorar en el territorio del descubrimiento y de la transformación, es intentar provocar una sensibilidad capaz de humanizar la conciencia.

Incluso al intentar expresar el acto de crear sin saber realmente cómo y por qué sucede, el gusto de leer hace de cualquier momento con el otro ser mágico y poético. Así que al crear y promover la lectura tengo la necesidad de estar junto a los lectores, instigar la alegría del libro, la fantasía y el leer. Dejarme percibir apenas como el objeto del objeto y dar mi testimonio de mis sueños sin impedir toda la libertad y autonomía que merece la literatura".

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(Recife, Brasil. 1973)

Graduado en Comunicación Social y Relaciones Públicas de la Universidad de Pernambuco. Inició sus estudios de Arte en 1995 y desde entonces viene participando en varias exposiciones de dibujo y pintura. Asistió a la escuela de verano de Sarmede, Italia, y la XX Muestra Internacional de Ilustración Infantil Stepan Zavrel. Fue premiado por la Fundación Nacional de Libros Infantiles y Juveniles, y la Asociación de Escritores Brasileños. Trabaja como escritor, ilustrador y diseñador gráfico en Porto Alegre. Es autor de los libros de cuento: Orejas de mariposa, Amelia quiere un perro, Los inventos de Malvina, entre muchos otros.

André dice que él es pura imagen, riesgo y garabato, que solo sabe ser así, como si su alma fuese una ilustración o un dibujo trazado por el tiempo. Sus libros nacen de sueños, él visualiza sus historias como imágenes. Su pasión por la literatura lo ha llevado a ganar el premio Luíz Jardim a mejor libro ilustrado con Dry en 2001 y el Premio Açorianos a mejor ilustrador en 2004.

Identidad literaria
Ana Paula Maia

"Mi voluntad para escribir solo sucedió después de mi gusto por crear sujetos, nuevas identidades, y por explorarlas. Mis sujetos ficticios me revelan la posibilidad de otras existencias, lo que convierte a mi propia existencia en menos vacía y con mayor sentido. Necesito del otro, de ese sujeto que carga en sí mismo un mundo entero de matices desconocidos que son revelados párrafo por párrafo.

Sin embargo, la construcción de esas identidades en el espacio ficticio, trae a la luz el sentimiento de que es nada más que la reproducción de tipos e individuos que nos envuelven, que nos cercan y que la literatura aún apoyada en la idea de crear, al final, recrea e ilumina todo lo que nos rodea.

De esta forma, nosotros, los lectores, nos encontramos ante una amplia posibilidad en lo que se refiere a la profundización de nuestra propia identidad, forzándonos a confrontarnos con las diversas interpretaciones provocadas por las narraciones, del impacto de las sensaciones y sentimientos, del perfeccionamiento humano y sus relaciones".

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(Nova Iguaçu, Brasil. 1977)

A los 18 años empezó a leer como loca. Tanto así que no le daba ganas de salir ni tener amigos; por tres años se alejó del mundo leyendo cuatro libros al tiempo. A los 25 años publicó su primera novela, O habitante das falhas subterráneas. Después vinieron obras que ella considera más elaboradas: A guerra dos bastardos, Entre rinhas de cachorros e porcos abatidos, Carvão animal, De gados e homens y Assim na terra como embaixo da terra. Es autora, además, de numerosos cuentos que forman parte de diversas antologías y han sido traducidos al alemán, al croata, al español, al inglés y al italiano.

En los libros de Ana Paula no hay mujeres; no le atraen literariamente. Lo masculino, en cambio, le resulta fascinante; de niña siempre tuvo una buena relación con los niños y de adolescente fue la única mujer en una banda de punk. Y cuando empezó a escribir se decía a sí misma: «qué extraño, mi voz solo sale así, gruesa». Además, no le interesa narrar la vida de los hombres intelectuales, sino de aquellos con ocupaciones brutales y difíciles, esas que suelen ser marginalizadas y que transforman su voz en la de un hombre rudo, un gamberro que tumba paredes y mata animales.

Desde la ventana de Drummond
Ziraldo Alves Pinto

"Carlos Drummond de Andrade fue un gran poeta brasileño del siglo XX. Un día, hablando sobre él mismo, dijo: “Soy un observador de la vida”. Es claro que él no dijo, exactamente, esa frase, así de manera tan prosaica. Que él fuera un hombre de mirada atenta al acto de vivir se percibe en la lectura de su obra poética. Es fácil descubrir que es allí donde la gran poesía de Drummond nace. Él lo confirma cuando escoge para uno de sus libros el título “O Observador no Escritório”. La oficina, se ve, es su sala de trabajo; también se deduce que para que Drummond sea un observador, esta sala tendría que tener una ventana; lo que él está observando desde la ventana, sería entonces, una calle. Que al final, es una gran pasarela de la vida, un desfile de presuposiciones, intenciones y revelaciones humanas, materia de sus poemas.

Como esta poesía inundó mi espíritu con gran intensidad, creo haber también observado este desfile humano visto desde su calle a través de su mirada. Creí, tal vez por eso, que cuando llegara la hora de decidir mi destino, estaría dedicado a realizar historias destinadas a los adultos. Cuando me fui por ello, estaba inmerso hasta el pecho en este oficio de escribir e ilustrar libros para un lector aún en la infancia, descubriendo la vida.

El haberme dirigido por este lado de las intenciones de un escritor no fue una elección consciente. Como me sentí muy a gusto transitando por este camino, fui publicando uno tras de otro mis libros en esa dirección. No pude, sin embargo, darles el brillo de las fantasías relativas al género. Continué en la ventana de la oficina del viejo poeta y fui creando niños iguales al niño que fui, al desfilar por la calle bajo la ventana de Drummond.

No separé del todo mi vida de la vida del poeta, aunque, como un observador en la ventana de su oficina, yo me viera caminando ahí abajo y me encontrara, de repente, con él en la calle, seguro de que él estaría, al mismo tiempo, en la ventana de su escritorio para observarnos desde lo alto. Esto no explica cómo fue que me convertí en un escritor del tipo que soy, de repente sucedió. La única explicación que puedo dar es que, si él no se hubiera atravesado en mi vida, mis libros –como los que escribí y continúo escribiendo– no hubieran sido escritos. Y si lo hubieran sido, estarían siempre llenos de citas extraídas de sus textos. Y yo ya no estaría presente –¡ah!– en dos de sus libros con mis ilustraciones, una emocionante colaboración. Ya lo ven: me gusta contar esta historia. Esta vez, hago esto aquí, en Medellín, una ciudad cada vez más cercana a Brasil, que necesita conocer, de cerca, la obra de este brasileño llamado Carlos Drummond de Andrade, nuestro gran poeta. El pueblo colombiano, tan generoso y de sentimientos tan profundos, se sentirá identificado con su humana poesía".

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(Caratinga, Brasil. 1932)

Es uno de los escritores infantiles más conocidos y aclamados de Brasil, polifacético como pocos, pues es dibujante, carpintero, pintor, dramaturgo, diseñador, caricaturista, cronista, columnista y periodista. Se graduó en Derecho pero desde joven empezó a escribir y ya ha publicado más de 150 obras para niños. Su principal libro, O Menino Maluquinho, adaptado para cine y televisión, está basado en un niño lleno de imaginación que vive aventuras con sus amigos. Ziraldo imagina personajes como Jeremías el bueno, la Supermadre o el Minerito, que fácilmente conquistan a los lectores. Es el creador de Turma do Pererê, la primera revista de cómics brasileña a color hecha por un solo autor.

Es el fundador de revistas y diarios como O Pasquim y A Palavra y sus ilustraciones han aparecido en diferentes medios internacionales. Hace parte de la Oficina del Texto, una iniciativa para crear textos ilustrados en coautoría con miles de niños de escuelas de todo Brasil. Ha sido reconocido con premios como el «Nobel» Internacional de Humor en 1969, el Jabuti de Literatura en 1980 y 2012, el Iberoamericano de Humor Gráfico Quevedos en 2008. Suyas son también las colecciones de libros Meninos dos Planetas y ABZ. Dice su hija que Ziraldo trabaja cantando, silbando y golpeando el pie en el suelo, y afirma que él no crea, sino que contagia.

La ciudad en la construcción de su identidad
Rodrigo de Faria e Silva

"La ciudad no existe sin luminarias y sin velocidad, sin miedo y sin soledad, piedras que sustentan el agrupamiento agregado y que aprisionando protegen a los hombres débiles del progreso y del desarrollo.

Existe la ciudad como esfera de piedra que se perdió en sí misma al mirarse al espejo intentando comer su propia cola.

La ciudad como organismo vivo en que lo viejo y lo nuevo se disfrutan mutuamente sin pudor y sin recelo. Un organismo en que lo nuevo se alimenta de lo viejo, sea transmutándose para su cuerpo y espacio, sea demoliendo las ilusiones de preservación del pasado e instaurando la piedra fundamental del futuro.

La ciudad palpita en los elevados viaductos y puentes como venas expuestas. La luz al final del túnel tiene la misma tonalidad de aquella que antecede su comienzo. Aquí somos guiados por los caminos más cortos, los curvos y circulares caminos del conocimiento.

Existe la ciudad en el arte y en la mezcla de las almas que conviven en el mismo sistema nervioso de orden y caos, de sadismo y masoquismo en búsqueda del equilibrio.

La ciudad ora a la luz de los ruegos ovacionados por la miseria humana, la mayor de las miserias humanas, mayor aún que la miseria de aquellos inocentes que vemos perdidos en la selva cruda de máquinas contaminadas conducidas por máquinas contaminantes y que creen ver en ella un bosque encantado, nunca imaginado en las historias contadas por sus madres no letradas.

Existe la ciudad sin inundaciones y sin emociones, sin favelas y sin pobreza, sin cicatrices y sin fuentes; sin de todo un poco, del bien y del mal, de lo vacío y de lo lleno, de lo sano y de lo loco.

La ciudad de los paisajes, de los barrios y de los caminos reflejados en el estado psíquico de sus habitantes. La esencia de la capital está en un cartel pegado en un poste atrás de la cama vista por una ventana que se abre al pico el Jaraguá, y también en pleno marco cero rodeado de palmeras imperiales que dibujan la Catedral da Sé.

Existe esta ciudad hace cerca de 500 años, en última instancia la última estancia del hombre en la búsqueda esquizofrénica por su identidad".

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(San Pablo, Brasil. 1969)

Maestro en Teoría Literaria y Literatura Comparada de la Universidad de San Pablo. Es autor de Em busca de um caminho, Um mês depois ainda existe porém?,  Zé Ferino, Da loucura dos homens e outros ensaios, Canto do Mar, Amar não é… y Crueldade Masculina. Ha editado más de cien publicaciones y actualmente este es su trabajo en SESI-SP Editora. Fundó klickescritores.com.br, pionero entre los sitios de literatura en Brasil para mediar la relación entre escritores y lectores. Además, ha sido profesor en la Universidad Paulista de los cursos Producción e Interpretación de Textos, Teoría de la Lírica, Literatura Portuguesa, entre otros. Está seguro de que su regreso a la escritura será con libros para niños y jóvenes.

Se acercó a los libros porque sus padres, aunque no eran intelectuales, disfrutaban mucho leer libros, su padre sobre política y educación y su madre novelas románticas. Quería ser escritor para ser bohemio; en esa época, más que la palabra y la literatura, le fascinaba la vida de los escritores y de los poetas, porque sentía que eran personas libres. Poco a poco, acompañado por libros como Juliano, de Gore Vidal; El Agujero en la Aguja, de Ken Follet, y Caín y Abel, de Archer, se convirtió en escritor.

Sobre palabras, imágenes e identidades
Ciça Fittipaldi

"El foco de mi trabajo con literatura e imágenes visuales para niños está orientado hacia los cuentos y temas de las culturas indígenas, africanas o afrobrasileñas y amerindias. Distintos formadores de nuestras creencias y modos de vivir. De esa manera mi trabajo me exige e intenta despertar en el lector el pensamiento acerca de las identidades. Eso quiere decir que el tema de las diferencias y los conflictos en su interior, están siempre en pauta, en la creación o traducción del texto, en la creación de las ilustraciones y en la definición misma del proyecto gráfico editorial.

El mundo en crisis, en pavorosa violencia y tan perturbado por los conflictos interétnicos y por las guerras que expulsan multitudes de sus lugares de vida, nos exige atención y humanismo en el tratamiento de las diferencias. En el caso de los pueblos indígenas en Brasil, la ausencia del cumplimento de las políticas, la deuda en demarcar las tierras, la indiferencia de la justicia delante de la violencia y el descontrol total sobre los conflictos, permiten invasiones a los territorios y amenazas a las vidas y las culturas de comunidades inmensamente desprotegidas. Todo eso nos hace pensar sobre la diferencia considerando que la palabra tolerancia no da cuenta de la mediación fundamental entre nosotros y los otros.

Entonces, en la pequeñez de mi trabajo frente a eso, busco algo más que tolerancia, busco algo cercano a la empatía y a la aceptación. Busco toda la colaboración que esas culturas puedan darme, así como procuro llevar la mía, proponiendo un intercambio de entendimientos, difícil, pero sobre todo afectivo y amoroso. Y me dejo seducir por la belleza y las poéticas de esas personas.

Mi trabajo nace de la experiencia. Creyendo en la proximidad entre el arte y la vida, entendiendo lo poético como ese algo experimentable y posible de ser vivido, intento practicar una mirada análoga a la del antropólogo, una mirada investigativa que cuestiona el cuento y el texto, buscando los indicios de las culturas locales y las formas artísticas. Busco relaciones con otras formas simbólicas, dentro de un conjunto que explica una manera de vivir y de pensar la vida. Puedo, entonces, ponerme al lado de esos “otros” que viven la narrativa en sus perspectivas de ser y de estar en sus propios mundos.

El filósofo Walter Benjamin ya había constatado que la experiencia se pierde cuando se rompe la relación entre aquel que cuenta una historia y quien la recibe y se apropia de ella. En esa comprensión, el relato se torna en una tachadura, la comunicabilidad un obstáculo y el narrador, un náufrago. Esa es la dificultad de mi trabajo.

Cuando un narrador como el chamán Davi Kopenawa, Yanomami, se refiere a los “xapiri”, sobrenaturales, como “espíritus que bajan de las montañas para jugar en la selva en sus espejos”, puedo imaginar y hasta representar “xapiris” y “espejos” de formas innumerables. Y puedo, con muy buena intención en mi interpretación, impregnar mi traducción de prejuicios, errores y contradicciones.

No hay alternativa sin acercamiento, sin diálogo, intercambio y respeto intelectual por los conceptos y por la estética del otro, ya que en mi oficio de transmitir, termino transformando la palabra ajena. Pacificando los blancos.

Como ilustradora, delante del panorama de textos, me entrego a una escucha de las palabras, una escucha que se ve. Busco en la forma escrita su ritmo, su sonoridad, y en la trama, su secreto: “¿Qué tiene esa historia para mí?

El descubrimiento de un “secreto” en la historia me ofrece un posible punto de partida, revela mi reconocimiento en los otros, mi reconocimiento de aquella humanidad, mi posición en el juego de la alteridad.

Palabras e imágenes, para mi, se pierden sin la experiencia".

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(Sao Pablo, Brasil)

Se graduó como diseñadora y artista plástica en la Universidad de Brasilia y como maestra en cultura visual de la Universidad Federal de Goiás, donde es profesora de ilustración y diseño editorial. Dice que sus grandes maestros en el diseño fueron los indígenas yanomami. Ha ilustrado más de 50 libros infantiles y juveniles como Naninquiá, a Moça Bonita o la serie Bichos da Africa. Además, es autora de varios libros infantiles que recogen mitos de diversas culturas existentes en Brasil, Naro, o gambá es uno de los más reconocidos. Ha ganado varios premios, como el Jabuti de ilustración y el de la Asociación Paulista de Críticos de Arte.

Su pasión por la estética en las imágenes y el poder de lo visual nació cuando contemplaba fotografías de los indígenas Karajá, quienes creen que hay tres mundos: el terrestre, el subacuático y el de las lluvias. Respecto a su gusto por los mitos, dice que le interesan las historias en las que el pasado persiste en el presente. Su pasión y esmero le han merecido tres nominaciones al Premio Hans Christian Andersen, el más alto reconocimiento internacional otorgado a autores e ilustradores de libros para niños y jóvenes.

Brasil y la ética: una reflexión
Roberto DaMatta

"Todo mi trabajo con la sociedad brasileña tiene una visión antropológica, una perspectiva que combina el ver de lejos como de cerca, de un observador envuelto por su objeto. A diferencia de muchos intérpretes de Brasil, no me enfoco en la política ni en la historia política, pero sí en el mundo diario y en sus rituales. Fue así que analicé el carnaval y los deportes. En este nano-ensayo sobre la ética, focalizo ese ítem básico en la constitución de una sociedad de iguales. Apunto algunos problemas relativos a éticas en un sistema aún ampliamente patriarcal de base esclavocrática y personalista.

Cuando estudié el “¿Usted sabe con quién está hablando?” como ritual autoritario, dije que uno de los mayores problemas de la vida pública brasileña era el hecho de que teníamos un exceso de éticas. Había una ética para los amigos y parientes. Ética fundada en la casa, en los parientes y amigos;  y había también una ética que gobernaba nuestro cuadro legal y constitucional.

La ética de las personas gerenciaba la casa y, entre sus demandas, está la de retribuir lo que se recibe. Amor, dice ella, con amor se paga. El mundo de calle, sin embargo, era gobernado por leyes y decretos que, después de la proclamación de la república, son emitidos por el insomnio o por la igualdad como valor. Y la tal letra dura, impersonal y abstracta de ley que, teóricamente, vale para todos y que es muy buena para otros no para nosotros.

La gran transformación del mundo occidental fue el paso de la ética de las personas, de la casa y de las viejas reciprocidades basadas en el intercambio de favores y regalos, para una ética fundada en la igualdad de todos mediante la ley y la justicia. 

Fue esa ética moderna, democrática, igualitaria y, por eso llamada universalista, que decisivamente englobó la vieja segmentación de los privilegios fundados en los nacimientos, en la familia, raza, profesión y religión, la cual juzgaba aristócratas, clérigos (sacerdotes) y el pueblo por medio de normas diferenciadas. De tal modo que un mismo crimen era leído de modo diverso así fuera cometido por un noble, un padre o una persona común. [Como aún ocurre en el Brasil moderno. Como en el caso de los políticos y los magistrados].

En Brasil, un país ibérico relativamente alejado de las prácticas burguesas, esa ética universalista que demanda respeto por las leyes y, más que eso, obliga a su aplicación, como dice Max Weber, sine ira et studio (sin odio o condescendencia), fue adoptada parcial y oficialmente. No podría ser de otro modo en un sistema que ya en el imperio, adoptó el liberalismo, pero continuaba siendo tocado por la esclavitud y la aristocracia. La república forzó una primera onda de universalismos, pero sería ingenuo imaginar que prácticas tradicionales fundadas en las viejas jerarquías de la casa, pudieran ser erradicadas por las sucesivas constituciones liberales y decretos promulgados en las varias fases republicanas.

El resultado, para acortar una larga historia, fue un proceso de acomodación social entre casa y calle; entre la ética personal del parentesco, de la amistad y el padrinazgo; y la ética oficial, moderna, progresista y oficial de igualdad de todos ante la ley.

Uno operaba en lo cotidiano, en los acuerdos entre personas, en la distribución de los recursos del Estado, en la composición de las comisiones gubernamentales y ministerios. Era la práctica del favor y de la reciprocidad, marcada por la jerarquía que de cierta forma obligaba a los poderosos a una redistribución de bienes, de la misma forma en que legitimaba la apropiación de los bienes y servicios públicos porque en ellos se instalaban o tomaba posesión, volviéndose sus dueños. 

La ética universalista escrita en el papel, aunque, anestesiada por las sólidas prácticas personalistas hacia presión sobre el sistema. Las palabras corrupción, escandalo, trampa, jeitinho, pistolão, clientelismo, apadrinamiento y trasgresión, muestran ese conflicto, revelando que la sociedad había, a sabiendas o no, adoptado dos éticas y dos modelos de gerenciamiento de su vida social.

Esa convivencia ha sido tan profunda que muchos aún la ven como algo natural, parte de todas las sociedades humanas. Desmemoriados de que algunos sistemas hicieron movimientos sangrientos para instituir la ética de la igualdad en su medio (como fue el caso de Inglaterra y, sobre todo, de Francia), ignorantes de que por lo menos un país nació republicano y moderno y por lo tanto sin la ética del favor como un valor a ser erradicado, como fue el caso de los Estados Unidos; muchos asumen que Brasil no tiene caso o remedio porque, de hecho, uno de los males de nuestra vida social es exactamente esa interferencia de las relaciones personales en la vida pública.

Cualquiera que sea la posición, no obstante, el hecho es que Brasil ha modernizado su sistema político. Modernizado en el sentido de que hoy en día, más que en cualquier otra época histórica, existe menos tolerancia con las prácticas clientelistas en las cuales la ética del favor englobaba la equidad en la distribución de bienes y recursos públicos. Una de las mayores victorias de la ética universalista en el caso brasileño, fue la estabilidad monetaria que posibilitó la institucionalización de un mercado autorregulable, impidiendo el viejo control de la economía por la política. Con ello llegó otra institución crítica: el ajuste fiscal que dificulta y vuelve visible el desperdicio de recursos públicos.

Es claro que hay un largo camino por recorrer, pero el hecho concreto es que existe hoy en Brasil una demanda igualitaria más individualista y menos corporativa (y familiar) como ocurría en el pasado. Al lado de ella, se extienden todo tipo de clamores contra el abuso de las relaciones personales y de su ética concomitante que afirmaba como axioma: a los enemigos la ley, a los amigos todo.

Todo indica que hay un sentido más realista del mundo. Sabemos que en todos los lugares las amistades y los lazos de familia pesan en las decisiones. Pero se sabe también que las democracias consolidadas y de calidad, son permanentemente controladas y eventualmente  domesticadas.

La expresión “conflicto de intereses” retrata esa división entre la persona y la ley. El eslabón que demanda el favor y la relación cívica que exige el bien común trae a la luz las responsabilidades públicas. Todo indica que en los últimos tiempos, hemos aprendido que gobernar es más que una acción entre amigos, que la impunidad y, en nuestro caso, una función de un corporativismo que tocó esos vínculos personales y que la corrupción es una cuestión de ignorancia de la ética de casa cuando es utilizada como un instrumento político.

¿Deberíamos, pues, abandonar a los familiares, compadres y amigos? Claro que no. Pero parece ineludible que una de las demandas de la vida democrática es que las reglas que valen para la calle deben –con sus debidos quiebres– aplicar también en casa".

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(Niterói, Brasil. 1936).

Profesor titular de antropología de la Pontificia Universidad Católica de Rio de Janeiro. De 1959 a 1987 trabajó como antropólogo del Museo Nacional de la UFRJ, donde fue pasante, investigador auxiliar, profesor, jefe del departamento de antropología y coordinador del programa de posgrado en Antropología Social. De 1987 a 2003, ocupó la cátedra Reverendo Edmund P. Joyce, C.S.C de Antropología de la Universidad de Notre Dame, en Indiana, Estados Unidos, de la cual es Profesor Emérito. Escribió ensayos sobre dos sociedades tribales de Brasil: Los Gaviões del Estado de Pará, y los Apinayé, del actual estado de Tocantins. Escribió y editó ensayos que hablan de Brasil como sociedad, llena de costumbres y de valores. Es cronista semanal del periódico O Estado de São Paulo, de Globo. Sus últimos libros se titulan Fé em Deus e pé na tábua: como o trânsito enlouquece no Brasil y Brasilianismos y, con Alberto Junqueira, Fila e Democracia todos publicados por la editora Rocco.

 

 

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