Para salvar el teatro del silencio

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La fragilidad del sector teatral cada día se hace más evidente, después de más de tres meses de iniciada la cuarentena, se anuncian cierres, proyectos artísticos sin solvencia económica, reducción de espacios y traslados, entre otras tragedias.

Hace unas semanas el público lamentaba a través de las redes sociales el anuncio de quiebra realizado por el Circo del Sol, una de las empresas de espectáculos más reconocida del mundo, y aunque la situación de esta importante organización no deja de ser lamentable, el panorama del sector teatral de Bogotá no se aleja de esta dura realidad. En enero, la compañía Casa del Silencio anunciaba con mucho entusiasmo la apertura de su nueva sede, un espacio que además de brindar un escenario para la circulación de las artes escénicas, era la consolidación de un sueño: sería la sede de Le Geste, La Escuela Nacional de Teatro Físico, que contaría con un programa permanente orientado a la formación del actor a partir de la técnica del teatro físico.

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Una iniciativa que permitiría recoger y transmitir la experiencia de 23 años de trabajo pedagógico y creativo de su director Juan Carlos Agudelo, egresado de la Escuela Internacional de mimodrama de París, Marcel Marceau, y promotor en Colombia de la técnica del mimo corporal dramático de Etienne Decroux. Pero este sueño, así como sus creaciones, de gran belleza estética y narrativa, donde el cuerpo y el gesto son los protagonistas y detonantes del hecho escénico, se han quedado sin casa. Agudelo, a través de una emotiva carta anunció el cierre de este proyecto: “construir un espacio no es tarea fácil, cerrarlo y ponerlo en otro lugar es aún más difícil. Hemos soñado con la consolidación de una escuela nacional de Teatro Físico para este país, hemos anhelado el relevo generacional de un lenguaje milenario, hemos perseverado por más de 23 años y hemos resistido por la enorme convicción de que el arte y la educación son los caminos que pueden construir, aliviar y transformar una sociedad. Desafortunadamente los grupos de teatro independiente como el nuestro, hoy se ven en la obligación de cerrar las puertas”.

Sin embargo, deben cumplir con los compromisos adquiridos, cancelar arriendos y entregar las instalaciones en las mismas condiciones que las recibieron, esto significa desmontar galerías, equipamientos técnicos y los pisos acondicionados para el uso en danza y acrobacia que contaron con una inversión superior a los veinte millones de pesos. “Hemos vivido y hemos sostenido el espacio gracias al trabajo ininterrumpido de la compañía y cuando hablamos de ininterrumpido nos referimos al trabajo de domingo a domingo, de enero a enero para lograr cumplir con obligaciones como el pago de arriendo, servicios, docentes, artistas, administrativos y un sin número de exigencias burocráticas que certifican nuestra existencia como organización”, comenta.

Atendiendo a la situación que enfrenta La Casa del Silencio y otras salas, la Asociación de Actores Acá lanzó la campaña #SalvaLaSala, una donatón que busca recaudar un fondo de $500.000.000 millones de pesos para apoyar 40 salas de teatro de Bogotá y 10 del resto del país, entre 290 que aproximadamente pueden existir en todo nuestro territorio. “Con esta apuesta queremos ir más allá de la recaudación de un dinero, queremos visibilizar la situación del sector. Lo que ha hecho esta crisis es poner en evidencia la vulnerabilidad de 80% de la población del país, en nuestro sector es un poco más notorio debido a su informalidad y aunque el Gobierno ha lanzado algunos salvavidas, para las empresas culturales ha sido imposible acceder a ellos. Entendemos que se debe pensar en las necesidades básicas de la población pero esta situación ha evidenciado lo terrible del sistema en el que nos encontramos y la poca importancia que el sector creativo tiene para el Estado colombiano”, afirma el actor Julio Correal, presidente de la asociación.

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Pero, ¿qué ocurre en una sociedad que pierde sus escenarios teatrales? ¿Cuál es costo cultural, artístico y social al que nos enfrentamos? Para Agudelo el arte es un fundamento vital para una sociedad sana, alegre y equilibrada. Cuando se abre una sala de teatro en un barrio, se permea el sector, se llega a los niños, a los mayores, se brindan otras opciones de vida; el arte congrega y transforma. “Eso es lo que estamos perdiendo y recuperarlo va a ser muy difícil, pues no existen garantías”. Correa afirma que estamos perdiendo la posibilidad de cuestionarnos y de ver creaciones que nos confronten y cuestionen. “Lo más doloroso de estos cierres, que apenas están empezando, es que en los últimos años y como nunca, la producción propia ha crecido. Esas posibilidades también se cancelan, porque uno sigue escribiendo, pero la dramaturgia, el teatro, están hechos para llevarse a la escena y los escenarios son necesarios para el encuentro” o el “convivio” como lo denomina el profesor e historiador teatral argentino Jorge Dubatti.

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