Trascender el caos con Alexis Cárdenas y Lucas Saboya

Reseña sobre la presentación de Alexis Cárdenas y Lucas Saboya Cuarteto, ofrecida en la Sala de Conciertos de la Biblioteca Luis Ángel Arango en Bogotá. La agrupación también estuvo en Villavicencio en el Teatro La Vorágine.

En el concierto participaron el violinista venezolano Alexis Cárdenas, el tiplista colombiano Lucas Saboya, el contrabajista argentino Horacio Javier Paco Weht y el percusionista español Roger Santacana. Gabriel Rojas © Banco de la República

Ir en carro a los conciertos dominicales de la Biblioteca Luis Ángel Arango en Bogotá puede no ser la mejor idea del mundo. Lo digo no tanto por el recorrido hacia el lugar —los domingos bogotanos son, después de todo, el único medio respiro semanal al caótico tráfico capitalino— sino por la absurda lentitud del ingreso al parqueadero de la biblioteca. Al concierto de Alexis Cárdenas y Lucas Saboya Cuarteto legué manejando a las inmediaciones de la biblioteca hacia las 10:30 a.m., media hora antes de la supuesta hora de inicio. Demoré casi esa media hora en recorrer menos de media cuadra, parquear y caminar hasta la sala.

El, dirían algunos, pintoresco caos no culminó con el ajetreo del parqueo. El ingreso de los asistentes a la sala también pareció imbuido por aquel desorden vehicular: se confundían las filas —unas largas, otras cortas— y en la confusión parecían también desorientados los anfitriones que recogían las boletas y repartían los programas de mano. El caótico escenario era tierra fértil para aquellos que, por supuesta astucia o simple ignorancia, lograban ‘adelantar’ felizmente su ingreso. Aquella aura criolla de informalidad y caos domingueros, refrescante para algunos e irritante para otros, se percibía también dentro de la sala. La nutrida asistencia de público, evidentemente eufórico, llenaba de vívido ruido un espacio ceremonial que usualmente respira silencio.

Y, sin embargo, ese ‘caos’ no era de aquellos que hacen flaquear los espíritus y hacerlos tender a la desesperación. Era un caos, digamos, feliz; como un augurio de la euforia y el buen ánimo que prevalecerían durante el concierto. Dicho augurio pareció cristalizarse de inmediato en el atronador aplauso con el que el público recibió a los integrantes del cuarteto. Salieron, uno a uno, de traje oscuro, a la vez sencillo y sofisticado.

No recuerdo el orden exacto de su ingreso al escenario, pero imagino que entró primero el reconocido y virtuoso violinista venezolano Alexis Cárdenas, seguido de su amigo de vieja data y compositor/arreglista de todas las piezas que escucharíamos en instantes, el tiplista colombiano Lucas Saboya. Les seguiría el contrabajista argentino Horacio Javier Paco Weht y el joven percusionista español Roger Santacana, que se encargaría de interpretar el vibráfono. En ese orden se ubicaron, de izquierda a derecha, sobre el escenario. Lucas, aquel pequeño gran músico, iluminó la sala con su amplia sonrisa. Así sin más, sin mediar palabras, se sentaron, esperaron a que Saboya afinara pacientemente el tiple —al que tiernamente el propio Lucas llamaría más adelante ‘el bicho este’— y se embarcaron en interpretaciones refrescantes, sin señales aparentes de esfuerzo, en un fluir generoso que pareció capturar e hipnotizar en deliciosas formas sonoras aquel caos predecesor que había retrasado el inicio del concierto unos buenos veinte minutos.

Por algo más de una hora escuchamos un programa que incluyó un par de estrenos, como el neo-joropo Punta Iguana, así como una serie de arreglos de piezas de música andina colombiana que Lucas Saboya había compuesto para diferentes formatos y que son ya representativas de la frontera vanguardista. El concierto sirvió como lanzamiento de un proyecto discográfico, que incluye un video-documental, y que había surgido espontáneamente del entrecruce circunstancial de estos cuatro músicos, mientras Saboya hacía sus estudios de posgrado en España.

El formato me pareció maravilloso. Y si bien al tiple le faltó, en general, algo de volumen, la mezcla sonora fue fenomenal, ayudada sin duda por la generosa acústica de la sala. El performance de los cuatro fue impoluto, aunque hubieran podido salirse un poco de la partitura. Y la mezcla de sus personalidades artísticas y escénicas fue, sin duda, una delicia.

Al final pareció quedar solo la euforia. Salir del recinto, recoger el vehículo, y abandonar las inmediaciones de la biblioteca me tomó algo menos de diez minutos. ¿Y el caos? Hechizado por los pasillos y bambucos de Saboya y por el maravilloso performance del cuarteto, transfiguró en alegría. Como aquella de la amplia sonrisa del pequeño Lucas, que sin duda permea sonoramente su música.

* Maestro en Música con énfasis en guitarra clásica de la Pontificia Universidad Javeriana.

 

 

 

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