Que viva la música

La venta de formatos físicos crece en mercados como EE.UU. y Francia, con el vinilo a la cabeza. Al mismo tiempo se incrementa el consumo digital.

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Larga vida a la música. Larga vida a las tiendas de música, al menos en el Reino Unido. La Asociación de Tiendas de Entretenimiento (ERA, por sus siglas en inglés), una organización que agrupa a vendedores de video, música y videojuegos en formatos físicos, acaba de publicar un informe en el que asegura que este tipo de establecimientos creció poco más del 20% en ese país, uno de sus puntos más altos en décadas de continuo decrecimiento en la venta de copias físicas de álbumes, entre otros ítems.

Según la ERA, hoy existen en el Reino Unido 10.391 tiendas de música, 10.500 de video y por lo menos 5.665 de videojuegos (este sector fue el que menos creció de los tres, con 1,3%).

Las cifras de la ERA son consistentes con una tendencia que ya se había visto en otros sondeos, como el análisis anual que la Federación Internacional de la Industria Fonográfica (IFPI, en inglés) hace del mercado musical en el mundo. El Reino Unido es uno de los lugares en donde más ha crecido la venta de vinilos, uno de los pocos formatos físicos de música que continúa creciendo (incluso después de una especie de coma que sufrió hace varios años). Los datos de la IFPI, cuyo último reporte publicado es de 2014 y utiliza información de 2013, hablan de un crecimiento de más del 100% en la venta de vinilos en ese país. La ERA, por su parte, habla de un millón de copias vendidas durante 2014 en este formato, el número más alto desde 1996. The Endless River, de Pink Floyd, se convirtió en el LP de más rápido consumo en por lo menos 25 años, con 6.000 copias adquiridas tan sólo en su primer fin de semana a la venta.

La IFPI asegura que, por ejemplo, Francia es uno de los países en los que la venta de copias físicas de música no decreció e incluso tuvo un incremento de 0,8%. Modesto, es cierto. Pero tal vez haya en esos números incipientes una tendencia que, al parecer, podría replicarse eventualmente en mercados como Italia y Alemania, en donde si bien no se registraron aumentos en este rubro, el ritmo de la caída fue menor que en otros años. En Estados Unidos la venta de vinilos se incrementó en 32%, de acuerdo con las cifras de la federación.

En 2008, un sector de la industria musical se inventó una especie de feriado que, celebrado en un fin de semana de abril en países como Estados Unidos y el Reino Unido, fue bautizado como “El día de la tienda musical” (Record Store Day): una especie de pequeña institución que ha contado con embajadores como Ozzy Osbourne e Iggy Pop y que este año tiene a Dave Grohl a la cabeza del movimiento que el año pasado representó una participación de casi 20% para las tiendas independientes en las ventas totales de música durante este período en EE.UU.

En ese día, las tiendas se concentran en vender material que sólo entonces ve las estanterías y que, claro, es buscado principalmente por coleccionistas. Esta es una de las críticas que se le hacen a la fecha y, en general, al mercado del vinilo: ambas cosas se transformaron en un asunto para entendidos, como una especie de gueto para privilegiados.

Aunque nadie habla de un renacimiento pleno de las tiendas de música (incluso de los locales de videojuegos, que hoy enfrentan la dura competencia de plataformas en línea y móviles), lo que sí parece estar sucediendo es que, como ya ha pasado en otros momentos de la industria musical, algunos formatos y canales de venta quizá han encontrado un nicho de mercado en el cual pueden sobrevivir e incluso florecer.

Todo esto llega en medio de la transformación digital de la música, un asunto que, más allá de las descargas consideradas ilegales, continúa ganando terreno. Según un estudio de Ipsos Media CT realizado en 10 mercados en el mundo (países como Estados Unidos y Japón, por ejemplo), el 61% de las personas encuestadas, entre los 16 y los 64 años, ha participado en alguna plataforma de distribución de música digital legal en los últimos seis meses, una cifra que crece a 77% en los usuarios entre 16 y 24 años.

La IFPI estima que el 39% de los ingresos de la industria musical provienen hoy de canales digitales; las ventas físicas aún representan un 51% de este rubro, aunque su porcentaje de participación era de 60% hace tan sólo dos años. El crecimiento de las ventas en línea fue de 4,3%, según el último reporte de la federación, hasta llegar a los US$5.900 millones. Hoy hay más de 28 millones de usuarios que pagan una suscripción a servicios como Spotify, cuando en 2010 se registraban ocho millones de personas.

A pesar del crecimiento en el consumo digital de música en plataformas legales, un asunto sostenido y que hoy incluso alcanza mercados emergentes, como África, la persecución de la piratería también ha alcanzado puntos altos, no necesariamente buenos y que incluso pueden bordear en la histeria. Por ejemplo, según cifras de la Electronic Frontier Foundation (EFF), entre mayo del año pasado y febrero de este año, Total Wipes (un conglomerado de 800 disqueras) le envió a Google un promedio de 1.214 pedidos semanales de retiro de material por presunta piratería. El método de análisis utilizado, en vez de ser realizado por una persona, se hizo a través de un computador que, en muchos casos, vinculó con supuestas conductas ilegales a cientos, o miles, de sitios que nada tenían que ver con música. “Gracias a la automatización del proceso, sin revisión humana, estas notificaciones suelen resultar en el bloqueo y la censura de material perfectamente legal”, reza un documento de EFF.

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