La incertidumbre de Colombia y EE.UU. porque no hay avance en tema de biocombustibles

El aumento de las mezclas de la gasolina y el ACPM con los biocarburantes está frenada en ambos países. Gobierno Santos estaría pensando en poner techo a los precios.

Archivo - El Espectador

Hace menos de seis años, Estados Unidos era uno de los mayores consumidores del etanol brasilero. Cuando los norteamericanos decidieron apostarle a esa industria y empezar a mezclar los biocarburantes con los combustibles fósiles tenía una producción incipiente que estaba supliendo el país más grande de Suramérica. Según Michael Dwyer, economista principal del Consejo de Granos de Estados Unidos, esa fue la única manera de cubrir la necesidad mientras el sector se fortalecía.

Hace cuatro años, se levantaron todas las restricciones arancelarias para importar y exportar etanol desde y hacia Estados Unidos. La única obligación que tienen los productores es mezclar su producto con hidrocarburos. Sin embargo, es una decisión que solo se tomó al saber que se tenía una industria saludable y competitiva.

“No tenemos ninguna regulación desde 2012, solamente mezclar el etanol con los hidrocarburos. Antes habían unos subsidios para los productores de etanol y un arancel para que cualquier producto que viniera de Brasil tuviera que pagarlo”, explica Dwyer.

Actualmente, la producción de etanol en Estados Unidos está comprometida a mezclarse con más de 130 mil millones de galones de gasolina, representando cerca del 10% de la mezcla hidrocarburos - etanol. Aunque la idea es que la cifra llegue al 15%, la regulación norteamericana se ha quedado congelada.

“Es critico porque el precio de los hidrocarburos es muy bajo y ahora estamos compitiendo con el de la gasolina. Si no se sube la mezcla es complicado competir” porque tendrían que ponerse a la par de un combustible masivo y aparte muy barato.

Para mantener, dicha producción, la industria de ese país ha invertido más de US$21 mil millones. En plata blanca, US$2 de cada galón van a parar a la construcción de nuevas plantas de transformación.

De acuerdo con Dwyer, “el mundo está viendo los combustibles como una alternativa viable para cambiar los impactos sobre todo en los sectores de transportes y movilidad. El reto del sector es trabajar para que la regulación se ajuste y aumentar las mezclas”.

Precisamente esta es la receta que hasta ahora Colombia no ha podido concretar. Primero porque el objetivo de que la mezcla a 2020 llegará al 20% parece que no se va a cumplir, y segundo porque la actualización de la regulación estaría poniendo en jaque a los palmicultores.

El gremio, agrupado en la Federación Nacional de Biocombustibles, ha manifestado su inconformidad con las medidas que está analizando el Gobierno y que tienen que ver con la posibilidad de poner techos al precio de los biocarburantes para compensar los efectos de la devaluación del peso.

Jorge Bendeck, presidente de la federación, asegura que “el costo del biodiesel está por encima del de el ACPM pero eso no es culpa del productor. Ellos no controlan el comportamiento del dólar, ni el de la palma pero el ejecutivo quiere establecer un precio para el aceite sin importar estos factores. Hay una diferencia con el ejecutivo por la forma como está interpretando las señales del mercado”.

A eso se le suma, según Bendeck, el levantamiento de un arancel del 20% para las exportaciones de aceite que venían de Estados Unidos. “Eso hizo que todas las regiones palmeras, donde viven más de seis mil familias, se vieran afectadas. Ahora reciben casi $400 mil menos por tonelada”.

El directivo aseguró que los planes que habían quedado plasmados en el conpes 3520¬ – que proyectaba que la mezcla para el combustible que usan los vehículos debería ser 80% a base de hidrocarburos y 20% a base de biocombustibles para 2020¬– al parecer no se va a cumplir.

“Estimulados por el Gobierno, sembramos 250 mil nuevas hectáreas de palma para lo que se invirtieron más de US$1.000 y otros US$300 millones más para el aparato industrial, porque pensamos que iban a seguir aumentando las mezclas. Hoy tenemos unas capacidades instaladas gigantescas pero el ejecutivo no ha querido aumentarlas (la del etanol es del 8% y el biodiesel tiene una mezcla del 10%, menos en Bogotá y su zona de influencia que está en el 8%)”, señaló Bendeck.

El caso de Estados Unidos y el de Colombia son diferentes pero los une un factor fundamental y es la voluntad política para que los países sigan apostándole a los biocarburantes. En todo caso en ninguno de los dos países se ve un plan para seguir adelante con este objetivo pese a que el año pasado en Paris el mundo se comprometió a combatir el cambio climático y esta es una de las formas.

*El Espectador estuvo en la segunda conferencia internacional de biocombustibles por invitación de la Federación Nacional de Biocombustibles