La cuarentena significa un cierre de oportunidades: Yansen Estupiñán, gerente del Gran San

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Los comerciantes del sector de San Victorino, en Bogotá, les piden a las autoridades que tomen otro tipo de medidas, pues sienten un desequilibrio en la cancha con el comercio informal. Además, dicen que el Gobierno no les ha brindado ayudas durante la pandemia y que los invitaron a producir tapabocas que no les compraron.

En octubre comenzó la reactivación económica que, aunque era solicitada por los comerciantes de todo el país, en parte hizo que se relajaran muchas de las medidas de aislamiento. Por ejemplo, hubo otro Día sin IVA y aglomeraciones por compras para festividades navideñas, que desencadenaron un aumento de los contagios durante diciembre, que apenas se vienen a reflejar en las cifras de enero.

Por eso, como primera medida la alcaldesa Claudia López decidió implementar el pico y cédula en Bogotá desde 21 de diciembre y permitir que sólo un miembro por núcleo familiar saliera a hacer compras, lo que empezó a afectar las ventas decembrinas de los comercios populares que estaban en su proceso de recuperación.

Ahora Bogotá entró a una cuarentena estricta durante cuatro días, desde hoy hasta el martes 12 de enero, tras el aumento en la ocupación de unidades de cuidados intensivos (UCI) para paciente de COVID-19. Esta medida se suma a la cuarentena por localidades y el toque de queda nocturno, que se irán alternando hasta el 21 de enero, con el fin de evitar que el segundo pico de la pandemia sea peor que el primero.

Hablamos con Yansen Estupiñán, gerente del centro comercial El Gran San, para conocer cómo afecta al sector las nuevas medidas tomadas por la Alcaldía y cuáles son sus propuestas para seguir en pie.

¿Qué significó el pico y cédula que implementó la Alcaldía las últimas semanas de diciembre?

Para la gran mayoría de las personas que trabajamos en este sector las últimas dos semanas de diciembre fueron una puñalada directa al corazón porque no nos dejó recuperar parte de lo perdido con las medidas que tomó la Alcaldía, como el pico y cédula y otras restricciones. Ahora, llega este nuevo cierre, necesario desde la salud y la prevención, pero muchas personas están sin recursos y se preguntan cómo van a hacer estos cuatro días, cómo le van a dar comida a sus familias y qué van a hacer con sus finanzas. No es el empresario o el comerciante, pues de alguna manera pueden tener una empresa. Es el empleado que día a día vive las necesidades en el sector de San Victorino. Ahora la pregunta es: ¿Si el confinamiento se alarga, cómo van a vivir?

¿Cuáles eran las expectativas de ventas para diciembre?

Teníamos proyecciones de recuperar entre el 30 % y el 35 % en diciembre. Las empresas del sector esperaban vender aproximadamente $1 billón durante la temporada. Ese 30 % representaría $300.000 millones con los que se esperaba alivianar cargas con empleados, arrendatarios, servicios, proveedores, entre otros. La decisión del pico y cédula para fin de año nos perjudicó porque las ventas se bajaron a menos del 20 %, lo que causó que aumentaran los compromisos y deudas, pues se contrató personal para atender la demanda. En promedio se contrataron cinco personas por empresa. Por otro lado, el Gobierno nos hizo producir tapabocas y nunca nos los compraron. Los comerciantes se endeudaron para producir y quedaron con los stocks en bodega.

¿Desde los comercios populares cómo tomaron la noticia de la cuarentena este puente festivo?

Desde el comercio que día a día se la juega para obtener recursos estamos muy preocupados por la velocidad de los contagios que estamos teniendo. Es una preocupación en salud, pero la otra preocupación, que es más drástica y dura, es nuestra economía. Una cuarentena para las empresas del sector popular, como San Andresito, San Victorino o los comercios de la carrera Séptima, significa un cierre de oportunidades.

Es preocupante la propagación del virus y el contagio, pero ahora muchos trabajadores deben hacer juicios: me contagio y me muero o me muero de hambre porque a mi familia no la puedo dejar morir de hambre. Además, el dilema es que no sólo son los comerciantes. También son los proveedores, las satélites, los empleados, los vendedores de insumos o los barrios. Mucha gente vive de esta economía.

¿El Gobierno les ha brindado ayudas o beneficios durante las restricciones y cuarentenas que se han decretado?

En lo que llevamos de cierre hemos interactuado con el Gobierno, con Bancóldex, Innpulsa, Mincomercio y las alcaldías, pero a hoy no hemos recibido ninguna ayuda, subsidio o crédito. Nosotros no existimos para el Gobierno. Estamos en un limbo entre los empresarios y los vendedores informales. Sólo nos miran en épocas de elecciones.

Se sabe que diciembre es una de las temporadas más importantes para los comercios. ¿Qué representa enero?

Por lo general, para nuestro comercio enero es bueno. Especialmente, la primera quincena en la que los mayoristas de diferentes partes del país y de Bogotá llegan a San Victorino para aprovisionarse. Finalizando enero baja mucho. Febrero y agosto para los comerciantes son los peores meses del año. Con la pandemia y las medidas se afectaron las últimas semanas de diciembre y, ahora, las de enero.

¿Cuáles son las propuestas que tienen para salir a flote?

Nosotros tenemos una mesa técnica en el sector, no sólo de ropa sino de tecnología, mecánicos, vendedores de la carrera Séptima. Somos muchos gremios reunidos para presentarles al Gobierno y la Alcaldía alternativas para poder trabajar. Las calles están llenas de vendedores informales para los que no hay cuarentena, ni control, ni restricción a la movilidad. Incluso, pensamos en movilizarnos como en agosto, porque nosotros tenemos que trabajar.

Por otra parte, seguiremos con el comercio electrónico, con el que veníamos bien, pero cayó mucho en temporada. Con el comercio electrónico alcanzamos a tener ventas del 38 %. Nuestro sector es muy bajo en la utilización de estas herramientas para comercializar. Hasta ahora se está fortaleciendo.

El Gran San sigue con los madrugones virtuales para bajar la carga de aforo, con lo que estamos buscando que sólo venga el mayorista como parte de nuestra contribución como ciudadanos para controlar el virus en Bogotá.

¿Cómo funciona la aplicación del Gran San?

Desde que apareció la pandemia buscamos un plan B: el comercio electrónico. Creamos desde el Gran San una aplicación que se llama “A comprar” y pueden encontrar madrugones virtuales desde cualquier parte del país. Si usted hace un pedido en línea, el Gran San le responde a la gente para que entre en la confianza de comprar electrónicamente.

¿Cuál es el llamado que le hacen desde el sector a la Alcaldía de Bogotá?

El llamado es a que se estudien correctamente las medidas. Para nosotros era mejor que cerraran Bogotá 14 días porque las cuarentenas sectorizadas se pueden alargar hasta dos meses. Pedimos que se haga de la mejor manera para que afecten lo menos posible a la ciudadanía y al comercio porque a nosotros nos toca estar generando recursos para cumplir con obligaciones.

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