En medio de los efectos del coronavirus, se inicia el congreso palmero

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El sector estaba viendo una recuperación en los precios cuando la pandemia llegó. Como toda la agricultura, sufrió por el cierre de canales como hoteles y restaurantes, pero el segundo semestre se prevé más favorable que el primero.

Los palmicultores tradicionalmente celebran su congreso anual en junio, y en 2020 así estaba programado. Sin embargo, como a todos, el covid les cambió los planes y los obligó a replantearlo, de manera virtual, y reprogramarlo. Debido a que, según Jens Mesa Dishington, presidente del gremio Fedepalma, sería muy difícil permanecer tres días seguidos conectados a las sesiones digitales, se tomó la decisión de dividir los contenidos entre agosto y noviembre.

La plataforma digital que alojará el evento dará cabida también a la muestra comercial y a herramientas de relacionamiento, entre otras. La sesión estatutaria del congreso se llevará a cabo el próximo 4 de septiembre, mientras que la agenda académica se desarrollará en cuatro foros virtuales que se realizarán entre hoy, 20 de agosto, y el 19 de noviembre. El futuro de la agricultura y el impacto de la pandemia en este renglón de la economía, por supuesto, serán temas claves en estas discusiones.

Pero ¿cómo llega el sector a su encuentro anual? De acuerdo con Mesa, el sector a comienzos de este año se estaba recuperando de varios trimestres con precios bajos que “afectaron financieramente a los productores y las empresas”. Luego de precios por debajo de $1,7 millones por tonelada de aceite crudo en 2019, a principios de 2020 se empezaron a ver niveles por encima de $2,5 millones.

Sin embargo, en ese momento llegó la pandemia, lo que para la palma y la agricultura como un todo tuvo un impacto a causa de la caída en el consumo en canales como los hoteles, restaurantes, cafeterías e instituciones en general, como consecuencia de los cierres y las restricciones en la movilidad.

Esto último también afectó la demanda de biocombustibles, de los que la palma es materia prima. El dirigente gremial afirma que en el momento más crítico la demanda llegó a caer 50 % con respecto al trimestre anterior. En abril, el mes en que la economía vivió los mayores impactos del coronavirus, el mercado local representó apenas el 34 % de las ventas del sector, cuando en enero y febrero, por ejemplo, la cifra era cercana al 60 %. En junio ya se empieza a ver una recuperación, que se aproxima al 50 %.

Durante el primer semestre del año, la producción de aceite de palma se ha incrementado 8 %, hasta las 953.000 toneladas. Mesa asegura que el sector tuvo que actuar de forma diligente para poder poner en el mercado internacional los excesos de inventarios que se estaban viendo en Colombia.

De cara al segundo semestre, se observa una mejoría en los precios, dice Mesa. Actualmente, rondan los $2,1 millones por tonelada, luego del desplome a $1,9 millones visto entre abril y mayo. “Este ha sido un año difícil, que nos ha puesto en el desafío de seguir operando. Somos un sector privilegiado por haber podido seguir operando, pero eso no quiere decir que no se haya hecho con un gran esfuerzo y en medio de mucha incertidumbre”, agrega.

El dirigente gremial dice que espera que la coyuntura sirva para tomar medidas de política pública que favorezcan al sector agropecuario, pues este, durante la pandemia, ha demostrado aún más lo estratégico e indispensable que es para el país. Se refiere a medidas estructurales que, atendiendo el interés general, sirvan para estimular la inversión y disminuir incertidumbres en materia de tierras, tributarias y laborales. Sobre esto último añade que el sector agropecuario será clave para la recuperación del empleo y que se debe propender por la generación de empleo formal, que en el campo es menos del 20 %.

En particular para el sector, hizo un llamado para tomar medidas que “nivelen la cancha” de manera que la producción local pueda competir en “condiciones de equidad”. En el marco del acuerdo comercial con la Comunidad Andina, “tenemos unas reglas que a la producción nacional no le permiten competir adecuadamente frente a productos que llegan de Ecuador o Perú” y que llevan a que se importe aceite que “no se necesita” y que el productor local se vea en la necesidad de exportar, a mayores costos.

Según Mesa, es necesario renegociar lo “no está funcionando”. Y añade: “Mientras tanto, Colombia, y con la pandemia, podría tomar medidas para suspender transitoriamente las importaciones para que los flujos de comercio que no se están dando en condiciones adecuadas, donde claramente hay inequidades, se puedan suspender y que no sigan erosionando el mercado local”.

Finalmente, llamó la atención sobre el futuro energético del país: “Colombia tiene algo de petróleo, pero no somos un país petrolero, las reservas hablan de 5 a 6 años. Eso no es nada. Colombia tiene que impulsar la diversificación energética, y los biocombustibles son una de las alternativas en ese portafolio”. Hizo un llamado a tomar las medidas necesarias para desarrollar el mercado local y llegar al 20 % de biocombustible, o incluso más, en la mezcla de combustibles, que apenas está en el 10 %.

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