Peugeot y Fiat se fusionan para crear el grupo Stellantis

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La unión de las empresas creará el cuarto grupo automovilístico mundial en número de vehículos vendidos. La operación busca hacer frente a un futuro complicado para el sector.

Los accionistas de Peugeot y Fiat aprobaron este lunes la unión de los dos grupos, una boda franco-italo-estadounidense concebida para alcanzar una talla crítica en un mercado automovilístico en plena revolución.

La unión de los grupos francés PSA e italo-estadounidense FCA alumbrará al cuarto grupo automovilístico mundial en número de vehículos vendidos y al tercer en volumen de negocio por detrás del japonés Toyota y el alemán Volkswagen.

La nueva entidad, bautizada Stellantis, contará con más de 400.000 empleados y albergará en el mismo garaje 14 marcas emblemáticas como Citroën y Maserati (que ya estuvieron brevemente casados hace 50 años), Fiat y Opel, Peugeot y Alfa Romeo, Chrysler, Dodge o Jeep.

“Esta fusión era una cuestión de supervivencia tanto para Fiat como para PSA”, dice Giuliano Noci, profesor de estrategia de la escuela de comercio del Politécnico de Milán. Los dos grupos se enfrentan a “enormes desafíos tecnológicos y estratégicos” (vehículos eléctricos, digitalización, conducción autónoma) y a los efectos devastadores de la pandemia de covid-19.

“Solo los más ágiles, en un espíritu darwiniano, sobrevivirán”, advirtió en noviembre Carlos Tavares, presidente del directorio de PSA y futuro director general de Stellantis.

Las marcas del grupo van a reducir en particular sus costes de desarrollo y de fabricación y completar su oferta en todas las gamas.

“Gracias a su unión con PSA, Fiat-Chrysler podrá reforzar su presencia en Europa”, dice Giuseppe Berta, profesor de la Universidad Bocconi de Milán y especialista de Fiat. “En cambio, el grupo francés podrá de nuevo poner un pie en Estados Unidos gracias a su aliado italo-estadounidense”.

Una fusión modificada

A finales de diciembre, la Comisión Europea dio su luz verde a la unión, con la condición de que los dos grupos cumplan sus compromisos para preservar la competencia en el sector de los pequeños utilitarios donde controlan grandes partes de mercado.

Los fabricantes habían modificado con anterioridad su contrato para que su unión sea un matrimonio entre iguales, mientras la pandemia golpeaba sus cuentas respectivas.

FCA aceptó reducir el monto de un dividendo excepcional pagado a sus accionistas. Por su parte, PSA decidió ceder el 7% del fabricante de equipos francés Faurecia antes de distribuir el resto a los accionistas de Stellantis. La participación del grupo chino Dongfeng también se reducirá.

Es insuficiente, dice el fondo Phitrust que cuenta con menos del 1% del capital de PSA y critica una falta de “equilibrio entre las partes” que favorece a los italo-estadounidenses.

“FCA necesita más a PSA para la puesta en marcha de sinergias que al revés” y “PSA es más eficiente que FCA en algunos asuntos clave”, subraya el fondo en un comunicado.

¿Habrá cierres de plantas?

En los documentos proporcionados a las autoridades financieras, PSA y Fiat consideran que su acercamiento costará 4.000 millones de euros (4.900 millones de dólares), y que las sinergias permitirán ahorrar con el tiempo hasta 5.000 millones (6.130 millones de dólares) al año.

Carlos Tavares dijo a finales de 2019 que no estaba previsto ningún cierre de plantas. Los sindicatos, sin embargo, lo dudan.

“Globalmente es un buen seguro para el futuro de nuestro grupo. Los que no tomen esta curva corren el riesgo de quedarse atrás”, comenta Franck Don, delegado del sindicato CFTC de PSA.

“Hoy, el grupo FCA es una gran incógnita para nosotros”, dice el sindicalista. “¿Qué sinergias habrá? ¿Qué consecuencias potenciales para las plantas situadas en Francia?”

Christine Virassamy, sindicalista de CFDT, espera un compromiso firme de Stellantis tanto sobre las plantas como sobre los centros de investigación. “Es el aspecto social y ético lo que permitirá decir si esta fusión es un éxito o no”, dice.

El fondo Phitrust, sin embargo, advierte que Fiat no tiene margen de maniobra en Italia, donde ha obtenido un préstamo garantizado por el Estado de 6.000 millones de euros. “Las fábricas francesas de PSA podrán convertirse en la variable de los ajustes, generando de fuertes pérdidas de empleo”, avisa el fondo.

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