TV: una camisa en la que todos quepan

La industria asegura que la nueva política audiovisual debe generar condiciones justas de competencia entre nacionales y plataformas extranjeras.

La industria de la TV se dio cita en Bogotá para hablar del futuro del negocio en Colombia. / Cristian Garavito
La industria de la TV se dio cita en Bogotá para hablar del futuro del negocio en Colombia. / Cristian Garavito

La industria de productos audiovisuales no duda de que la fórmula de su éxito está en el contenido. Eso, servido de distintas formas, es lo que conquista al público. No fue diferente cuando en su momento la radio se vio transformada por la televisión, y la televisión radiodifundida por la televisión por cable. Tampoco lo es hoy cuando todos los medios de comunicación tradicionales tienen nuevos retos y oportunidades con la masificación de internet.

Sin embargo, durante el encuentro “El futuro de la televisión”, convocado por Caracol Televisión y la revista Semana, varias voces apuntaron que para poder asumir esos retos y aprovechar las oportunidades es necesario adecuar las condiciones para que ese contenido, tanto en la televisión privada como en la pública, en efecto se pueda generar. Eso es la regulación: una camisa que, en palabras de Ernesto Orozco, representante de las gobernaciones en la Junta Nacional de Televisión, se quedó chiquita.

A los contenidos de la televisión pública y la privada les compiten hoy los que corren por internet, conocidos como OTT, que incluyen también servicios como Spotify y Whatsapp, entre otras. La tensión está en que son plataformas cuyos contenidos son demandados por la audiencia, pero para funcionar necesitan de algo que ya está provisto: internet, mientras las industrias tradicionales han tenido que invertir en infraestructura, red, espectro radioeléctrico, entre otros.

El debate no es exclusivo de Colombia. Según Wade Hargrove, abogado de medios, corporativo en la firma de abogados Brooks Pierce LLC, en Estados Unidos, cuna de muchas de las plataformas que hoy están cambiando los modelos de negocios tradicionales, el Legislativo —tanto los liberales como los conservadores— ha estado de acuerdo en que el “Gobierno debería ponerle el toque más ligero posible a la regulación en internet para fomentar la inversión de capital en esta nueva tecnología”.

De acuerdo con Hargrove, el debate en su país apunta a resolver cómo generar un marco de normas que fomente un sistema nacional de televisión, pero también la distribución de video en diferentes formas y la diversidad de fuentes de contenidos e información para los ciudadanos. ¿Hacia dónde va el debate en Colombia?

El Ministerio de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (Mintic) convocó, entre marzo y mayo, a mesas de trabajo con los jugadores del sector de la televisión para formular una nueva política, que aún no ha sido presentada. De acuerdo con Gonzalo Córdoba, presidente de Caracol, “no buscamos subsidios ni privilegios, y tampoco la creación de barreras que nos protejan artificialmente. Esperamos simplemente que nuestros competidores no reciban indebidas ventajas regulatorias”.

“Más que regular se trata de desregular, y que esa asimetría que hoy existe se convierta en una política justa y equitativa de los que participamos en el mercado, que es muy diferente al de hace quizá 15 años. Además, que los que participamos en cada actividad tengamos las mismas condiciones para acceder”, dijo durante el encuentro Juan Fernando Ujueta, secretario general de RCN Televisión.

La televisión en Colombia es líder en atracción de pauta: se lleva cerca de $1,4 billones, frente a poco más de $643.000 millones que tiene la radio, y apenas el 2,7 % de la población ve contenidos audiovisuales exclusivamente por plataformas como Netflix, según la Comisión de Regulación de Comunicaciones. La torta para el Gobierno es lo suficientemente grande como para iniciar la licitación de los espacios del Canal Uno y adjudicarlos a un solo programador. “Hay televisión abierta para rato”, aseguró el ministro TIC, David Luna.

Pero desde diferentes frentes, como el Departamento Nacional de Planeación (DNP), se advierte de los retos que las OTT suponen para el sector tradicional. De acuerdo con cifras que tiene esa entidad, servicios como Netflix tuvieron en Colombia en 2015 ingresos por US$70 millones, es decir 1,18 % del PIB del sector TIC.

Hay consenso en que las condiciones deben dejar que los usuarios accedan a las nuevas formas de ver contenido —porque así lo demandan—, al tiempo que se permite a los nacionales participar del negocio. No menor es la cuestión de no sacrificar la televisión abierta y pública —que se financia con los aportes de los canales privados y de los cableoperadores—, servicios que por lo pronto se perfilan como importantes para el acceso a la información, teniendo en cuenta que en Colombia en 2015 casi el 93 % de los hogares tenían un televisor en la casa, según el DANE.

*El Espectador hace parte del mismo grupo de medios al que pertenece Caracol Televisión.

Temas relacionados