Lecciones de género para adultos responsables

La polémica desatada esta semana, alrededor del documento sobre orientación sexual que iba a ser utilizado por el Mineducación en los colegios del país, motivó a dos académicas a construir siete clases ilustrativas sobre este tema.

Cerca de 40 mil personas marcharon en siete ciudades del país para protestar en contra de la “educación impositiva de género”./ Cristian Garavito - El Espectador

El escándalo que se desató esta semana en torno al documento construido por el Ministerio de Educación, en convenio con la Unicef, el Fondo de Población de las Naciones Unidas (Unfpa) y las ONG Cisp y Colombia Diversa, dejó dos consecuencias claras: una sociedad más polarizada y confusión sobre los temas de género.

El enredo ocurrió cuando empezó a circular una cartilla falsa con el logo del Ministerio de Educación que llevaba imágenes pornográficas de un autor belga. La ministra Gina Parody desmintió la existencia de tales cartillas. Sin embargo, el escándalo empezó a escalar cuando se conoció que había otro documento, éste sí con el logo de esa cartera y de las organizaciones mencionadas, llamado Ambientes escolares libres de discriminación. El texto era una guía de 99 páginas que buscaba orientar a los rectores y a las secretarías de Educación para incluir en los manuales de convivencia el tema de la orientación sexual.

No se trataba de nada nuevo, porque en agosto del año pasado, tras el suicidio de Sergio Urrego, quien fue matoneado en su colegio por tener inclinaciones homosexuales, la Corte Constitucional emitió un fallo que le daba al Gobierno un año de plazo para revisar los manuales de convivencia de los colegios. Así que la ministra de Educación, Gina Parody, buscaba cumplir con esos tiempos.

Este viernes el presidente Santos echó para atrás el documento gracias a la presión promovida por la Iglesia católica, iglesias cristianas y padres de familia que temían la colonización de una “ideología de género” en la educación de sus hijos, quienes convocaron a marchas con 40 mil asistentes en por lo menos siete ciudades. A las protestas asistieron senadores como Vivianne Morales, del Partido Liberal, y otros del Centro Democrático, como María Fernanda Cabal, Orlando Castañeda y Fabio Amín, que de paso aprovecharon la coyuntura para darle una zancadilla al “SÍ” en el plebiscito al proceso de paz.

Más allá de los fundamentalismos que se vieron en la marcha y en comentarios por redes a lo largo de la semana, existe una inmensa cantidad de personas que quedaron atrapadas en un debate malinterpretado, cuya raíz es la construcción de género. Como explicó Alexandra Berrío, quien hizo una maestría en educación, género y desarrollo internacional en Londres, el tema despertó rechazo porque “somos una sociedad construida a partir de hipermasculinidades e hiperfeminidades. Es decir, el hombre fuerte y dominante, y la mujer frágil y sumisa. Aquí hay que educar sobre el tema porque todavía no hay conocimiento de que el género es una construcción en el tiempo y cuando la gente desconoce eso se pone a la defensiva”.

Por eso, Mónica Roa y Juliana Martínez, expertas en estudios de género y profesoras de American University, de Washington, se animaron a hacer unas lecciones en educación para adultos responsables que quieran entender la evolución de los nuevos conceptos que están detrás de esta discusión.

En últimas, estas sesiones exprés muestran lo intrincado que resulta ser el asunto de género. Tanto así que, como lo dijo la especialista en bioética Alice Dreger en su charla de Ted, ¿Es la anatomía el destino?, “ahora sabemos que el sexo es tan complicado que tenemos que admitir que la naturaleza no traza una línea tajante entre hombres y mujeres o entre hombres e intersexuales y mujeres e intersexuales; somos nosotros quienes trazamos esa línea”.

¿Qué es la perspectiva de género?

Es una categoría de análisis social que surgió en la década de los años 60 y que buscaba explicar cómo hombres y mujeres experimentan el mundo de formas diferentes, en lugar de asumir que el hombre es la medida de lo humano.
 
La perspectiva de género aplicada a la medicina permitió identificar, por ejemplo, que cuando a las mujeres les va a dar un infarto, los síntomas son diferentes que los de los hombres. Aplicada a la industria automovilística, permitió entender que la razón por la que morían más mujeres en accidentes de tránsito era porque en las pruebas de seguridad usaban muñecos con las medidas antropomorfas de los hombres.
 
En Colombia, la subcomisión de género de las negociaciones de paz de La Habana estudió el impacto de la guerra sobre las mujeres y se ha encargado de incluir una perspectiva de género en los acuerdos, de tal forma que reconozcan y respondan a las diferentes realidades de las mujeres en el país.
 
 
La educación en género, sexualidad y ciudadanía
 
La orientación sexual y la identidad de género no se enseñan, pero el respeto, la convivencia armónica y la igualdad sí. En el mundo está comprobado que la educación sexual enfocada en el autoconocimiento del cuerpo, la identidad y el respeto a la diferencia es la mejor manera de dar herramientas a los niños y niñas para evitar el abuso sexual y el acoso o bullying por ser diferentes, prevenir el embarazo adolescente, evitar la violencia en las relaciones de pareja, prevenir el VIH y las ITS, y formar ciudadanos que respeten la diferencia y valoren el pluralismo, lo que es esencial para alcanzar la paz y fortalecer la democracia.
 
 
¿Cuál es la diferencia entre sexo y género?
 
Aunque no fueron las feministas quienes inventaron el concepto de género, sí fueron quienes lo popularizaron para hacer evidente que el sexo se refiere a los rasgos biológicos de machos o hembras, y el género a los roles y actitudes que se entienden como masculinos o femeninos. Tradicionalmente se esperaba que, por naturaleza, todos los hombres fueran masculinos (fuertes, racionales y proveedores) y  todas las mujeres fueran femeninas (débiles, emocionales y cuidadoras). Al diferenciar el sexo del género podemos entender que haya hombres femeninos y mujeres masculinas. 
 
De hecho, muchas de las prohibiciones que existían históricamente para las mujeres y de los estereotipos que se siguen usando hoy en día se explican al confundir el sexo y el género. No podían votar ni aspirar a cargos públicos, porque su “naturaleza” era cuidar a los hijos y estar en la casa. Tampoco podían ser jurados ni testigos en procesos judiciales, porque su “emocionalidad” les impedía ser objetivas. No recibían la misma educación que los hombres y mientras a ellos les enseñaban matemáticas y ciencias, a ellas les enseñaban costura y etiqueta. 
 
Pero los hombres también se han visto afectados con los estereotipos de género; por ejemplo, al haber sido educados bajo la premisa de que “los hombres no lloran”.
 
 
¿Qué es la orientación sexual?
 
La orientación sexual se refiere a la atracción afectiva y sexual que una persona siente hacia otra. No existen datos exactos, pero se estima que entre el 5 y 8 % de la población es homosexual, es decir, que siente atracción hacia una persona de su mismo sexo. La orientación sexual no es una elección, sino una condición natural de la persona como lo son el color de su piel o el ser zurdo o diestro. 
 
Todas las personas sentimos atracción hacia otras, tanto si somos heterosexuales (atraídas hacia el sexo contrario), homosexuales (atraídas hacia el mismo sexo) o bisexuales (atracción hacia ambos sexos). Esto es sólo un factor de la personalidad y la sola orientación sexual no determina las calidades éticas o morales. La orientación sexual no se puede cambiar, aunque algunas personas aprendan a reprimirlo para evitar la discriminación. Es  independiente del sexo y del género de cada persona; así, por ejemplo, un hombre homosexual puede ser muy masculino, o una mujer heterosexual tener actitudes masculinas.
 
 
¿Cómo se determina el sexo de una persona?
 
Tradicionalmente, el sexo de las personas se asigna al momento de nacer sólo con base en una revisión rápida de los genitales. Si tiene pene es niño, si tiene vagina es niña.  Los avances científicos han permitido identificar otras características biológicas que determinan el sexo de una persona. Por ejemplo, desde el punto de vista cromosómico, un individuo XX es hembra, uno XY es macho.  Cuando los genitales presentan características ambiguas o cuando la composición de cromosomas presenta alguna alteración como XXY o XXX la persona es intersexual. 
También se puede indagar el sexo de una persona estudiando el tipo de hormonas que producen sus gónadas (testículos u ovarios). Hombres y mujeres producen los dos tipos de hormonas que determinan las características sexuales secundarias, pero normalmente los hombres producen más testosterona y las mujeres más estrógenos.
 
La mayoría de nosotros nos identificamos como hombres o mujeres con base en los genitales que desarrollamos de forma evidente. Sin embargo, existen casos, donde al realizar otras pruebas podríamos descubrir que nuestro sexo no es tan claro. Por ejemplo, un hombre casado en la China descubrió que era intersexual a los 44 años, cuando acudió al médico por tener dolor estomacal y orina en la sangre. Los exámenes descubrieron que tenía una composición cromosómica de mujer (XX) y que a pesar de tener un pene y testículos normales, en el interior de su abdomen también tenía un útero y ovarios, y que el dolor y la sangre eran causados por la menstruación.  La corredora sudafricana Caster Semenya tuvo que someterse a exámenes cromosómicos para que la dejaran correr en las competiciones de mujeres. Los resultados demostraron que tiene cromosomas XX, pero también se comprobó que produce testosterona como un hombre, lo que explica por qué es más rápida que otras mujeres con niveles más bajos de testosterona.
 
 
¿Diversidad y derechos humanos?
 
A través de la historia, la biología se ha usado como un supuesto argumento científico para restringir los derechos de cierto tipo de personas. Por ejemplo, las monarquías antiguas sólo reconocían derechos a quienes tenían sangre azul por ser hijos de la nobleza, en muchos países sólo se reconocían derechos a personas de cierto color de piel porque las de otros colores se consideraban más cercanas a los simios,a las mujeres les negaron derechos alegando que su rol en la reproducción era el argumento biológico que justificaba su confinamiento al hogar y a las personas con algún tipo de discapacidad se les restringen sus derechos porque se presume que no pueden tomar decisiones autónomas.
 
Lo cierto es que las categorías biológicas son más inestables de lo que creemos y no pueden afectar la manera en la que concebimos la democracia, ni limitar a quienes reconocemos como titulares de derechos. La diversidad sexual y de género no es una enfermedad ni una perversión. La diversidad de todo tipo (racial, étnica, de género, de orientación sexual, de religión) enriquece y fortalece las sociedades.
 
 
¿Qué es la identidad de género?
 
La identidad de género es el sentido interno que todas las personas tenemos de ser hombres o mujeres, independientemente de nuestra anatomía. Como la orientación sexual, la identidad de género no se escoge ni puede ser modificada, es algo con lo que nacemos. En la mayoría de los casos la identidad de género coincide con el sexo asignado al nacer, pero a veces no. Las personas que sienten una fuerte disonancia entre su sexo y su identidad de género son llamadas transgénero. No se trata de un capricho ni de curiosidad, sino de sentir de manera insistente, persistente y consistente que la identidad de género no coincide con la anatomía propia y, por lo tanto, es necesario empezar un proceso de cambio para alinear estos aspectos de su identidad. Dicho proceso se conoce como “transición”, y es único en cada caso. A veces incluye cirugías de reasignación de sexo, otras veces sólo hormonas, en ocasiones ninguna de estas cosas o a veces las dos. De acuerdo con la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, las personas transgénero viven en una situación de tanta vulnerabilidad, que tienen una esperanza de vida de 35 años.
 

 

*Mónica Roa es profesora de la Academia de Derechos Humanos en American University. Juliana Martínez es profesora de la facultad de Ciencias y Humanidades de la misma universidad.