Luna 15, la sonda soviética que despegó tres días antes que el Apollo 11

La carrera espacial se libró con robots y humanos. Antes que Neil Amstrong dejara su huella, la superficie lunar ya había sido visitada por robots tanto de Estados Unidos como de la Unión Soviética. Esta es la historia de la sonda soviética que despegó tres días antes de la misión que alcanzaría la Luna.

Rover soviético utilizado por primera vez en la misión Luna 17, en 1970. Daniel Manrique Castaño

Antes que la bota de Neil Amstrong dejara marcada la histórica huella en la superficie de la Luna, ese extraño mundo ya había sido visitado por robots tanto de Estados Unidos como de la Unión Soviética en desarrollo de la frenética competencia entre las dos potencias por conquistar el espacio.

El ingenio del hombre había creado en la década de los 60 máquinas que a control remoto podían seguir órdenes y realizar tareas como alunizar sin estrellarse, recoger y analizar muestras del suelo.

La Inteligencia Artificial dio unos pasos importantes que después con una tecnología más robusta se replicaron en la superficie de marte, el próximo objetivo para que el hombre pise otro mundo.

La Unión Soviética ya había picado en punta en la carrera espacial con el lanzamiento del Sputnik  y el Vostok que habían puesto un satélite y habían llevado a los primeros humanos a la órbita terrestre. Pero en la mente de Serguei Korolev, el cerebro de toda la operación espacial soviética, siempre estuvo el viaje a la Luna, así el Soviet Supremo le haya dado más importancia a la posibilidad de agredir a su archienemigo norteamericano con los poderosos cohetes Soyuz creados por el científico ucraniano.

Guerra de robots en la luna

Llegar a la Luna planteaba muchas preguntas que comenzaron a resolverse a veces a costa de la pérdida de varias misiones no tripuladas que terminaron estrelladas en la superficie selenita o arrastradas por la gravedad del Sol.

Entre 1958 y 1976 partieron del cosmódromo de Baikonur, Kazajistán, a 2500 kilómetros de Moscú, un total de 33 misiones del programa Luna (LuniK), de las cuales 25 fueron exitosas y ocho fallidas.

 

Uno de los retos más importantes era lograr un alunizaje suave para poder recoger muestras. Técnicamente el primer artefacto humano en llegar a nuestro satélite natural fue la sonda soviética Luna 2, que no obstante terminó estrellándose. Habría que esperar hasta el 3 de febrero de 1966 cuando la Luna 9 logró descender sin estrellarse y enviar fotografías.

Pero ese mismo año, el programa Surveyor de la Nasa alunizó una sonda el 2 de junio que transmitió cerca de 11 mil fotografías en un poco más de un mes. Las carrera por la Luna se intensificó en 1966 y 1967.

Las misiones de la URSS y los Estados Unidos se sucedían y cada quien mostraba sus resultados. La Luna 13 de los rusos logró filmaciones de la superficie lunar, mientras que el Surveyor 6 de los norteamericanos ensayó maniobras de descenso y despegue.

Los estadounidenses enviaron un total de siete misiones no tripuladas entre 1966 y 1968, de las cuales cinco cumplieron con su cometido.

La carrera final

Ante la inminencia del viaje del Apolo 11, destinado a llevar dos hombres a la Luna, la Unión Soviética lanzó el 13 de julio de 1969, tres días antes de la partida de la misión estadounidense, la sonda Luna 15, con el propósito de alunizar, recoger muestras de la superficie y retornar antes que los astronautas Armstrong, Aldrin y Collins.

Esta fue también una guerra informativa, pues desde Londres se comenzó a monitorear lo que decía el Kremlin. Se especuló hasta en la forma de la sonda y muchos creyeron era una versión de la nave Vostok en la que el cosmonauta Yuri Gagarin abandonó por primera vez de la Tierra.

Modelos a escala de los cohetes y vehículo espaciales rusos. Foto Daniel Manrique Castaño

Lo cierto es que los soviéticos fueron los primeros en poner en la Luna un artefacto fabricado por el hombre, pero los Estados Unidos ya llevaban la delantera en los viajes tripulados con sus programas Mercury  y Gemini donde se probaron materiales, tecnología a bordo y hasta caminatas espaciales.

La suerte estaba echada. Estados Unidos estaba decidido a poner en la Luna dos astronautas, antes de terminar la década de los años sesenta y la Unión Soviética estaba dispuesta a restarle mérito a esto trayendo primero a la Tierra muestras de la superficie lunar.

El 16 de julio de 1969, a las 8:32 de la mañana despegó el Apolo 11 y el mundo especulaba por el destino de la sonda soviética que llevaba tres días de ventaja. Poca información se conocía en occidente sobre los propósitos verdaderos de los rusos. Sin embargo, cuando se encontraba orbitando la Luna, a la espera del regreso de sus compañeros que estaban en la superficie lunar, Collins observó la nave rusa que después de orbitar la Luna 52 veces se estrelló el 21 de julio.

Estados Unidos había ganado la carrera espacial pero sobre el campo de la confrontación científica con la Unión Soviética quedó claro que los primeros logros fueron para los rusos: primer satélite en orbitar la tierra (Sputnik, 1957), primer ser vivo en abandonar el planeta (la perra Layka, 1957), primer aparato construido por el hombre en llegar a la Luna (Luna 2, 1959), primer hombre en el espacio (Yuri Gagarin, 1961), primera mujer en el espacio (Valentina Tereshkova, 1963), primer vehículo rover en la Luna (1970).

Por su parte los Estados Unidos se concentraron en construir el cohete que llevaría el hombre a la Luna (el Saturno V) y en experimentar con los humanos las condiciones extremas fuera de la atmósfera terrestre preparándose para visitar otro mundo.

Con esta huella de la bota de Armstrong sobre la superficie de la Luna se selló la carrera espacial en favor de los Estados Unidos. Foto NASA.

Después de los acontecimientos de la Luna, las dos potencias decidieron poner fin a su confrontación espacial y acordaron acoplar dos naves, una de cada país en la órbita del planeta en 1975. Las misiones partieron con siete horas de diferencia el 15 de julio y se encontraron el 17 de julio. Los astronautas del Apolo y los cosmonautas de la Soyuz, intercambiaron regalos y departieron durante 44 horas antes de desacoplarse.

Arriba todo fue camaradería. Abajo, en el planeta, siguió la desconfianza entre dos archienemigos que dieron un pulso gigante por conquistar la Luna.

*Docente de Periodismo. Doctorando en Comunicación. Universidad de Huelva (España).

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Jorge Manrique Grisales*

Educación

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