Las leyes no ofrecen una protección total contra el racismo

Discriminación de pelo, un problema para cortar

Las rastas, trenzas y afros les han costado a muchas personas, especialmente a las mujeres negras, puestos de trabajo y oportunidades en todo el mundo.

En Cuba, los jóvenes quieren abrazar su africanidad para romper con los cánones de belleza que han provocado que el pelo afro se vea como algo malo. EFE

California se convirtió esta semana en el primer estado de EE. UU en proteger a las personas en sus lugares de trabajo y escuelas de la discriminación por cortes de pelo; un problema que afecta especialmente a las mujeres afro y que se extiende por varias zonas del mundo.

“La discriminación se lleva a cabo en los lugares de trabajo, escuelas y entornos. Todos los días en todo el país de manera sutil y abierta”, aseguró Gavin Newsom, gobernador de California, tras aprobar la ley que prohíbe la aplicación de políticas que afecten el libre desarrollo de estilos de pelo de los afros. Aunque ya son varios los casos registrados de cómo este tipo de segregación afecta a los negros, la ley hasta ahora, ha hecho poco por proteger a los ciudadanos de estas injusticias.

En 2010, por ejemplo, Chastity Jones, una mujer negra de Alabama, perdió una oportunidad de empleo en Catastrophe Management Solutions por llevar rastas. Tras presentarse a la entrevista de trabajo, la gerente de recursos humanos le informó a Jones que su particular estilo de pelo violaba la política de aseo de la compañía, porque “las rastas tienden a ensuciarse” y que por ello no podía usar su pelo de esa manera en la oficina. Cuando Jones se negó a cambiar su corte, la oferta de empleo declinó. Tras el episodio, la mujer emprendió una batalla legal contra la compañía alegando que estaban incurriendo en discriminación racial, pero esta defendió lo que hizo, asegurando que tomó una decisión por política de aseo y no por la raza.

Puede leer: El hombre que fue juzgado seis veces en EE.UU. por el mismo delito

El primer paso fue llevar la disputa al Tribunal del Distrito Federal de Alabama, pero este rechazó la demanda alegando que la discriminación racial era exclusiva de cuestiones relacionadas con los “rasgos inmutables” de una persona, como su color de piel, por lo que el corte de pelo no entraba en esa categoría, dado que se puede cambiar. Esta declaración muestra por un lado cómo el sistema estadounidense ha querido definir por décadas la “raza” como una categoría estrictamente ligada al tono de piel sin tener en consideración las características culturales. Es un debate enredado, pero según la Comisión de Igualdad de Oportunidades en el Empleo de EE. UU. (EEOC en inglés), los términos legales se basan en nociones obsoletas que definen qué es la raza y cómo se desarrolla la discriminación con una visión de hace décadas.

Según abogados de la EEOC, la raza es más que rasgos biológicos, pues también es una construcción cultural, histórica y de identidad. Las rastas, por ejemplo, están profundamente ligadas en estos aspectos a los negros estadounidenses, por lo que una decisión como la del caso de Jones basada en esta característica es también un tema ligado a la raza. Además, según explican, el argumento que dio Catastrophe Management Solutions solo contribuye a fomentar un estereotipo vulgar: que los negros son sucios.

“El estereotipo de que los peinados naturales negros están sucios o descuidados y, por lo tanto, no son apropiados para entornos más formales, lamentablemente, sigue siendo generalizado. Por ejemplo, hasta 2014, el Ejército de los EE. UU. prohibió una serie de peinados negros comunes, incluidas las trenzas. Los administradores escolares y los códigos de vestimenta también suelen restringir los peinados naturales negros”, afirmaron los abogados de Jones.

Le recomendamos: Estados Unidos es la tierra prometida para los migrantes (blancos)

Además del de Jones, otros casos han salido a la luz. En 2013, Melphine Evans, ejecutiva de primera categoría en California, acusó a la British Petroleum Oil Company de despedirla injustamente por trenzarse el pelo y llevar prendas coloridas, lo que según la compañía hacía que sus compañeros se sintieran “incómodos”. Según Evans, sus colegas le dijeron que si insistía en usar “esa ropa o peinados étnicos” debía hacerlo durante el “día de la cultura, el mes de la historia negra o en eventos de diversidad”. Por otro lado, en diciembre de 2018 se conoció que Alan Maloney, árbitro de lucha libre, obligó a Andre Johnson, un atleta negro, a cortarse sus rastas o perder el partido que estaba por disputar. Johnson accedió a cortarse el pelo ante las cámaras de muchos espectadores. Cuando el video circuló en redes sociales, muchos usuarios se indignaron por la situación. Además del preocupante tecnicismo obsoleto con el que el sistema legal de EE. UU. configura la palabra “raza”, pero hay otro problema: las mujeres negras se ven presionadas para adoptar los estándares blancos de belleza y son forzadas a luchar para proteger sus libertades.

“Las mujeres negras que desean tener éxito en el lugar de trabajo se sienten obligadas a tomar medidas costosas y duras para adaptar su cabello natural a un aspecto estereotipado de profesionalismo que imita la apariencia del cabello de las mujeres blancas”, afirmaron los abogados del Fondo Legal de Defensa y Educación que colaboraron con el caso de Jones. Un estudio reveló sesgos persistentes hacia las mujeres negras con peinados naturales como rastas, trenzas o afros, siendo las mujeres blancas quienes más alto sesgo mostraban en las pruebas al calificar el pelo de las mujeres negras como “menos profesional” y “menos hermoso” que el pelo liso.

Pero la discriminación de pelo no es una cuestión exclusiva de EE. UU.. Países como República Dominicana —que lanzó hace cuatro meses la campaña “#NiPeloBuenoNiPeloMalo” para luchar contra la discriminación— Brasil, Francia, Inglaterra e incluso Colombia han registrado casos de este tipo de segregación. En Reino Unido, por ejemplo, se hicieron públicos varios casos de escuelas que excluían a niños negros por llevar trenzas o nudos bantú. “Los maestros rara vez consideran el impacto que esta forma de racismo puede tener en la autoestima de un niño. Para muchos, ser rechazado o excluido por algo tan intrascendente puede ser confuso y perturbador”, escribió la columnista Micha Frazer-Carroll en The Guardian, quien agregó que los californianos habían mostrado el “camino a seguir” para todos.

“Las políticas rígidas siempre se han utilizado para limitar las formas en que las personas negras, en particular las mujeres, se mueven por el mundo. Muy a menudo se nos dice que la naturaleza misma de nuestros cuerpos se debe modificar y mediar para que sea aceptable, y se nos excluye de trabajar o aprender si no cumplimos. El pelo no lo es todo. Pero actuar sobre la discriminación de pelo enviaría un mensaje muy importante: se nos permite existir”, concluye Frazer-Carroll.