Ya van 127 muertos en 49 días de protestas

El rostro de la muerte en Nicaragua

Médicos y organismos humanitarios denuncian que la mayoría de las víctimas de la represión, casi todos menores de 30 años, murieron por disparos en el pecho o la cabeza. ¿Francotiradores?

El rostro de la muerte en Nicaragua
Jóvenes que salieron a protestar este fin de semana en Masaya: seis murieron por disparos. EFE

A Júnior Gaitán, de 15 años; Donald López, de 27, y Rigoberto Carballo, de 28, tres de las víctimas más recientes de la represión en Nicaragua, los mataron de la misma manera: según los médicos, tenían tiros en cabeza, tórax y rostro. Como las más de cien personas que han muerto en los últimos días en ese país.

Denuncian los médicos e investigadores que las heridas en las víctimas coinciden con las causadas por el rifle de francotirador Dragunov, según reportó el diario La Prensa. 

Estos rifles llegaron en gran escala a Nicaragua después de 1979, explica el periódico, provenientes de la extinta Unión Soviética. Terminaron en manos de la guerrilla sandinista y luego se convirtieron en el principal recurso armado de las unidades irregulares del ejército y las fuerzas de contrainsurgencia que rápidamente se vieron envueltas en otra guerra contra los Contras, grupos rebeldes financiados por Estados Unidos. Durante la década de 1980 se entrenó a mucha gente para usar el rifle Dragunov, según el comandante Roberto Samcam, un exguerrillero sandinista que comandaba unidades de contrainsurgencia. Convertido ahora en crítico de Ortega, Samcam afirma que aunque el Dragunov es un rifle de francotirador, casi cualquier soldado puede usarlo. Y eso es lo que denuncian familiares de nicaragüenses muertos. 

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“Son gente preparada, gente especializada porque los tiros son exactamente letales. Son a la cabeza, abdomen, tórax”, afirma Armán García, un fornido manifestante que usa un pañuelo rojo como máscara y quien denuncia que el gobierno de Daniel Ortega usa francotiradores para repeler a los manifestantes, que desde el 18 de abril se tomaron las calles del país.

Días antes de la marcha de las madres, el pasado 30 de mayo, en la que murieron 11 jóvenes más, la esposa de Ortega, Rosario Murillo, usó el término “plagas” para referirse a los manifestantes. Instó a grupos afines al gobierno a “defender la patria” y a “exterminar las plagas”. Este fin de semana murieron siete jóvenes más en la población de Masaya. Estos son las historias de algunos de esos jóvenes que han caído en medio de la tensión en el país.

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Kevin Antonio Coffin Reyes fue uno de los que cayeron por un tiro en la cabeza el 30 de junio. Tenía 21 años y había ganado medalla de oro en sambo en los pasados Juegos Centroamericanos de Managua 2017. Había salido a apoyar la multitudinaria marcha de las madres en Managua, pero un tiro que llegó de un edificio, ubicado a 200 metros de la concentración, acabó con su vida. 

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“Orlandito”, como lo llamaban sus familiares y amigos, tenía 15 años. Fue sepultado el viernes pasado tras recibir varios tiros en el tórax en una manifestación contra el gobierno de Daniel Ortega. Cursaba sexto grado, de manera tardía, porque la pobreza en la que vivía en una barriada de Managua no le había permitido terminar sus estudios. Con Orlando Córdoba también murieron sus compañeros de equipo de fútbol Álvaro Conrado (15), Ángel Reyes (16), Jesner Rivas (16), Carlos Rivas (17), José Abraham Amador (17) y Richard Pavón (17). 

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“No era un vago y murió como un perro. No es justo. Es uno de tantos que mueren a manos de este gobierno represivo”. Habla José Antonio Reyes, hermano de Francisco Reyes, de 24 años, quien murió por una bala que le entró por un ojo y le perforó el cráneo. Francisco decidió ir solo a la protesta para apoyar a las madres que demandaban justicia para sus hijos. Cuando escuchó disparos se acercó a las instalaciones de la Universidad Nacional de Ingeniería a ayudar. Ahí dio su último suspiro. Cuando llegó la ambulancia, ya no pudieron hacer nada por su vida.

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Álvaro Conrado murió días después de cumplir 15 años, por un disparo en el cuello en un enfrentamiento entre estudiantes y policías. 

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Recibió un disparo de arma de fuego que le provocó lesiones en la tráquea y el esófago, según el certificado de defunción emitido por el Hospital Bautista. El viernes 20 de abril, día en que lo mataron, su función era pasar agua a los estudiantes. Un día antes de morir, Conrado le preguntó a su padre, qué pensaba de las reformas a la Seguridad Social que el gobierno estaba imponiendo. Y el padre le dijo que era una injusticia para los jubilados. Al otro día se unió a las manifestaciones.

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Richard Pavón Bermúdez, de 17 años, era estudiante de Tipitapa y miembro de la Juventud Sandinista de esa empobrecida localidad, según confirmó la vicepresidenta Rosario Murillo, el 19 de abril cuando murió. Sus padres se presentaron ante la Comisión Permanente de Derechos Humanos (CPDH) para denunciar que las autoridades policiales del municipio de Tipitapa han hecho poco para esclarecer las circunstancias de su fallecimiento. Según Maricruz Bermúdez, la mamá del menor, los hechos ocurrieron durante una protesta frente a la Alcaldía municipal, y a ella le han dicho que un vigilante municipal habría disparado contra el joven, cuyo cuerpo presentaba impactos de bala en la espalda, hombro y cuello.

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 Juan Carlos López Martínez tenía un orificio de bala en el pecho, pero el acta de defunción indica que la causa de la muerte fue un paro cardiorrespiratorio. María Graciela Martínez, su hermana, denuncia anomalías que sucedieron antes y después de la muerte de su hermano, quien falleció la noche del 20 de abril en Ciudad Sandino mientras los protestantes eran dispersados por la Policía.

 

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