Hay un cura bogotano en Guam, la isla que amenaza Kim Jong-un

Además de estar desbordada por casos de suicidio y abusos sexuales a menores, la isla podría ser el blanco de los misiles norcoreanos.

Julio César Sánchez en el seminario Redemptoris Mater de Guam. Cortesía

Hay un colombiano en la puerta del infierno. Julio César Sánchez llegó a Guam en julio de 2000 “sin saber inglés, sin saber nada de la cultura”. El sacerdote bogotano también dice que lo único que tenía en común con la gente que encontró en la pequeña isla del Pacífico era la fe y el amor de Dios, una afirmación que suelta con seguridad, aunque tal vez sólo sea cierta para el 85 % de las más de 160.000 almas que viven allí, la mayoría católicas de Guam.

Tras 17 años evangelizando en el paraje que las agencias turísticas venden como el paraíso de los amantes del golf y las playas cristalinas, Sánchez, quien vivió toda la vida en el sur de Bogotá, dice que ahora también comparte con los isleños la poca preocupación que sienten por estar en la mira del arsenal atómico más temido del planeta.

El líder norcoreano, Kim Jong-un, llamó por primera vez a la puerta de Guam el pasado 9 de agosto.

A la noticia de que Pyongyang había logrado miniaturizar ojivas nucleares para sus misiles, el presidente Donald Trump, con los brazos cruzados, el ceño fruncido y un puchero, respondió prometiendo “fuego y furia” si las provocaciones norcoreanas continuaban. El país comunista no tardó en hacer una amenaza mucho más concreta: “Estamos examinando cuidadosamente el plan operativo para crear un fuego envolvente en las áreas cercanas a Guam por medio de misiles de mediano y largo alcance”.

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La sentencia que cayó sobre Guam, que alberga dos bases militares estadounidenses y que, como Puerto Rico, es un “territorio no incorporado” de Estados Unidos, vino con un video propagandístico en el que el régimen norcoreano ilustraba la aniquilación de la isla. En él, con una estética entre acartonada y caricaturesca, se puede ver a varios funcionarios del gabinete de Trump envueltos por las llamas y al mandatario estadounidense, de espaldas, en medio de un cementerio y adornado por un letrero que reza: “El destino de los pecaminosos Estados Unidos termina aquí”.

En Guam, la prensa local optó por abrir su edición del 11 de agosto con un sobrio “14 minutos”: el tiempo que tardaría un misil norcoreano en alcanzar la isla. Las autoridades isleñas, entre tanto, publicaron una guía con recomendaciones para sobrevivir a una explosión atómica.

“No miren la bola de llamas o el fogonazo, podrían quedar ciegos”, se lee en una de las sugerencias más generales, porque las que son realmente específicas advierten que usar acondicionador para limpiarse la radiación es una idea terrible y que lo mejor que se puede hacer para evitar los efectos de una lluvia de residuos ionizados es, además de encontrar refugio en un edificio de concreto, deshacerse de toda la ropa que se llevaba puesta al momento del ataque y, de ser posible, limpiarse el cuerpo con cantidades abundantes de jabón y champú.

“La vida continúa normalmente”, dice el padre Sánchez sobre su nuevo hogar. “Los locales siguen con su cotidianidad y los turistas no paran de venir”. El sacerdote colombiano parece coincidir con la posición de las autoridades: hasta el momento el gobernador republicano de la isla, Eddie Bazza Calvo, se ha negado a subir el nivel de alerta en la isla. Todo sigue igual.

El 30 de agosto, los norcoreanos festejaron el lanzamiento exitoso de un misil que sobrevoló Japón. El régimen describió los hechos como un preludio de lo que viene para Guam. Todo sigue igual, pero en las escuelas de la isla los niños aprenden a cubrir con plástico las ventanas de los baños que podrían servirles de refugio.

A finales de septiembre, frente a un hotel de Nueva York, el ministro de Relaciones Exteriores norcoreano anunció que su país interpretó como una “declaración de guerra” el vuelo con el que dos bombarderos estadounidenses pasaron rozando el territorio norcoreano. Todo sigue igual porque, durante cinco días y hasta el 1° de octubre, Guam celebró su séptimo Festival Internacional de Cine.

Las amenazas contra Guam volvieron la semana pasada, el régimen norcoreano anunció que los ejercicios militares que realizarán hoy Estados Unidos y Corea del Sur “refuerzan nuestra determinación sobre la necesidad de domar con fuego a Estados Unidos, y empujan nuestra mano más cerca del gatillo”. Todo sigue igual, porque para Jung Jin-seop, el comandante surcoreano de la operación: “Se trata de ejercicios regulares para contrarrestar la amenaza norcoreana y mejorar la colaboración de nuestras fuerzas”.

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“Cuando nos ataquen, cuando escuchen las sirenas, métanse en sus casas y permanezcan allí. No salgan hasta que les digamos que las cosas están bien […]. Quédense adentro porque pueden disparar el primero, y nosotros lo noqueamos en el aire, pero después puede venir otro”, dijo George Charfauros, el consejero de seguridad de la isla que insiste, como tantos otros, en que Guam debería preocuparse más por otro tipo de desastres que por Corea del Norte. Por lo que cuenta el padre Sánchez, a lo mejor tiene razón.

¿De qué lado de la puerta está el infierno?

Ricardo Bordallo nació en 1927 y se fue de Guam para estudiar en la Universidad de San Francisco. De allí volvió a la isla para dedicarse a la compraventa de carros y fundar Ricky’s Auto Company, la primera distribuidora autorizada de algunas casas automotrices en Guam. Ricardo también levantó Ricky’s Suburban Club, un restaurante en la localidad de Tamuning.

Las cosas iban bien para Bordallo, si no era el tipo más exitoso de la isla estaba cerca de serlo y en 1970 se convirtió en el primer gobernador electo por voto popular en la historia de Guam. Repitió mandato, construyó hospitales, reconstruyó la isla tras el azote de tifones y en 1990, después de enfrentar sin éxito cargos por corrupción y obstrucción a la justicia, sumó su nombre a la larga lista de personas que se quitan la vida en Guam.

“En una isla, aparentemente tan católica, pasan cosas que no tienen nada que ver con la verdadera fe”, dice el padre Sánchez mientras recuerda que el índice de suicidio juvenil en la isla no para de crecer. Para agosto de este año, las autoridades de la isla habían registrado 23 casos de suicidio y temían que 2017 cerrara con una cifra récord que los pondría, como en otros años, por encima de la media de EE. UU. y tres veces más arriba que cualquier otra población de Asia y el Pacífico.

El suicidio parecería estar en el ADN de la gente en Guam. Uno de los atractivos turísticos de la isla y un emblema de la etnia chamorro que la habita es la “Punta dos amantes”, el acantilado desde el que hace siglos se lanzó una pareja de enamorados que no encontró otra salida para su relación prohibida.

Pero si el pecado del suicidio es un dolor de cabeza para la Iglesia católica en Guam, no es el único ni el más grave.

“Soy el rector del seminario Redemptoris Mater”, cuenta el padre Sánchez. “Una casa en donde se forman hombres que, si Dios quiere, serán sacerdotes”. La historia del seminario que dirige el colombiano empieza en 2002, con un grupo japonés en bancarrota que quería vender, a como diera lugar, el hotel que alguna vez les costó entre US$60 y US$80 millones.

La primera oferta vino de un grupo de empresarios chinos que llegaron a la isla con el ambicioso proyecto de convertir a Guam en Las Vegas del Pacífico, un lugar capaz de atraer a los vacacionistas y ludópatas de Rusia, Oceanía, Japón y Corea del Sur.

Según el Vatican Insider, entre la plantilla de personas que querían sacar adelante el emprendimiento llegó a estar Mark Anthony Brown, el entonces presidente de Trump Hotels & Casinos Inc, pero todo se frustró cuando los propietarios del Action Hotel prefirieron venderle la propiedad a Anthony Apuron, arzobispo de la arquidiócesis de Agaña, la capital de Guam.

Dicen que el arzobispo Apuron reunió a punta de caridad los dos millones de dólares que pagó por el hotel y que lo hizo con la fuerte convicción de que “los casinos no traen dinero sino miseria moral”. También dicen que Apuron se ganó muchos enemigos por la transacción que permitió fundar el seminario Redemptoris Mater y por eso, en mayo de 2016, cuando Roy Quintanilla, un antiguo monaguillo, denunció que el arzobispo había abusado sexualmente de él durante la década de los 70, el rumor de un montaje para desprestigiar al padre se volvió moneda común.

El problema vino cuando de Arizona salieron otras dos denuncias semejantes que completaron un total de cuatro cuando Roland Sondia, con 54 años, también acusó al padre por los abusos que habría sufrido durante su niñez.

Apuron fue removido del cargo en junio de 2016 por orden del papa Francisco. Hoy, el antiguo arzobispo de Guam espera detenido el dictamen de los tres jueces del Tribunal Canónico que llevan su caso en el Vaticano, pero si las cuatro denuncias contra Apuron son muy difíciles de ignorar, se puede hacer menos con los más de 100 casos de la misma naturaleza que entre 1955 y 1994 se han registrado en la isla. “Tengo que decir que muchas de estas denuncias son falsas y los que están detrás de ellas sólo quieren dinero”, dice el padre Sánchez.

Según “USA Today Network”, las demandas contra la arquidiócesis de Agaña incluyen al menos a 14 sacerdotes que trabajaron o trabajan en Guam, además de otros dos empleados laicos de un colegio católico.

“El gran enemigo de la Iglesia es Satanás, él aprovecha todas estas cosas para hacer daño y destruir”, agrega el padre, quien a pesar de enfatizar en el carácter difamatorio que ve en las denuncias, también reconoce en los casos de abuso sexual a menores una monstruosidad e insiste en la seriedad con la que se los toma la iglesia.

A pesar de los golpes de pecho, las denuncias no paran de llegar. Sólo este mes han aparecido al menos cinco nuevos testimonios. Según las presuntas víctimas que ahora rondan los 50 años y piden una indemnización cercana a los US$30 millones, Lois Brouillard aprovechó su estatus como sacerdote y líder de los Boy Scouts para convencerlos de posar desnudos ante su cámara y leerle pasajes de revistas pornográficas, todo esto a cambio de invitaciones a McDonald´sy condecoraciones por buena conducta.

“Todo esto nos llama seriamente a la conversión y a la purificación”, comenta Sánchez, quien a finales de agosto fue despedido, junto a otros tres sacerdotes del equipo de asesores de Michael Jude Byrnes, el arzobispo que reemplazó a Apuron al frente del arquidiócesis de Agaña. Los religiosos fueron acusados de insubordinación cuando se supo que le escribieron una carta al cardenal italiano Fernando Filoni. Al parecer, los sacerdotes de Guam querían ayuda del purpurado para persuadir a su nuevo jefe de no vender las instalaciones del seminario que dirige Sánchez.

En Guam, como en el infierno, o cualquier otra isla sin importar sus proporciones, nadie parece libre de pecado, y si a eso se le suma la impotencia que produce el fantasma de los misiles norcoreanos, los preparativos para sobrevivir a la radiación y el clima de normalidad que reportan los isleños, las palabras con las que se despide el padre Sánchez ganan una resonancia inquietante: “lo único que se puede hacer es rezar, convertirse verdaderamente con humildad, dar la vida por las personas, dar el cuello para ser degollados”.

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