El laberinto mental de la migración venezolana

La cuenta de cobro que la migración les pasa a las mujeres

Aunque la migración es un fenómeno que no distingue género, raza o edad, las desigualdades e inequidades existentes en las sociedades latinoamericanas hacen de las mujeres un público más vulnerable a la aparición de problemas de salud mental.

Ser mujer condiciona cada etapa de la experiencia migratoria: desde su motivación para migrar, hasta la de enfrentar situaciones que tienen que vivir durante este proceso.Ilustración: Daniela Vargas

Ante el mundo son conocidos como “migrantes”. No tienen nombre ni cara, todos son iguales. En un contexto de una migración sin precedentes, en la que más de un millón de venezolanos han llegado a Colombia en los últimos cuatro años, con el objetivo de quedarse, cerca de la mitad son mujeres, y sus rostros se han vuelto tristemente parte del paisaje.

Cada una de ellas tiene una historia que contar. Leandra, de 32 años, madre de un niño de cuatro, es uno de esos cientos de miles de rostros anónimos que componen la diáspora venezolana. Salió hace cuatro meses de Caracas con un par de maletas y su hijo de la mano. El hambre y el desespero por la situación la forzaron a dejar su país en busca de algo mejor.  Cualquier destino. Bucaramanga, Cali, Medellín, Bogotá, Quito, Rumichaca, Santiago de Chile, Buenos Aires.  Para la mayoría, todas las ciudades representan lo mismo. Una oportunidad de trabajo que les permita no acostarse una noche más sin comer, y luego, reunir lo suficiente para enviar dinero a Venezuela.

Pero la dinámica de una ciudad como Bogotá, que ha recibido a aproximadamente 278.511 migrantes en los últimos años, lo ha hecho todo más difícil. Al llegar a la capital de Colombia muchos venezolanos se enfrentan por primera vez con lo desconocido. Conseguir trabajo es complicado sin los permisos y los bogotanos son tan fríos como el clima.

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Han sido días de poco sueño, de hambre y de llanto. Leandra, que nunca en la vida había pedido limosna, tuvo que aprender a hacerlo recién llegada a la ciudad. Pronto se dio cuenta de que las advertencias del gobierno de Nicolás Maduro a quienes pensaban salir de Venezuela no eran tanto cuento. De hecho, cuenta Leandra que el día más difícil de su viaje fue el día que llegó a Bogotá. 

Porque migrar tiene sus efectos, sobre todo en la cabeza. La migración forzada, en este caso provocada por la crisis económica que afecta al país desde hace varios años, tiene efectos negativos en la salud de quienes salen de su país, como lo explica Eduardo Chaín, gerente del hospital mental Rudesindo Soto de Cúcuta, que ha recibido a una gran cantidad de migrantes tras la crisis. “La salud mental de los migrantes está de capa caída”, dice.

Resultado de imagen para venezolanos campamento site:elespectador.comLa violencia contra la mujer es un denominador común demasiado habitual, subyacente a los retos específicos que afrontan las mujeres migrantes. Foto: Cristian Garavito - El Espectador

Depresión, ansiedad y estrés son quizás los efectos más comunes dentro de los migrantes que llegan de Venezuela a Colombia. El drama y la dureza del viaje, el duelo por dejar atrás sus hogares y sus familias, y la incertidumbre de llegar a un lugar desconocido —y cada vez más hostil— son algunas de las afectaciones psicológicas que sufren quienes deciden salir de su país. Afirman, además, que nunca fueron evaluados por psiquiatras o psicólogos. 

Pero muchas de las reacciones emocionales en las personas que migran pueden ser consideradas “normales ante un evento anormal”, dice Erika Cardona, psicóloga y jefa de Asuntos Humanitarios de la Cruz Roja Colombiana. Las migraciones, sean en América Latina, África o en Oriente Medio, tienen todas, en general los mismos efectos psicológicos, de acuerdo con la funcionaria.

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“No es que el hecho de migrar te genere una patología, pero sí te hace más vulnerable a tener una afectación en salud mental”, opina por su parte el psicólogo venezolano Pedro Rodríguez, profesor de la Universidad del Valle, quien ha estudiado la migración desde su país desde hace 3 años.

De acuerdo con el Informe sobre Movilidad Humana, realizado por el Servicio Jesuita a refugiados de Venezuela, la inseguridad, la desesperación por lo que sucede en el país, el hambre, y los altos niveles de estrés, son las principales razones por las que los venezolanos han decidido salir de su país. Todas estas situaciones, según cuenta Mireya Gutiérrez, psicóloga de la Cruz Roja Colombiana, quien ha trabajado con los migrantes venezolanos, son situaciones estresantes que preceden a la migración y que pueden tener un efecto negativo durante el viaje. 

Pero migrar siendo mujer tiene sus propias dificultades. Aunque en términos de salud mental, tanto hombres y mujeres se pueden ver expuestos a los mismos factores tensionantes, ser mujer condiciona cada etapa de la experiencia migratoria: desde su motivación para migrar y superar un viaje lleno de obstáculos, hasta enfrenar situaciones que tienen que vivir durante este proceso.

A nivel mundial, las mujeres migran tanto como los hombres. En 2018, casi la mitad (48%) de todos los migrantes internacionales hicieron parte de este grupo. De hecho, la proporción de mujeres migrantes a Europa, América Latina y el Caribe, América del Norte y Oceanía aumentó en los últimos 15 años de acuerdo con cifras del Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de las Naciones Unidas. 

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Que las mujeres se encuentren en constante movimiento no es una novedad. Pero lo que sí debe ser tratado con especial atención son las vulnerabilidades a las que se ven expuestas en comparación con las de los hombres. Si bien la Organización Internacional de las Migraciones (OIM) explica que en un proceso migratorio tanto hombres, mujeres, y personas trans se ven expuestas a vulnerabilidades particulares, que dependen de su género, las mujeres tienen que lidiar con los riesgos comunes del suyo, como por ejemplo ser víctimas de violencia intrafamiliar o sexual.

“La violencia contra la mujer es un denominador común demasiado habitual, subyacente a los retos específicos que afrontan las mujeres migrantes a lo largo de las rutas migratorias”, explica Cristal Palacios, psicóloga venezolana y fundadora del grupo Psicodiáspora, un directorio internacional de expertos en salud mental oriundos de Venezuela. 

“Muchas mujeres sufren violencia, acoso y son explotadas sexualmente por parte de completos extraños, funcionarios, compañeros migrantes e incluso familiares”, dice Palacios.  De hecho, de acuerdo con la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, el 79% de víctimas de trata de personas en América Latina son mujeres. 

 

Xenofobia y discriminación, otro reto

Resultado de imagen para venezolanas site:elespectador.comSe calcula que en el país hay aproximadamente 600.000 mujeres venezolanas que han salido de su país. Foto: AFP

La xenofobia y la estigmatización son otros dos componentes que pueden afectar la salud mental de los migrantes, en especial en las mujeres. Las venezolanas que han llegado al país han tenido que enfrentarse con el estigma de la prostitución y la “mala fama” que se les ha otorgado en Colombia. No hace mucho, un político de Bucaramanga, ciudad en la que hoy residen cerca de 20.000 venezolanos, afirmó en medios de comunicación, y sin ningún sustento, que la llegada de miles de mujeres de Venezuela había incrementado las infidelidades en la ciudad.

“Por día llegan alrededor de 500 venezolanos entre ellos mujeres jóvenes atractivas que pueden causar este tipo de situaciones”, indicó.

Carla, una mujer de 25 años, oriunda de Maracaibo, cuenta que al llegar a Colombia lo primero que le sorprendió fue la cantidad de insinuaciones sexuales de las que fue objeto. Cuenta que desde Cúcuta hasta Bogotá fue abordada por muchísimos hombres, colombianos y venezolanos, y que muchos le manifestaban que lo hacían porque “las venezolanas son fáciles”. Esto, dice, ha hecho que tema ser víctima de alguna agresión. “Es como si lleváramos un aviso encima”, cuenta.

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Para Cristal Palacios, son este tipo de situaciones las que pueden diferenciar a un hombre y a una mujer durante un proceso migratorio. Las mujeres, como en el caso de Carla, deben estar más alerta frente a un eventual acoso o abuso. “No solo tienen estrés por la situación que las obligó a salir, sino que también pueden ser víctimas de acosos o abusos, que, naturalmente, pueden desencadenar en un desequilibrio mental considerable”, explica. 

Pero de acuerdo con Daniel Macía, referente de Salud Mental de Médicos sin Frontera, organización médica que atiende crisis humanitarias, según su propia experiencia, las mujeres son más abiertas a hablar de sus problemas mentales, respecto a los hombres. 

“En la sociedad latinoamericana se les ha enseñado a los varones a no exteriorizar sus sentimientos, mientras que las mujeres son más abiertas a contarlos”, cuenta Macía. De hecho, para abril de 2019, la organización médica había atendido 680 casos en el servicio de Salud Mental, y de estos, 475 son mujeres. Es decir, el 70% de los casos atendidos. 

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“Esto no significa necesariamente que los hombres no quieran o puedan hablar sobre estos temas porque es una muestra mínima, pero desde nuestra experiencia sí se ha podido ver que las mujeres están mucho más pendientes de las afectaciones mentales sobre los hombres, anota el encargado en Salud Mental de Médicos sin Fronteras. 

Casi todos los expertos confluyen en lo mismo: la migración es un evento estresante, que pone a prueba la capacidad de resiliencia de hombres, mujeres y niños. Separarse de los seres queridos y adaptarse a una nueva sociedad, requiere la movilización de capacidades individuales, así como de fuentes de apoyo social. En ausencia de estos, las dificultades facilitan la aparición de problemas de salud mental. 

Pero el ser mujer y migrante tiene sus características específicas. Ellas están expuestas a vulnerabilidades adicionales solo por el hecho de ser mujeres. Las mismas desigualdades que enfrentan en sus países de origen, y en la sociedad en general, continúan en el proceso de migración y son, también, las mismas que tienen y tendrán que enfrentar cuando lleguen a su destino. Sea el que sea.  

*Este artículo se realizó gracias a la beca Rosalynn Carter para Periodismo en Salud Mental 2018

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Jesús Mesa / @JesusMesa

El Mundo

La cuenta de cobro que la migración les pasa a las mujeres

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