La salida de EE.UU. se hará efectiva el 31 de diciembre de 2018

Los “pecados” de la Unesco

Aunque desde 2011 Estados Unidos le había quitado la financiación a este organismo de Naciones Unidas, fue Donald Trump el que hizo oficial el retiro argumentando “un sesgo antiisraelí”.

El presidente de la Autoridad Nacional Palestina, Mahmoud Abbas, habló ante la Unesco en diciembre de 2011. / EFE

La decisión de Estados Unidos de retirarse de la Unesco era cuestión de tiempo. Desde hace muchos años la relación entre este país y la Organización de la ONU para la Educación, la Ciencia y la Cultura había estado plagada de desencuentros. Sin embargo, desde que Donald Trump llegó a la Casa Blanca, el 20 de enero de este año, los choques se hicieron más frecuentes, según el magnate republicano, por el “sesgo contra Israel”.

La Casa Blanca se opone a cualquier movimiento de los organismos de la ONU para reconocer a los palestinos como un Estado, sosteniendo que esto debe esperar a un acuerdo de paz negociado en Medio Oriente. Lo que hizo Trump no supone una ruptura respecto a esta línea tradicional.

De hecho, en 2011, el gobierno de Barack Obama decidió retirarle los fondos a la organización. ¿Qué pasó? La Conferencia General de la Unesco aprobó la admisión de la Autoridad Nacional Palestina (ANP) como miembro de pleno derecho de esta organización. Desde ese día, Washington dejó de financiar a la agencia, lo cual equivale para la Unesco perder el 22 % de su presupuesto, cerca de US$70 millones.

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Dos leyes de principios de los años noventa prohíben a Estados Unidos financiar agencias de la ONU que reconozcan plenamente a Palestina, mientras no exista un acuerdo de paz con Israel.

Y llegaron más choques. Estados Unidos advirtió en junio su intención de revisar sus relaciones con la Unesco, calificando de “afrenta a la historia” la decisión del organismo de declarar la ciudad vieja de Hebrón, en Cisjordania ocupada, “Patrimonio Mundial en peligro”. La nominación del sitio había sido presentada por Palestina.

Esta iniciativa “desacredita todavía más una agencia de la ONU ya altamente discutible”, dijo la embajadora estadounidense ante la ONU, Nikki Haley.

La decisión final de Trump

Trump se quejó en la última Asamblea General de Naciones Unidas del supuesto veto “contra Israel” de la ONU y otras de sus agencias. Y tomó la decisión. Le pidió al Departamento de Estado, dirigido por el desacreditado Rex Tillerson, que hiciera el retiro oficial del país de la Unesco.

La portavoz del departamento de Estado norteamericano, Heather Nauert, anunció que Washington prevé dejar la organización. “Esta decisión no se tomó a la ligera y refleja la preocupación de Estados Unidos con los crecientes atrasos en los pagos (de las contribuciones) a la Unesco, la necesidad de una reforma fundamental en la organización, y el continuo sesgo contra Israel”, dijo Nauert.

La salida de Estados Unidos se hará efectiva el 31 de diciembre de 2018, de acuerdo con las normas constitutivas de la Unesco, añadió el texto.

La salida de la Unesco se enmarca en la política del presidente Donald Trump de revisar muchos de sus compromisos multilaterales, siguiendo lo que llama una política exterior de “Estados Unidos primero”. A la decisión de EE.UU. se unió Israel, que horas después del anuncio de Washington informó su retiro, sumándose a las críticas. “La Unesco es antiisraelí y se convirtió en un teatro del absurdo”.

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La directora general de la Unesaco, Irina Bokova (quien entrega el cargo el próximo 15 de noviembre), “lamentó profundamente” la decisión de Estados Unidos. “La universalidad es esencial para la misión de la Unesco, para construir la paz y la seguridad internacionales frente al odio y la violencia, con la defensa de los Derechos Humanos y de la dignidad humana”, agregó Bokova, que mencionó una serie de medidas que tomó en colaboración con EE.UU. para combatir el antisemitismo.

Estados Unidos ya había abandonado la Unesco entre 1984 y 2003, después de que el presidente Ronald Reagan acusara a la organización de realizar una mala gestión financiera y de mantener un sesgo antiestadounidense en algunas de sus políticas. Con el retiro de EE.UU. e Israel, la organización pierde casi el 40 % de su presupuesto.