¿Por qué un nicaragüense desconocido es uno de los tres hombres más influyentes de todos los tiempos?

Al lado del Che Guevara y Salvador Allende, un nombre desconocido, Pablo Aráuz, es uno de los tres latinoamericanos que encabezan la lista de las 100 fotografías más influyentes de todos los tiempos, publicada hace menos de un año por la Revista Time. ¿Quién es él?

Esta pintura de la fotografía le acarreó varios problemas al pintor Joy Garnnet, con la autora de la foto, Susan Meiselas. Wikimedia Commons

En julio de 1979, la fotógrafa estadounidense Susan Meiselas tomó la foto de un hombre antes de lanzar una bomba incendiaria, fabricada dentro de una botella de Pepsi. La sostiene en la mano derecha. En la izquierda, tiene un brazalete blanco que le protege la muñeca del sol y carga un rifle. Lleva puestos unos pantalones vaqueros, una camisa militar y una boina que el mundo identificó, de inmediato, con los revolucionarios.

El mundo no se equivocó. Eran los tiempos de la Revolución Sandinista en Nicaragua, un movimiento que entre 1979 y 1990 le puso fin a la dictadura Somoza y que fue liderado por el Frente de Liberación Nacional, que hoy es un movimiento político.

“Esa foto tiene un significado revolucionario, muestra a los jóvenes de esos tiempos que peleábamos en contra de la dictadura de Somoza”, le dijo Aráuz al diario BBC, que lo encontró 28 años después en una modesta casa en la ciudad Norteña de Sonoto, ubicada solo a 50 kilómetros de la frontera con Honduras. Tiene 10 hijos y el pelo lleno de canas.

Según le contó a dicho medio, Aráuz se le midió a la revolución, sobre todo, y por encima de conexiones familiares o las amistades, porque la figura del Che Guevara le resultaba inspiradora. "Nosotros escuchábamos de la gesta del Che Guevara y por eso comenzamos a usar boinas. Esa boina que ustedes miran ahí, yo ya la caminaba para los años 70", dijo en la entrevista.

La historia de la fotografía va más o menos así: En la casa en donde Pablo vivía no había electricidad. "La gente hacía unos candiles con latas, o con botellas de Kola Shaler, le ponían una mecha con gas y así se alumbraban. Así que cuando un chavalo se me acercó con la botella, a mí me llamo la atención. 'Vos, chavalo, ¿qué andás haciendo con ese candil?' le digo. 'No fregués vos, es una bomba', me contesta. Entonces le digo: probemos, vamos a tirar eso", le contó el exguerrillero a BBC.

Fijó como blanco una torre vecina. El mismo muchacho que le ofreció la botella le prendió fuego, pero no cayó el punto esperado. Ahora se ríe de su falta de puntería.

Pablo no se dio cuenta de que le estaban tomando una fotografía, ni siquiera recordaba el momento. “Me hubiera puesto más guapo”, dijo entre risas.

Solo se enteró un año después de que su imagen le estaba dando la vuelta al planeta. Estaba fumando desprevenido, cuando vio su foto impresa en una cajetilla de fósforos. Luego se la encontró en un libro. Luego en una pintura, y así en otra treintena de publicaciones.  Cuando le preguntaban, negaba hasta la muerte que fuera su rostro, pues no quería que lo ficharan los integrantes de la contrarrevolución.

Años después, Meiselas le regaló varias postales con la fotografía. Regaló varias y conservó una para la posteridad.

 

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