Récord de votos en EE. UU., un sueño fallido

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Nunca en la historia del país se habían recibido tantos votos. El problema es que el próximo presidente recibirá un país con una polarización pocas veces vista.

Las elecciones en Estados Unidos dejan un nuevo paisaje político en una de las democracias más importantes del mundo. El dato clave: el récord histórico de votación, el más alto en 120 años. El dato no es de poca monta, porque si bien parece algo saludable para el candidato que llegue a la Casa Blanca, en realidad demuestra que recibirá un país más dividido que nunca, cuyos comicios revelaron que el “trumpismo” es un movimiento serio, fuerte y masivo que permanecerá por muchos años.

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Y es que según las estimaciones actualizadas por el independiente US Election Project, al menos el 66,7 % de los estadounidenses con derecho a voto participaron en las elecciones de este martes, la tasa más alta desde 1900, cuando ese índice fue del 73,7 %. Eso significa no solo que casi 160 millones de los casi 238 millones de estadounidenses registrados acudieron a las urnas, sino que superaron los 139 millones de sufragios que se emitieron en las elecciones de 2016.

Las causas sobre tanta participación tienen diferentes explicaciones. Paul Gronke, profesor de ciencias políticas de la Universidad de Reed, aseguró a Vox: “Estamos viendo un electorado muy enérgico e interesado, y estamos viendo un público, creo, que está respondiendo al mensaje de que era necesario votar anticipadamente, a principios de este año”.

Por su parte, John Fortier, director de estudios gubernamentales del Bipartisan Policy Center y autor de Absentee and Early Voting: Trends, Promises and Perils, le dijo también a Vox: “Es, por supuesto, enorme y de una escala que no hemos visto. Y, por lo general, advierto a la gente, no deberíamos confiar demasiado en la votación anticipada. Porque, por supuesto, podría ver a muchas personas llegar temprano, y luego las otras personas no aparecen más tarde, y luego no tenemos una mayor participación. Pero el entusiasmo y la cantidad que estamos viendo están fuera de los límites”.

El problema en esta ocasión, en pocas palabras, lo explicó a Los Angeles Times la politóloga Julia Azari: “Rompimos un récord de 120 años de participación, el tipo de participación con el que la gente solo soñaba”. Sin embargo, tanta participación no le dejará un camino fácil al que llegue a la Casa Blanca ni marcará una fuerza dominante en la sociedad estadounidense.

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La tensión electoral llegó ayer a su clímax. Biden suma por ahora 253 compromisarios en el Colegio Electoral y ahora espera a que salgan los resultados de Georgia, Nevada y Arizona para llegar a 270, el número mágico que lo convertiría en virtual ganador, sin tener todavía en cuenta los litigios legales que ya anunció el presidente Donald Trump. Eso sí, pase lo que pase, Biden ya se convirtió en el candidato presidencial con más votos en la historia del país, más de 72 millones en total. Con esto supera a Barack Obama, quien en 2008 logró 69,5 sufragios a su favor.

Sin embargo, la contraparte es igual de importante, la de Donald Trump. Porque sí, va perdiendo, pero ya suma más de 69 millones de votos de personas que lo apoyan. Ambos partidos lograron capitalizar puntos importantes del territorio. Por un lado, Biden se centró en las áreas urbanas y los suburbios, mientras que Trump convenció, como era de esperarse, a las zonas rurales, donde se concentra la población más conservadora del país.

Además, poco a poco comienzan a salir datos que no dejan de sorprender. Por ejemplo, Breth Heath, periodista de Reuters, advirtió que a Trump le está yendo mejor en este momento de lo que le fue en 2016 en condados con altas tasas de muertes por COVID-19, un hecho inusual teniendo en cuentas las críticas que se le han hecho por su gestión durante la crisis sanitaria.

Los resultados arrojan que el mandatario logró los votos en los estados en donde la clase trabajadora blanca es predominante, como Lorain y Mahoning en Ohio, Macomb en Michigan, Dubuque y Marshall en Iowa, y Racine, Brown, Outagamie, Winnebago y Kenosha en Wisconsin. Este último es importante porque fue uno de los condados que sufrió unas de las peores protestas de este año, luego del brutal ataque de un policía a un afroamericano, que obligó al mandatario a enviar al ejército.

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Por otro lado, su mensaje de “América jamás será un país socialista”, o el del castrochavismo, caló fuertemente en el estado de Florida, un territorio que tiene casi un millón de cubanos y 75 mil venezolanos registrados para votar. “Voté por Trump porque soy latina y en Latinoamérica estamos cansados del socialismo”, dijo a BBC Mundo Monserrat Esperanza. Por su parte, Leticia Montero, una cubana que llegó a Miami hace 20 años, le dijo a El País: “Ha sido uno de los pocos presidentes que cumplió lo que prometió. Ha sido efectivo en la economía y para nosotros los cubanos ha tomado medidas contra la dictadura, y eso hace que se gane nuestro apoyo”.

Eso sí, aunque fueron insatisfactorias en el Valle del Río Grande de Texas y especialmente en Miami de Florida, Biden mantuvo cifras normales entre los votantes negros y latinos. “Creo que el Partido Demócrata ha tenido mucho más éxito en adaptarse a los grandes cambios en Estados Unidos y el mundo: globalización, cambios demográficos y el clima cambiante de la información. Los republicanos han tenido menos éxito en adaptarse a estos cambios y han dependido más de jugar con el sistema”, dijo a Los Angeles Times Simon Rosenberg, fundador de la centrista New Democrats Network.

El panorama ahora es complicado. Tal como señalan algunos medios, si algo ya dejan estas elecciones es una desesperanza pensando que Biden será el camino a la reconciliación, tal como prometió en campaña. Puede que lo sea, pero parte con un territorio caliente y dividido.

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