Washington y Caracas tienen grandes intereses económicos

Venezuela en la agenda Trump

Aunque Nicolás Maduro insista en que se prepara una invasión estadounidense a tierras venezolanas, ese es un escenario
muy lejano, casi imposible. Rex Tillerson, secretario de Estado de EE. UU., es la clave de la actual relación entre los dos países.

El gobierno de Estados Unidos dice que Venezuela es un lío. AFP

Que Estados Unidos dirige un plan —fraguado por la oposición, claro— para derrocar al gobierno venezolano y propiciar una intervención extranjera es una de las frases de batalla del presidente Nicolás Maduro.

Cada vez que un funcionario estadounidense declara su preocupación por la crisis que vive el país suramericano, la alarmas saltan y muchos desde Caracas y el extranjero comienzan a plantear la posibilidad de que Donald Trump (imprevisible como ningún otro mandatario) decida hacer “algo” contra Venezuela.

Lo más reciente que dijo el incierto Trump fue que “Venezuela es un lío”. Antes fue el secretario de Estado, Rex Tillerson, quien aseguró que “la Casa Blanca sigue de cerca y con preocupación la situación en Venezuela”.

Por varias razones, muchos dudan de que se esté fraguando “algo” desde el gobierno de Trump. Entre otras cosas, porque Tillerson tiene una relación con Venezuela cargada de intereses: antes de llegar al  gobierno, era CEO del grupo petrolero Exxon Mobil y bajo su administración se descubrió el yacimiento más grande en Venezuela: Liza II.

De acuerdo con la petrolera, “un descubrimiento significativo frente a las costas de Guyana (zona en disputa fronteriza)”. Liza II sigue la misma línea de la Faja Petrolífera Orinoco, la mayor reserva de petróleo del mundo. Se estima que allí reposan 1,4 millones de barriles de petróleo de alta calidad. Un botín muy grande.

Y aunque Estados Unidos votó el miércoles en la Organización de Estados Americanos (OEA) a favor de la resolución que llevó a que Maduro decidiera retirarse del organismo multilateral, en marzo ese país dejó claro que no respaldaría una suspensión de Caracas.

Mensajes dobles

Más allá de sus palabras, Maduro también ha mandado mensajes conciliadores al gobierno Trump. Según los registros de la comisión de investidura de Trump, Venezuela donó US$500.000 para la ceremonia, a través de Citgo Petroleum, la filial estadounidense de la petrolera paraestatal venezolana PDVSA, otro frente que le ata las manos a Tillerson.

Recientemente, PDVSA ofreció una participación de casi el 50 % en Citgo, como garantía para recibir un préstamo de $1.500 millones de la empresa rusa Rosneft. El acuerdo fue objeto de críticas por parte de republicanos preocupados por que se generen condiciones para que Vladimir Putin tome control del petróleo estadounidense. Hoy las relaciones entre Washington y Moscú son otras.

A pesar de que las compras de petróleo venezolano han caído en más de 50 %, su principal socio sigue siendo EE. UU., pues ese país es el único que puede refinar el pesado crudo venezolano.

Consultado por AFP, Matthew Taylor, experto para América Latina del Center for Foreign Relations de Washington, dice que el gobierno de Donald Trump parece seguir la misma política que su predecesor, Barack Obama, ante la crisis venezolana.

“Estados Unidos impuso sanciones específicas a ciudadanos venezolanos, como el vicepresidente (Tareck) El Aissami, pero resistió sabiamente la tentación de enfrentar al régimen más directa y unilateralmente, dejando a los países latinoamericanos gestionar el tema”.

Otras decisiones estadounidenses ratifican esa distancia. Venezuela fue uno de los países señalados por el Departamento de Estado (en su informe de marzo de 2017) de fallar en la lucha contra el narcotráfico. Según explicó en entrevista reciente el subsecretario para asuntos de narcotráfico, William Brownfield, “en los últimos seis años tres países han fallado claramente en su responsabilidad frente a la lucha contra el narcotráfico: Birmania, Bolivia y Venezuela. Hemos hecho una excepción, por razones de ‘interés nacional’, con Birmania y Venezuela”.

Los contactos que Barack Obama inició en 2015 con el gobierno de Maduro, a través de su enviado especial, Tomas Shannon, no han cesado, dice la prensa. Pero en medio de las protestas se suma un nuevo ingrediente. El grupo Venezolanos Perseguidos Políticos en el Exilio (Veppex) solicitó, en una carta enviada al secretario de Seguridad Nacional de EE. UU., John Kelly, que detenga las deportaciones de venezolanos, “dada la tiranía genocida” que controla Venezuela.

Veppex pide a Kelly que implemente un “alivio migratorio” para los más de 30.000 venezolanos que se encuentran en estos momentos en Estados Unidos en una suerte de “limbo de estatus”, o indocumentados.

Venezuela dio inicio ayer a su proceso de retiro de la Organización de Estados Americanos, mientras la Eurocámara condenó la “brutal represión” en el país. Por 450 votos a favor, 35 en contra y 100 abstenciones, los eurodiputados condenaron la situación en Venezuela y pidieron a Bruselas apoyar la resolución del 3 de abril de la OEA.

El panorama es claro, pero no la reacción de Trump, que suele cambiar de opinión llevado, al menos aparentemente, por su temperamento enérgico y su limitada comprensión del escenario internacional, frente al que se expresa con el único lenguaje que comprende y conoce: el de la intimidación y la fuerza.

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