Armenia, un Estado sostenido por la diáspora y la alianza con Rusia

Con apenas 3 millones de habitantes y rodeado de países con mucha mayor población y económicamente más poderosos, el Estado armenio basa su seguridad en su estrecha alianza militar con Rusia.

AFP

 La Armenia actual, un pequeño país sostenido por la diáspora y su alianza con Rusia, conmemora el Centenario del Genocidio en un entorno hostil que, además de Turquía, incluye a Azerbaiyán, que no renuncia a recuperar por la fuerza el enclave de Nagorno Karabaj. (Vea: Armenia y el genocidio olvidado)

Con apenas 3 millones de habitantes y rodeado de países con mucha mayor población y económicamente más poderosos, el Estado armenio basa su seguridad en su estrecha alianza militar con Rusia.

Además de ser miembro de la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC), que lidera Rusia y agrupa a seis antiguas repúblicas soviéticas, Armenia alberga en su territorio, en la ciudad de Gyumri, un importante emplazamiento militar junto a la frontera con Turquía.

Allí, en su base Nº 102, las Fuerzas Armadas de Rusia tienen desplegada una agrupación militar de unos 5.000 hombres, que cuenta con aviones de combate MiG-29 y sistemas de misiles antiaéreos S-300.

"En caso de agresión, Armenia cuenta con garantías de seguridad de Rusia y la OTSC", dijo a Efe Sergey Minasyan, del Instituto del Cáucaso, el principal centro de estudios armenio de la problemática regional.

Para el experto en temas político-militares, la presencia militar rusa en el país es mutuamente beneficiosa: para Rusia, porque le permite mantener sus posiciones en el Cáucaso, y para Armenia, porque la garantiza la inmediatez de la ayuda en caso de agresión.

"Es cierto que Rusia vende mucho armamento moderno a Azerbaiyán a precios de mercado, pero a nosotros nos suministra las armas que necesitamos con importantes descuentos e, incluso, de manera gratuita", sostiene Minasyan.

Esta circunstancia permite mantener el equilibrio en la zona del conflicto de Nagorno Karabaj, añade el experto, que subraya que "Armenia sin la ayuda de Rusia no podría defender sus intereses".

Las preocupaciones de Ereván no son vanas: el discurso de Azerbaiyán, país de mayoría musulmana, aumenta en agresividad con el incremento de su potencial económico, que se basa en las ingentes reservas de hidrocarburos de que dispone.

A dos semanas del centenario del genocidio de los armenios a manos del imperio otomano, que Armenia recuerda el próximo día 24, el presidente de Azerbaiyán, Ilham Alíev, reiteró sin ambages las pretensiones territoriales de su país.

"El 80 por ciento de las aldeas armenias tenían nombre de origen azerbaiyano. Son nuestras tierras históricas y sin falta regresaremos a ellas", dijo Alíev, quien recalcó que se trata de un "objetivo estratégico" que el país no cejará en intentar alcanzar.

El presidente azerbaiyano llamó a luchar más activamente contra Armenia y apostilló: "Ya los hemos aislado (a los armenios) de todos los proyectos regionales internacionales".

Bakú ha declarado que recuperará, si es necesario por la fuerza, Nagorno Karabaj, territorio que perdió en una guerra que entre 1988 y 1994 se cobró más de 25.000 muertos.

Las tropas karabajíes y armenias ocuparon todo el enclave y otros siete distritos azerbaiyanos, lo que permitió unir la autoproclamada república de Nagorno Karabaj a Armenia y crear una "franja de seguridad".

Azerbaiyán no se queda sólo en declaraciones, sino que año a año incrementa su gasto militar, que en 2015 será de 5.000 millones de dólares, cifra que supera en 2.000 millones toda la partida de egresos del presupuesto de Armenia.

"Nuestra alianza con Rusia disuade a Azerbaiyán de lanzar una agresión, aunque es imposible evitar escaramuzas", afirma Minasyan, en alusión a los esporádicos choques armados en la línea de separación de fuerzas.

En el aspecto económico, este pequeño país de Transcaucasia también se guarece bajo el paraguas de Moscú, ya que desde comienzo de este año forma parte de la Unión Económica Eurasiática (UEE) agrupación liderada por Rusia y de la que también forman parte Bielorrusia y Kazajistán.

La pertenencia al UEE garantiza a los armenios el acceso a un vasto mercado laboral, circunstancia nada despreciable para esta antigua república soviética si se toma en cuenta que el año pasado el desempleo fue, según cifras oficiales, del 17,6 por ciento.

El gran puntal de la economía nacional lo constituyen las remesas de la diáspora armenia, que se calcula en 9 millones de personas, desperdigada por todo el mundo.

Según datos del Banco Mundial, en 2013 las remesas a Armenia sumaron poco más de 2.000 millones de dólares, cifra equivalente al 21 por ciento de su Producto Interior Bruto.

Armenia comparte con Haití el séptimo lugar de los países más dependientes de las remesas del exterior.

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