El fin de una era en Gambia

El presidente de Gambia, Yahya Jammeh, que ha gobernado su país durante 22 años con mano férrea, ha sido derrotado en las elecciones de forma sorpresiva por el líder de la coalición opositora, Adama Barrow, informó hoy la comisión electoral.

La gente en Gambia celebra el triunfo de Adama Barrow en las elecciones presidenciales.AFP
 
Los gambianos eligieron a Adama Barrow, que era el candidato del Partido Democrático Unido (UDP, por sus siglas en inglés) y estaba respaldado por una coalición de siete grupos opositores.
 
Yammeh, en el poder desde 1994, obtuvo el 36,6 por ciento de los votos y Barrow obtuvo el 45,5, según los resultados divulgados por el presidente de la Comisión Electoral Independiente (CEI) en una comparecencia emitida por la televisión estatal.
 
A la cola quedó el tercer aspirante, el líder del partido Congreso Democrático Gambiano (CDG), Mammah Kandeh, quien obtuvo el 17,1 por ciento de los votos.
Adama Barrow se convierte así en el tercer presidente de Gambia, una antigua colonia inglesa enclavada en el seno del territorio senegalés.
 
Desde que el Comité electoral de Gambia anunciara oficialmente los resultados de los comicios, miles de gambianos salieron a la calle para manifestar su alegría y utilizaron redes sociales como Twitter para demostrar su júbilo.
 
Bajo la etiqueta "Gambia decides" (Gambia decide, en español) los gambianos expresaron su sorpresa con mensajes como "Nunca antes conocí la libertad", "No puedo creer que ahora pueda volver a mi país y ver a mi familia" u "orgullosa de Gambia y sus ciudadanos".
 
El nuevo presidente electo es un empresario de 51 años, hasta ahora casi desconocido en la política del país, que fue designado candidato de la coalición opositora para sustituir a Ousainou Darboe, hasta entonces máximo líder de la oposición y que fue condenado a tres años de prisión.
 
Unos 900.000 electores estaban llamados ayer a las urnas, en una jornada electoral que transcurrió con normalidad, pese a la decisión de las autoridades de suspender las comunicaciones con el exterior.
 
Las elecciones se celebraron mientras una treintena de opositores, entre ellos el máximo rival de Jammeh, Darboe, están en la cárcel por participar en una manifestación pacífica el pasado abril para exigir una modificación de la ley electoral que diera más transparencia a los comicios.
 
El mandatario gambiano ha sido acusado con frecuencia de ejercer una violenta represión política, de restringir la libertad de la prensa y de atentar contra los derechos humanos, especialmente de colectivos como los homosexuales.
 
En este sentido, el Gobierno nunca aclaró las circunstancias del asesinato en 2004 del periodista Dayda Haidara, mientras que en los últimos años varios miembros de los servicios de seguridad han sido detenidos por una supuesta conspiración contra el presidente.
 
Además, varios periodistas y opositores han desaparecido tras ser arrestados por la policía secreta gambiana, la temida Agencia de Inteligencia Nacional (NIA, por sus siglas en inglés).
 
En medio de estas graves acusaciones, Gambia se ha sumado a Sudáfrica y Burundi al anunciar su retirada de la Corte Penal Internacional, a la que acusa de ser una institución dedicada a juzgar exclusivamente a dirigentes africanos.
 
Jammeh, que derrocó a Dawda Jawara tras liderar un golpe de Estado militar contra él, llegó al poder con la promesa de mejorar el futuro de los gambianos y poner fin a la injusticia social y la corrupción, pero no ha alcanzado sus objetivos.
 
Gambia se ha hundido aun más en la pobreza y más de la mitad de su población vive con menos de dos dólares al día.
 
El nuevo presidente electo, que hereda un país sumido en una grave crisis, anunció durante la campaña que una de las prioridades de su mandato de cinco años sería sanear la economía del país.
 
E instó a los votantes a "cerrar 25 años de régimen autoritario" para dar paso a un Gobierno respetuoso con los derechos humanos, que mejore sus relaciones internacionales y que ya hoy parece quedar en sus manos.
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