Fe, política y algo de “show”

En Nueva York, cuando el papa llegue a la Asamblea General de Naciones Unidas, se dará el escenario ideal para su diálogo con los presidentes Barack Obama y Raúl Castro.

Esta semana, cuando el papa Francisco llegue a Washington D.C., será la primera vez de muchas cosas: Jorge Mario Bergoglio nunca había ido a tierra estadounidense. Tampoco un papa había hablado ante el Congreso de ese país, ni la Iglesia católica había canonizado a alguien en Estados Unidos. Francisco canonizará a Junípero Serra, un monje franciscano del siglo XVIII que tuvo un rol especial evangelizando nativos en California. Pero será, sobre todo, la primera vez que la visita de un papa sea especialmente en idioma español. Este viaje, pues, está lleno de simbolismos y primeras veces. Una combinación de política, fe e, inevitablemente, algo de show.

“Hay una gran alegría por parte de todos los católicos en esta nación. Es el primer pontífice invitado a una sesión plena del Congreso. Es una oportunidad para predicar la voluntad de Dios”, ha dicho Mario Dorsonville, obispo de Washington. Su iglesia repartió miles de boletas para los feligreses que quieren ver al papa, pero no pudo evitar que muchos de esos tiquetes entregados se terminaran vendiendo por miles de dólares.

Se estima que en Estados Unidos el 20% de la población es católica, fiel seguidora del pontífice. Sin embargo, hay muchos sectores en esta nación que no han recibido con satisfacción algunas de las polémicas declaraciones de Francisco. Sobre todo las que tienen que ver con la sociedad de consumo.

En noviembre de 2013, por ejemplo, Francisco dijo en una de sus críticas más mordaces: “Cómo no puede ser noticia cuando una persona sin casa fallece, pero sí es noticia que la bolsa caiga dos puntos”. En junio de este año volvió a causar malestar llamando “pecado” a la polución y haciendo un llamado internacional al compromiso de luchar contra el cambio climático. Estados Unidos es la potencia de nuestra era, pero una potencia que cuida mucho el medio ambiente de sus fronteras para adentro, no hacia el resto del mundo. Y la Iglesia católica estadounidense, que tiene claros los retos ante sus feligreses, sabe que es una oportunidad ideal para unir y reparar.

“Queremos que sea una ocasión alegre para todos”, ha dicho Lauren Ashburn, la directora de comunicaciones de la visita papal.

La visita significará también uno de los más grandes, o tal vez el más grande operativo de seguridad que ha habido simultáneamente en tres ciudades de Estados Unidos en su historia. Suena exagerado, pero es verdad.

Cada uno de los lugares que visitará fue etiquetado como “Evento especial de seguridad nacional”, lo que permite medidas especiales como las que se usan, por ejemplo, en las posesiones presidenciales y las reuniones de la OTAN. “El nivel de seguridad que se brindará al papa Francisco es igual, o tal vez superior, al del presidente de Estados Unidos”, le dijo al Washington Post Jonathan Wackrow, un exagente del Servicio Secreto que estuvo en la última posesión presidencial de Barack Obama.

El Servicio Secreto tiene listo y escondido el Jeep Wrangler que usará para sus desplazamientos públicos, parecido al que usó en Ecuador. El papa prefiere este carro porque, como él mismo ha dicho, se siente como una “sardina en lata” en el papamóvil que diseñó el Vaticano tras el atentado contra Juan Pablo II en 1981.

El protocolo de seguridad es tal que repartieron un instructivo de prensa en el que indican lo obvio y lo no obvio: prohibido portar explosivos, armas reales y de juguete, apuntadores de láser, recipientes de vidrio o de metal, aerosoles de gas pimienta y hasta palos para hacer selfis. El manual también advierte que hay decenas de vías y estaciones de metro cerradas. Mejor dicho, es mejor dejar el carro guardado. Los empleados del Gobierno hasta tienen permiso para trabajar desde sus casas de martes a jueves, mientras Francisco está en Washington. Y como si el montaje fuera poco, el viernes llegará el presidente de China, Xi Jinping, a visita de Estado con Barack Obama.

Su estadía en Nueva York será la antesala a la Asamblea General de la ONU, a la que llegarán delegaciones de 170 países. Y allí, por primera vez, estará Raúl Castro. Aunque su discurso es el lunes 28, llegará el viernes para escuchar en vivo y en directo las palabras del papa, quien tanto ayudó al milagro de una reconciliación entre Estados Unidos y Cuba. Algo que parecía imposible. Como lo era que los tres protagonistas de esta gira papal —Francisco, Obama y Castro— se encontraran en Nueva York. Durante la sesión conmemorativa del 25 de septiembre es posible un diálogo entre los tres, aunque la agenda oficial no lo contemple. Y es que por estos días todo puede pasar. Una muestra de ello es la sorpresiva llamada que le hizo el presidente cubano a su homólogo estadounidense el viernes. La primera conversación entre los dos mandatarios desde su reunión el pasado abril en la VII Cumbre de las Américas en Panamá. “Los líderes conversaron sobre los pasos que Estados Unidos y Cuba pueden tomar, juntos e individualmente, para impulsar la cooperación bilateral, admitiendo que seguiremos teniendo diferencias sobre asuntos importantes y que hablaremos francamente sobre esas diferencias”, afirmó la Casa Blanca. En lo que coincidieron fue en reconocer que el rol del papa Francisco fue clave a la hora de “impulsar las relaciones entre nuestros dos países”.

* Enviada especial de Blu Radio y Noticias Caracol.

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2015-09-19T21:00:12-05:00

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VANESSA DE LA TORRE *

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