Hablan los testigos del atentado en Niza

El ataque en la ciudad francesa, cometido por un tunecino de 31 años, dejó al menos 84 muertos y más de 200 heridos. La multitud corría por salvar su vida.

Una mujer rinde homenaje a las víctimas del ataque en Niza, en el Paseo de los Ingleses. / EFE

Un gráfico del diario El País de España describía ayer el atentado en Niza de este modo: un camión, conducido por Mohamed Lahouaiej-Bouhel, de 31 años, avanzó por dos kilómetros sobre el Paseo de los Ingleses y arrasó con tantas personas como pudo mientras zigzagueaba en su vehículo de 19 toneladas. La gente corría hacia el mar —el paseo es una suerte de malecón— o hacia la zona turística del otro lado para resguardarse en cafés y restaurantes. Lahouaiej-Bouhel continuó su camino hasta que un grupo de policías lo detuvo y le disparó. Él también cargaba con un arma y granadas; hizo uso de la primera, pero nunca de las segundas, que se encontraron en la cabina principal del camión.

Por redes sociales y diarios han circulado decenas de testimonios que permiten comprender que el atentado —aún sin la certeza de que sea una estrategia terrorista, planeada por algún grupo extremista— fue mucho más que eso. Fue el terror de ver cuerpos volando. En un punto, según voces que rodaron por la red, el camión arrastraba tantos cuerpos que era imposible que cupiera uno más entre las llantas. Murieron al menos 84 personas y más de 50 están en estado muy grave, según la presidencia francesa.

“Escuché un bum —dijo Najate, de 52 años—, me di la vuelta y vi el camión acelerando, y cuerpos que salían disparados. Se notaba que quería causar el máximo de víctimas. Iba rápido, y era horrible. Vi a un padre con su hijo de dos años en brazos. El pequeño estaba muerto. Luego dejé de contar los muertos”. Paso a paso, el camión fue dejando decenas de muertos. Un hombre en una moto intentó detenerlo antes de que comenzara a acelerar, de manera desaforada, contra las filas y filas de personas que celebraban el 14 de julio en plena avenida. La circulación estaba prohibida en la zona; todavía no está claro por qué pudo transitar con tanta tranquilidad. Una mujer aseguró al diario Nice Matin que reconoció el camión mientras iba de camino, con su pareja, hacia el Paseo de los Ingleses. Faltaba cerca de media hora para el ataque y, según su testimonio, Mohamed Lahouaiej-Bouhel manejaba de manera errática, frenaba, adelantaba, seguía camino, retrocedía.

“El camión pasó muy rápido —contó Suzy, una jubilada de 65 años—, y me dije: ‘no es posible, hay que irse’, cuando en realidad estábamos muy bien, los fuegos artificiales habían sido magníficos, estábamos tranquilos, contentos, y de pronto, el horror, un camión que aparece a toda velocidad, disparos (...) Tuve la suerte de encontrarme del buen lado del paseo. Estaba en la terraza de un café, y me abalancé al fondo”.

En un video publicado por varios medios franceses se ve a una multitud corriendo para salvarse del camión. Los que estaban en los restaurantes y cafés corrieron hacia adentro tanto como pudieron para resguardarse. Un grupo de rock iba a tocar en el paseo, pero no pasaron de la primera canción, como recuerda otro testigo. Otro más corrieron hacia el mar, escapando de los cafés o del borde del malecón. “Unos marinos nos dijeron que un camión había atropellado a la gente —dijo Pascale, un turista—. Había un chico joven gravemente herido. Corrí por todos lados en busca de un médico, que trajimos para que atendiera al joven. No sé qué ha sido de él. No tenía miedo, simplemente me pregunté qué podía hacer”.

Sólo horas después se supo que el autor era Mohamed Lahouaiej-Bouhel, que tiene tres hijos y hasta ahora no tiene una comprobada relación con grupos yihadistas. La falta de información sobre sus antecedentes —el atacante no estaba en la mira de los grupos de inteligencia— produce una suerte de incertidumbre y de desconfianza en las autoridades, que no saben a qué se enfrentan: si a una persona que tenía indecibles vínculos terroristas, a alguien que se inspiró en el modus operandi de los yihadistas sin ser ordenado por ellos o un hombre que, con ciertos problemas mentales, encontró en el extremismo una forma de alentar su ira.

“Se notaba que quería causar el número máximo de víctimas”, contó otro testigo. El hombre avanzó, sin remordimiento, sobre los andenes y la calle, sin discriminar a nadie. Tres días antes había alquilado el camión; sus vecinos lo describieron como “solitario”. Al parecer, Mohamed Lahouaiej-Bouhel no tenía mayores amistades cercanas y permanecía solo. Su exesposa está siendo interrogada por las autoridades francesas. “Vimos el camión a 120 o 150 km por hora —declaró Laroussi, un turista tunecino—. Estábamos en la playa. Se dirigió hacia el casino, y la gente se volvió loca. Vi a un niño cortado en dos, y su carrito estaba intacto. No hemos podido dormir en toda la noche, ha sido horrible. ¿Por qué no había retenes? Los policías tardaron 20 minutos en llegar”.