Masacre en Orlando: con el enemigo en casa

El presidente Barack Obama dice que la matanza en el bar gay es producto de terrorismo doméstico. Todavía investigan la conexión con el Estado Islámico u otros grupos terroristas en el extranjero.

Comprar un arma en Estados Unidos es muy fácil. Se calcula que hay nueve armas por cada diez ciudadanos. / AFP
Comprar un arma en Estados Unidos es muy fácil. Se calcula que hay nueve armas por cada diez ciudadanos. / AFP

“Pensamos que es terrorismo e ignoramos el problema que tenemos con las armas. Tenemos que ir tras las organizaciones terroristas y extremistas, pero también tenemos que asegurarnos de que a esta gente no le resulta fácil obtener este tipo de armas”.

Así explicaba el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, que las investigaciones sobre la matanza en el bar gay Pulse en Orlando (Florida), que dejó 49 muertos y 53 heridos, no mostraban hasta ahora una conexión directa entre el presunto autor, Omar Seddique Mateen, y grupos terroristas o extremistas, aunque este hombre llamó antes de comenzar la masacre al 911 y juró lealtad al Estado Islámico (EI).

En esa misma llamada Seddique Mateen se refirió a un suicida estadounidense que atacó en Siria en nombre de un grupo contrario al EI, de acuerdo con James Comey, director de la Oficina Federal de Investigaciones (FBI). Así que siguen buscando las verdaderas motivaciones del autor de la masacre de Orlando en un caso catalogado como “terrorismo doméstico”.

Eric Holder, el fiscal general de EE. UU., lo había advertido en 2014, cuando reactivó el Comité Ejecutivo sobre Terrorismo Doméstico (DTEC), creado tras el atentado en Oklahoma en 1995, bajo la dirección de su antecesora, Janet Reno, pero cuyo trabajo fue suspendido tras los ataques del 11 de septiembre de 2001, cuando la lucha se enfocó en la amenaza exterior.

“Debemos preocuparnos por el continuo peligro que afrontamos proveniente de individuos dentro de nuestras fronteras que encuentran motivación en una variedad de causas, desde un sentimiento antigobierno hasta el prejuicio racial”, afirmó Holder entonces. De acuerdo con el Consorcio Nacional para el Estudio del Terrorismo de la Universidad de Maryland, el 80 % de los ataques terroristas en suelo estadounidense fueron llevados a cabo por nativos. El FBI define el terrorismo doméstico como “estadounidenses atacando estadounidenses en Estados Unidos, basados en ideologías extremas”. Como Mateen, nacido en Nueva York hace 29 años de padres de origen afgano.

“Reconocemos que, en los últimos años, más personas han muerto en este país por ataques extremistas domésticos que en ataques asociados con grupos terroristas internacionales”, señaló el vicefiscal general de EE. UU., John P. Carlin. “Los extremistas violentos dentro del país pueden estar motivados por cualquier opinión sobre un amplio espectro de odio: contra el Gobierno, racismo, intolerancia, anarquía y otras creencias despreciables”, agregó Carlin. “El problema adicional es que estas personas radicalizadas tengan un acceso fácil a armas muy poderosas”, dijo el presidente Obama, quien en varias ocasiones se ha confesado “frustrado” por la inacción del Congreso para controlar las armas.

La guerra contra las armas

Debido al libre acceso a las armas en Estados Unidos —uno de los pocos países del mundo donde el derecho a portar armas está protegido por la Constitución—, una media de 92 personas al día mueren por arma de fuego. Según la campaña Brady contra la Violencia por Armas de Fuego, otras 297 personas resultan heridas al día por disparos.

Estados Unidos representa el 4,4 % de la población mundial, pero sus ciudadanos poseen el 42 % de las armas en manos civiles del mundo. Con 321 millones de habitantes, las autoridades calculan que hay unos 270 millones de armas de uso privado entre su población, lo que representa la proporción más alta del planeta.

Desde 2012, cuando ocurrió la matanza de 20 niños y seis adultos en una escuela de Connecticut, Obama ha intentado endurecer el acceso de los ciudadanos a las armas. Sin éxito en el Capitolio, de mayoría republicana y que se niega a modificar las normas sobre armas, el presidente pidió a sus asesores que revisen nuevas formas en las que podría utilizar su autoridad ejecutiva para volver más estrictas las normas sobre armas de forma unilateral, sin requerir la aprobación de los legisladores. El Congreso no ha aprobado una ley importante sobre control de armas desde la década de 1990.

Pero hoy Obama vuelve a declararse “frustrado por la ausencia de medidas legislativas de sentido común”. El argumento de los defensores de las armas, es decir, del Partido Republicano, es ridículo: entre más armas haya, se incrementa la seguridad pública... Y entre más se amplíe la tenencia de revólveres y fusiles, se fortalece la libertad emanada de la segunda enmienda, que protege el derecho de cada ciudadano a portar armas. El derecho que tuvo Mateen, que compró legalmente un rifle de asalto AR-15 y dos pistolas más. El presunto asesino también logró obtener varios cargadores de 30 balas que pueden ser disparadas en menos de un minuto.