Pinochet ¿Más flexible que Maduro?

En 1977, Felipe González, quien luego se convertiría en presidente de España, viajó a Santiago de Chile para interceder por dos presos políticos de la dictadura. Hoy, el antiguo líder socialista pretende algo similar en Venezuela.

AFP

 En agosto de 1977, Felipe González era ya una de las figuras prominentes del PSOE (Partido Socialista Obrero Español). Era opositor del primer gobierno elegido democráticamente tras la dictadura de Franco, en unas elecciones que dos meses y medio atrás habían elevado a Adolfo Suárez a la cabeza de una nueva gestión. En esa condición viajó a Chile, acompañado de tres periodistas, para permanecer tres días y visitar e intentar ayudar a un grupo de presos políticos que ya dejaban los primeros cuatro años de la dictadura de Augusto Pinochet.

El diario El País recuerda el episodio, justo por esto días en los que González ha expresado el deseo de servir de defensor de opositores venezolanos encarcelados y el presidente Nicolás Maduro ha rechazado sus intenciones tajantemente, acusando no solo al antiguo líder socialista sino a toda la institucionalidad española de conspiración y desestabilización.

Cuenta el diario español que en la visita a Chile de 1997, Felipe González tuvo libertad de movimiento, pero siempre escoltado por policías “para ayudar” en lo que hiciera falta. “El dirigente español recibió a familias de desaparecidos que buscaban ayuda para presionar a la dictadura. Sin problema alguno pudo visitar en la cárcel de Capuchinos a sus defendidos, Erich Schnake y Carlos Lazo, socialistas chilenos condenados por tribunales de guerra a largas penas de prisión bajo los cargos de sedición y traición. La ministra de Justicia y el presidente del Tribunal Supremo recibieron después a González. Tampoco hubo el menor problema para marcharse del país, una vez terminadas las gestiones que interesaban al dirigente del PSOE”.

Tras el derrocamiento del presidente constitucional de Chile, Salvador Allende y el control absoluto sobre el país que consiguió a la Junta Militar, era momento de ceder frente a las intenciones de González, con el fin de no mellar aún más la imagen radical y violenta que Santiago proyectaba a nivel internacional. Sin embargo, el viaje del dirigente español fue objeto de un serio debate en el seno del gobierno, muy tentado a su vez de no permitir la visita.

“Antes de viajar a Chile, Felipe González visitó Colombia como invitado oficial del Parlamento. Agasajado desde todos los colores políticos de ese país, el viaje a Colombia fue el de un político emergente en España al que se le ve un futuro brillante y él lo aprovechó para dejarse querer y soltar varias declaraciones de apoyo a la democracia colombiana. No era esa la situación que le esperaba en Chile, donde prefirió dejarse el perfil político en la gabardina —eludió hacer declaraciones a la prensa chilena, que se le acercaba con curiosidad— y centrarse en el aspecto profesional de la gestión, que consistía en pedir la permuta de las penas de cárcel por el extrañamiento a otro país”, reseña El País.

Schnake y Lazo, los defendidos de González –el primero, exsenador socialista y el segundo, el cerebro bancario de Allende- fueron liberados meses después de la visita, como un gesto político de un gobierno que necesitaba aire. El artículo citado cierra con una pregunta: ¿Prohibirá Nicolás Maduro lo que, a la postre, permitió Augusto Pinochet?

Lea el artículo ‘¿Prohibirá Maduro lo que autorizó Pinochet?’ en El País

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