La sentida carta con la que Mujica se despide de Fidel Castro

Llamándole leyenda y comparándolo con el Quijote, el exmandatario uruguayo lamentó la muerte del dirigente cubano este viernes en la noche.

‘Pepe’ Mujica, presidente uruguayo entre 2012 y 2015, expresó su tristeza tras enterarse la muerte de Fidel Castro a los 90 años. En una emotiva carta, Mujica se despidió del líder cubano, con quien tenía gran cercanía ideológica. El exmandatario también aprovechó la misiva para lamentarse por la pérdida de protagonismo de la izquierda latinoamericana, con su salida y la de otros presidentes del poder. (Mire aquí el especial sobre la muerte de Fidel Castro).
 
En una rueda de prensa en la que habló de la muerte de Fidel Castro, Mujica lo comparó a él y al pueblo cubano con el Quijote: “Hay en Fidel, en él, en una parte importante del pueblo cubano una estatura de Quijote. Porque le tocó vivir un largo período de su historia desafiando a la primera potencia mundial, que la tenía en frente. No es trabajo sencillo, tener coraje, capacidad y resistencia, para enfrentar ese dilema”, recogió EFE.
 
Por su parte, en la carta para Castro, Mujica recordó las luchas guerrilleras en las que los dos se vieron envueltos en la segunda mitad del siglo XX. También aprovechó para enaltecer el trabajo de Castro, que en su opinión, supera el suyo: “A vos te queda Cuba que seguirá ahí, sin analfabetismo, con el mejor sistema de salud pública, con la mejor educación del continente y yo aún aquí, en la batalla, no por la vida, sino contra el olvido, enfrascado en una lucha que no tiene sentido”.
 
El fallecimiento del líder cubano, también significa para Mujica el desvanecimiento de “la breve ilusión del continente bolivariano”, refiriéndose a la muerte del venezolano de Hugo Chávez y la salida del poder de Cristina Fernández de Kirchner (reemplazada por Mauricio Macri) y de Dilma Rouseff, por un juicio político donde se le acusó de corrupción.
 
Esta es la carta completa de Mujica:
 
Querido Fidel:
 
Recién me entero, la noticia ha sido devastadora. No dejo de imaginarte a vos, tendido en la escueta cama de madera que se convirtió en tu último refugio. Y aquí estoy, sentado en la entrada de la chacra pensando en lo que diré al mundo y cómo ocultaré esta lágrima, aunque dirán algunos publicistas que será mejor que se vea, que así se construyen las leyendas. 
 
Las leyendas no se pueden construir, vos eres una, forjada con el mismo golpe de la metralla y la bandera ondeando en el campamento, ahí en la sierra, sin importar si es selva o pampa, siempre es igual, la batalla duele en la entraña de lo que llamamos nuestra tierra, ese pedazo de geografía que podemos recorrer pero que nos recorre a nosotros. 
 
Y pienso que tuve suerte porque llegué a la silla viejo y la cara de bonachón nunca se me quitó, a pesar del encierro y la tortura; las críticas fueron menos, no tuve que enfrentar el rigor del escrutinio público al que vos hiciste frente con esa estatura de gigante con la que diste ejemplo al mundo y no fui forzado a debatirme entre patriotas y traidores, nadie me tildó de tirano. Pero esa suerte también se puede entender diferente. 
 
El mundo que yo encaré es el de las tarjetas de crédito y las vidas consumidas en una lucha para la que no hay guerrilla posible, todos me escuchan con atención, sonríen, aplauden y continúan tratando de llenar sus vacías vidas con cosas que los consumen, a plazos, pero inevitablemente. A vos te queda Cuba que seguirá ahí, sin analfabetismo, con el mejor sistema de salud pública, con la mejor educación del continente y yo aún aquí, en la batalla, no por la vida, sino contra el olvido, enfrascado en una lucha que no tiene sentido porque el Sur se convierte en más Sur cada día, los monstruos insisten en su avance y ahora nos copan por todos los flancos. 
 
La breve ilusión del continente bolivariano vuelve a desvanecerse, con la partida de Hugo, la ignominiosa salida de Dilma y de Cristina, mi confinamiento a un escaño del parlamento y la orfandad en que nos dejas, seguramente pronto el sinsentido de un mundo que no aprende de su historia nos devorará nuevamente. 
 
Las sombras nos acechan y por hoy, querido amigo, vos has partido y no tendremos, por lo menos en este ciclo, una más de esas charlas interminables que insuflaban amor y victoria, de las que yo salía rejuvenecido, sintiendo que podía enfrentar a la más temible de las gárgolas o cruzar el abismo de un solo impulso, la tristeza es inevitable. 
 
Pero ¿qué dirías vos? “Anda loco, que no es para estar tristeando ¿y qué más da? Que sólo es carne y pellejo, no te hagas al muerto vos, que la lucha sigue y es pa’lante nomás”, y yo digo a mi mente desvariando “Que él no hablaba así, no seas irreverente”, mejor pensar que habrías dicho algo más brillante, no los cuentos de este viejo loco que hace aplaudir a multitudes, pero no ha podido mover a su pueblo como tú, ¿Qué de la Oriental surja una batalla final? Difícil, no imposible… mientras tanto a vos, en esa estrella del Caribe, un guiño y un ¡Hasta la victoria… siempre!
 
El Pepe
 
Temas relacionados