Trump se modera, pero poco

En entrevista con CBS, Trump habló sobre migración: dijo que no va a deportar a los 11 millones de inmigrantes ilegales que hay en Estados Unidos, sino a 2 o 3 millones.

Desde el 8 de noviembre ha habido varias protestas en contra del presidente electo de los Estados Unidos, Donald Trump. / EFE
Desde el 8 de noviembre ha habido varias protestas en contra del presidente electo de los Estados Unidos, Donald Trump. / EFE

No hay que confiarse: el presidente electo de los Estados Unidos, Donald Trump, sigue siendo un tipo impredecible y hasta que se posesione, el 20 de enero de 2017, no hay nada concreto.

Pero ahora que es presidente electo y no candidato, el republicano les ha bajado al tono a sus declaraciones y ha matizado algunas de sus controvertidas propuestas.

Primero fueron sus palabras tras reunirse con su antecesor Barack Obama. Dijo que esperaba poder trabajar con el presidente, al que en campaña calificó como el peor en la historia de su país.

Pero no sólo eso. Tras su reunión con Obama, Trump se mostró dispuesto a mantener algunos apartes del programa de salud promovido por Obama, conocido como el Obamacare.

Así lo anunció en entrevista con el Wall Street Journal. El republicano dijo que, por respeto, iba a revisar dos de las sugerencias que le hizo el presidente Obama durante su encuentro.

Aunque, como ya es costumbre con él, a los pocos días se retractó y, en una entrevista difundida por la CBS este domingo, confirmó que iba a derogar y reemplazar el Obamacare. Pero dijo que lo hará de forma simultánea para que nadie quede sin protección.

En esa misma entrevista aclaró su posición respecto a los millones de inmigrantes ilegales en Estados Unidos. “Lo que vamos a hacer es atrapar a las personas que son criminales y tienen antecedentes criminales, miembros de pandillas, traficantes de drogas, que son muchas personas” , dijo.

Se trata, según él, de unos 2 o 3 millones. Sobre el resto de indocumentados, comentó que eran “gente estupenda” y que cuando “tengamos asegurada la frontera, veremos qué hacemos con ellos”.

Aunque la cifra de 3 millones de deportados suena de por sí escandalosa, valga recordar, por ejemplo, que durante sus ocho años de gobierno, Obama deportó casi la misma cantidad de gente.

Trump señaló a su vez, que va a pensar si designa o no a un fiscal especial para que investigue a quien fuera su rival, Hillary Clinton, por un supuesto mal manejo de sus correos electrónicos durante su paso por el Departamento de Estado. Aunque aseguró que no quiere dañarla a ella, ni a su marido, el expresidente Bill Clinton. Sobre ambos, aseguró que eran “gente buena”.

Sobre los hechos de violencia en contra de mujeres, latinos, musulmanes y negros, por parte de algunos de sus seguidores, Trump dijo que se sentía “tan triste de oír eso” y les pidió a quienes protagonizaban estos actos de odio que se detuvieran.

Respecto al perfil de quien quiere que reemplace al juez Antonin Scalia en la Corte Suprema de Justicia, aclaró que debe ser alguien en contra del aborto y a favor del porte de armas. Y frente al matrimonio igualitario comentó que no tenía “problemas con eso”.

Todo esto da la sensación de un Trump algo moderado, ahora que es presidente electo. Sin embargo, lo que el republicano hace con la mano, lo borra con el codo.

Tras la entrevista con CBS, en la que les dijo a sus opositores que “no tengan miedo” , Trump tomó una decisión que ha generado precisamente eso: miedo.

El republicano anunció el nombramiento, como asesor principal, de Steve Bannon, un agitador mediático, por no llamarlo de otra forma, cercano a la derecha alternativa (alt-right, como se le conoce en los Estados Unidos).

Bannon ha sido acusado de antisemitismo, racismo, xenofobia y homofobia. Y ese hombre va a ser el asesor principal del presidente de Estados Unidos.

Temas relacionados

 

últimas noticias