Lo que un asesinato destapó en Ferguson

Michael Brown, el joven asesinado por un policía, recibió seis balazos, dos en la cabeza, según la autopsia encargada por la familia. Crece la tensión racial en Estados Unidos.

Los disturbios en Ferguson (Misuri) por los excesos de la policía con los afroamericanos no cesan. La población sigue en la calle. / AFP

El racismo se acabó en Estados Unidos hace 50 años. Eso dice el acta de derechos civiles, firmada en julio de 1964 en ese país, y así lo señala la convivencia “correcta” que han tenido blancos y negros en los últimos años. De hecho, la llegada de Barack Obama a la Casa Blanca en 2009 era la señal máxima de que las tensiones raciales eran historia.

Sin embargo, un informe publicado cinco años después de la llegada del primer negro a la Presidencia de Estados Unidos, ponía en evidencia las grandes desigualdades sociales y económicas para negros y latinos. En 1970, la tasa de pobreza entre los negros era del 33,6%, la última medición hace dos años señala que ahora es del 35%. Las personas de raza negra, que suman 45 millones en ese país, son el grupo étnico más pobre, con menos acceso a educación, salud pública y trabajo. De acuerdo con cifras del Pew Center, los afroamericanos representan el 40% de la población presa del país y resultan más sospechosos para la policía a la hora de una detención.

Una verdad que se destapó tras el asesinato de Michael Brown a manos de un oficial blanco en Ferguson (Misuri). Según los testigos, Brown, de 18 años y desarmado, caminaba por la calle cuando un policía le disparó a pesar de haberse detenido y haber puesto sus manos en alto, como le exigió el agente. Según la policía de St. Louis, Brown fue abatido después de agredir al policía y tratar de robarle su arma. Una autopsia privada, encargada por su familia, reveló que el joven recibió “al menos seis disparos, dos de ellos en la cabeza”.

Según el informe preliminar, realizado por  Michael M. Baden, exresponsable forense de la ciudad de Nueva York, “los disparos no se produjeron a corta distancia y no había evidencia de lucha en el cuerpo de Brown, como indica la versión policial”.

La comunidad de Ferguson acusa a la policía de actuar frecuentemente por motivos racistas. En esta ciudad de 20.000 habitantes, 14.000 son de origen afroamericano. Según un informe del fiscal general de Misuri sobre la actividad de 2013, la policía de Ferguson paró y arrestó a conductores negros casi el doble de veces que a blancos. Los afroamericanos representan el 67% de la población de Ferguson, pero solo el 5,7% de la fuerza policial (tres de los 53 agentes son negros). En localidades de similar tamaño, el promedio de policías blancos es del 87,5%, según el Departamento de Justicia.

Este asesinato ha generado las protestas más fuertes en el país desde los violentos disturbios raciales de los años 60. Según la cadena CNN y otros medios locales, la policía antimotines de Saint Louis ha excedido su acción contra los manifestantes. La policía recurrió al uso de granadas ensordecedoras, armas pesadas, emplearon francotiradores y vehículos blindados para dispersar a los manifestantes. Otra verdad incómoda que abrió otro debate: el uso excesivo de la fuerza policial contra los afroamericanos.

Un hecho que se ha hecho visible a nivel internacional. Un informe de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) presentado el mes pasado señaló que “en la práctica, la discriminación sigue afectando buena parte de las actividades en Estados Unidos”.

“La violencia policial en los barrios urbanos pobres donde viven las minorías es casi omnipresente, pero los disturbios son inusuales. Sólo explotan cuando el resto de vías para buscar justicia están bloqueadas, cuando los residentes se sienten impotentes”, explicó a EFE Cathy Schneider, autora del libro Police power and race riots: Urban unrest in Paris and New York y profesora de American University en Washington.

Esa frustración que menciona la académica es la que mantiene a los manifestantes en las calles de Ferguson. La situación se vislumbra cada vez más difícil, por lo que el gobernador del Estado, Jay Nixon, movilizó a la Guardia Nacional para hacer frente a los disturbios raciales.

El presidente Barack Obama llamó a la calma, recordando que el FBI realiza investigación, paralela a la de la policía, para esclarecer el caso. Algo que muchos consideran insuficiente, pero que es fruto de la experiencia. La relación del presidente con las tensiones raciales ha sido delicada desde el inicio de su presidencia, cuando un incidente le demostró que su condición de primer mandatario negro lo exponía a ser acusado de provocación racial. Meses después de llegar al poder, Obama sentenció que la policía de Cambridge “actuó de forma estúpida” cuando arrestó a un profesor negro de Harvard; una declaración por la que tuvo que disculparse cuando surgieron más detalles del caso.

El presidente les ha pedido a los negros no caer en el “victimismo” y ha dicho que se deben crear más oportunidades para acabar con la desigualdad. Pero las estadísticas y hechos como el de Brown demuestran que falta mucho para hacer realidad la famosa frase “no hay una América blanca y una negra, somos un solo país”.

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